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La comparecencia de Alberto Núñez Feijóo en la comisión de investigación sobre la gestión de la DANA en Valencia terminó convirtiéndose en uno de los episodios parlamentarios más tensos y caóticos de los últimos meses. Lo que debía ser una sesión centrada en esclarecer responsabilidades políticas por una de las mayores tragedias climáticas recientes en España derivó en un cruce de reproches, alusiones al terrorismo de ETA, acusaciones de mentiras y una presidenta de la comisión obligada a intervenir repetidamente para frenar el desvío del debate.

El protagonista inesperado fue Jon Iñarritu Matute, diputado de EH Bildu, que logró arrinconar dialécticamente al líder del Partido Popular con una intervención larga, incisiva y llena de datos concretos. Feijóo, visiblemente incómodo, optó por una estrategia defensiva que incluyó sacar a relucir a Bildu, a Arnaldo Otegi y a ETA, en un intento de desplazar el foco del debate. Sin embargo, esa maniobra no solo no le funcionó, sino que provocó la reacción inmediata de la presidenta de la comisión, que le llamó al orden en varias ocasiones.

Lo que se vivió en la sala no fue solo un enfrentamiento político más, sino una radiografía perfecta del clima de crispación que domina actualmente la política española.


Una promesa que vuelve como bumerán

Matute abrió su intervención recordando unas palabras pronunciadas por Feijóo en un mitin en Madrid:

“Si miento, echadme del partido. Empeño mi palabra en que jamás voy a engañar a los españoles. Jamás.”

A partir de ahí, construyó toda su estrategia discursiva. No se trataba de una pregunta retórica, sino de una trampa política perfectamente calculada: si Feijóo había prometido no mentir nunca, ¿cómo se explican entonces las contradicciones entre lo que dijo públicamente y lo que declaró ante la jueza en relación con la DANA?

El punto clave fue el famoso concepto de la “información en tiempo real”. Durante meses, Feijóo sostuvo ante la opinión pública que había estado informado en tiempo real de la evolución de la catástrofe. Sin embargo, ante la jueza reconoció que esa información no era exactamente en tiempo real, sino puntual.

Matute fue directo:

“Si usted ya ha mentido, si dijo que estaba informado en tiempo real y a la jueza le dijo que no, ¿cuánto tiempo piensa esperar para dimitir?”

La pregunta quedó flotando en el aire sin una respuesta clara. Feijóo no negó la contradicción, pero tampoco asumió ninguna responsabilidad política.


El comodín de ETA

Acorralado por los datos, Feijóo recurrió a una estrategia que se ha vuelto habitual en la derecha española: mencionar a ETA y vincular a Bildu con el terrorismo.

En un momento especialmente tenso, Feijóo lanzó:

“Escucharle a usted hablar de muertos y de delitos, cuando ustedes respaldan una organización terrorista con más de 800 muertos…”

El efecto fue inmediato. Murmullo en la sala, protestas de varios diputados y, finalmente, la intervención de la presidenta:

“Señor Feijóo, le ruego que se centre en la comisión de investigación de la DANA. Usted ha venido aquí a dirimir responsabilidades políticas sobre la gestión de la DANA.”

Lejos de amedrentarse, Matute respondió con ironía:

“Si yo tuviera información sobre los asesinatos de ETA pendientes, el problema sería que la justicia es negligente por permitir que alguien como yo no tenga antecedentes penales. Algo que en su partido no es tan excepcional.”

La frase fue una de las más aplaudidas en redes sociales tras la sesión.


La presidenta pierde la paciencia

A medida que avanzaba la comparecencia, Feijóo insistía en salirse del tema, mientras la presidenta tenía que intervenir una y otra vez.

“Señor Feijóo, si no quiere contestar, está en su derecho, pero no se desvíe continuamente del tema.”

En un momento especialmente tenso, la presidenta llegó incluso a advertirle:

“No me gustaría tener que llamarle al orden de nuevo.”

Algo poco habitual tratándose del líder de la oposición. La escena reflejaba claramente que Feijóo estaba perdiendo el control del debate y optando por una huida hacia adelante.


Los WhatsApps que lo complican todo

Uno de los bloques más demoledores de la intervención de Matute fue el relacionado con los 23 mensajes de WhatsApp intercambiados entre Feijóo y Carlos Mazón la noche de la tragedia.

Según los datos aportados, los mensajes se enviaron entre las 19:59 y las 23:29, un periodo crítico en el que ya se conocía la gravedad de la situación.

En uno de ellos, Feijóo le dice a Mazón:

“Ánimo, lidera informativamente como hiciste con el incendio.”

Pero el mensaje más delicado fue el de las 21:45, cuando Mazón le escribe:

“Nos llegan decenas de desaparecidos y no puedo confirmarlos.”

Matute fue contundente:

“Si usted sabía desde casi el minuto uno la magnitud de la tragedia, ¿por qué durante meses dijo que el Gobierno les había dejado solos, desasistidos y abandonados?”

La contradicción es evidente: los propios mensajes prueban que existía comunicación constante y que el Gobierno central había activado recursos, incluida la UME.


Mazón, los muertos y las versiones

Pressure mounts on Mazón, who maintains, for now, the support of Feijóo and Vox

Otro punto especialmente sensible fue el de las declaraciones públicas de Carlos Mazón sobre los fallecidos.

Matute recordó que Mazón afirmó ante la comisión que no supo que había muertos hasta las cinco de la mañana. Sin embargo, en una comparecencia pública desde el CECOPI a las 00:35 ya decía:

“Podemos confirmar que hay cuerpos sin vida.”

La conclusión de Matute fue demoledora:

“Esto demuestra que el señor Mazón mintió a esta cámara. Probablemente incurriendo en algún tipo de delito o ilícito.”

La pregunta era clara: ¿piensa Feijóo hacer algo como presidente del Partido Popular o va a mirar para otro lado?

La respuesta fue, de nuevo, evasiva. Feijóo se limitó a defender a Mazón y a insistir en que él no iba a “blanquear a Bildu”, lo que provocó otro correctivo de la presidenta.


La visita a Castilla-La Mancha

Uno de los momentos más surrealistas fue cuando Matute cuestionó por qué Feijóo decidió viajar a Castilla-La Mancha al día siguiente de la tragedia, alegando que Emiliano García-Page estaba “más preocupado”, cuando la dimensión de la catástrofe en Valencia era infinitamente mayor.

Con los WhatsApps sobre la mesa, esa explicación pierde credibilidad.

Matute lo resumió así:

“A usted los WhatsApps le han pasado por encima, señor Feijóo. Porque ahora sabemos que usted tenía perfectamente dimensionada la gravedad de lo que ocurría en Valencia.”

Feijóo, lejos de admitir el error, respondió atacando al Gobierno por no haber ido a otros territorios, desviando de nuevo la atención.


El momento más duro: “Siga sin querer ser presidente”

La intervención final de Matute fue una de las más duras que se recuerdan contra un líder de la oposición.

Tras desmontar uno a uno los argumentos de Feijóo, concluyó:

“Hágase un favor, háganoslo a todos y siga sin querer ser presidente del Gobierno.”

La frase, pronunciada con tono frío y sin exaltación, fue interpretada como una humillación política en toda regla.

Feijóo respondió con una sonrisa forzada, pero el daño ya estaba hecho.


Un balance devastador para Feijóo

La comparecencia dejó varias conclusiones claras:

Feijóo no logró controlar el relato. Cada vez que intentaba desviar el debate, la presidenta lo frenaba.

Los WhatsApps contradicen su discurso público. La idea de que estuvo “desinformado” no se sostiene.

El recurso a ETA resultó contraproducente. Lejos de debilitar a Matute, lo fortaleció.

La defensa de Mazón fue total. Sin matices, sin autocrítica, sin asumir errores.

La imagen de líder moderado quedó dañada. Feijóo apareció nervioso, a la defensiva y sin respuestas claras.


Más allá de la DANA: una crisis de credibilidad

Lo ocurrido en la comisión no es solo un episodio aislado. Refleja un problema más profundo: la dificultad de Feijóo para sostener un discurso coherente cuando se enfrenta a datos concretos y documentación.

Su estrategia de oposición basada en grandes titulares, acusaciones genéricas y apelaciones emocionales funciona en los mítines, pero se desmorona en escenarios institucionales donde cada palabra queda registrada.

La comisión de la DANA, que debía servir para esclarecer responsabilidades, terminó convirtiéndose en un juicio político al líder del PP.

Y aunque Feijóo no dimitirá por esta comparecencia, la frase con la que Matute abrió su intervención seguirá persiguiéndolo:

“Si miento, echadme del partido.”

Porque, a partir de ahora, cada contradicción, cada rectificación y cada matiz será leído bajo esa promesa. Y en política, pocas cosas pesan más que una palabra empeñada que ya no convence a nadie.