A YouTube thumbnail with maxres quality

Cuando la verdad se convierte en una amenaza

España no asistía a una sacudida política de esta magnitud desde hacía años. No por una simple declaración. No por una rueda de prensa. No por un titular filtrado a última hora.

Lo que ha estallado esta semana es algo mucho más peligroso:
una cadena de contradicciones, mensajes privados, estrategias de encubrimiento y una guerra soterrada dentro del propio poder.

Y en el centro de la tormenta aparece un nombre que hasta ahora parecía intocable:
Alberto Núñez Feijóo.

Lo que debía ser una declaración técnica ante una jueza por la DANA de Valencia se ha transformado en un terremoto político, judicial y mediático. Un terremoto que ha dejado al descubierto algo que muchos sospechaban y pocos podían probar:
que el relato oficial del Partido Popular sobre la catástrofe se construyó sobre una mentira.

Y peor aún:
que su líder lo sabía.


Los mensajes que lo cambian todo

Durante meses, Carlos Mazón, president de la Generalitat Valenciana, sostuvo una versión clara:
no supo que había víctimas mortales hasta la madrugada siguiente a la riada.

Una versión que repetía una y otra vez ante comisiones, medios y opinión pública.

Pero los mensajes entregados por el propio Feijóo a la jueza de Catarroja dicen otra cosa.

A las 23:30 de la noche del 29, Mazón ya hablaba con Feijóo de muertos.
Horas antes de lo que declaró oficialmente.
Horas antes de lo que dijo en el Congreso.

Y Feijóo lo sabía.

Sin embargo, públicamente, Feijóo aseguró que Mazón le informaba “en tiempo real” desde el lunes, un día antes de la DANA.
Una afirmación que no cuadra ni con los mensajes ni con su propia declaración judicial.

Dos versiones.
Dos relatos incompatibles.
Una sola realidad.


La estrategia del “control del relato”

Uno de los mensajes más reveladores no habla de víctimas, ni de rescates, ni de emergencia. Habla de otra cosa:

“Lo prioritario es la comunicación”.

No salvar vidas.
No coordinar recursos.
No reforzar el mando.

Controlar el relato.

Ese mensaje se ha convertido en la prueba de cargo moral que persigue ahora al Partido Popular.

Mientras cientos de personas luchaban por sobrevivir, en la cúpula del poder se discutía cómo debía contarse lo que estaba pasando.

Y cuando se descubrió que la gestión había sido caótica, negligente y posiblemente criminal, comenzó la segunda fase:
la mentira organizada.


Feijóo ante la jueza: nervios, contradicciones y un despacho como escudo

Feijóo exige la dimisión de Sánchez: "Está rodeado de corrupción, es  imposible que todo sucediese sin su conocimiento" | España

Feijóo declaró por videoconferencia desde su despacho del Congreso.
Las acusaciones querían verlo en persona.
No lo lograron.

Durante cinco horas, el líder del PP respondió preguntas. Media hora con la jueza. Casi cuatro horas con las acusaciones.

Y ahí empezó a resquebrajarse todo.

Feijóo dijo que empezó a hablar con Mazón a las 8 de la tarde del día de la riada.
Pero días antes había asegurado que lo hacía “en tiempo real” desde el lunes.

Feijóo dijo que el Gobierno no proporcionó información.
Pero la UME estaba desplegada desde primera hora.

Feijóo defendió a Mazón.
Pero los mensajes lo incriminan.

El problema ya no es solo lo que dijo.
Es lo que dejó de poder sostener.


Mentir a las víctimas

230 personas murieron.
Familias enteras buscaron a sus desaparecidos.
Cadáveres se levantaban mientras los políticos debatían quién debía asumir la culpa.

Y en ese contexto, Feijóo mintió.

No por error.
No por confusión.
Sino para proteger a un presidente autonómico de su partido.

Eso es lo que más ha indignado incluso a quienes nunca votaron a la izquierda.

Porque en España se puede perdonar una mala gestión.
Pero no una mentira construida sobre los muertos.


El miedo del PP: la justicia

Aquí entra en escena el periodista Ernesto Ekaizer.

Ekaizer ha destapado algo todavía más inquietante:
una filtración desde las cloacas del Estado hacia el Partido Popular.

Una operación diseñada para fabricar una denuncia judicial contra Pedro Sánchez.
Una ofensiva para tumbar al Gobierno no en las urnas, sino en los tribunales.

Feijóo ya no apuesta a ganar elecciones.
Apuesta a que los jueces hagan el trabajo.

Y esa apuesta es la más peligrosa de todas.


La obsesión con Zapatero

La Moncloa cierra el contrato de 35.000 euros para el retrato de Zapatero |  Famosos

Como parte de esa estrategia, Feijóo ha empezado a señalar a José Luis Rodríguez Zapatero como el gran villano en la sombra.

Ha insinuado que se enriqueció con Venezuela.
Ha anunciado que podría ser imputado en 2026.
Ha construido un relato casi conspirativo donde Zapatero maneja a Sánchez desde la sombra.

¿De dónde salen esas informaciones?

Nadie lo sabe.

UDEF.
UCO.
Medios financiados desde el extranjero.

O simples filtraciones interesadas.

Lo que sí está claro es que Feijóo está cruzando una línea histórica:
romper la neutralidad institucional con los expresidentes del Gobierno.


Cuando la política se convierte en guerra judicial

La apuesta es clara:
si no puedes ganar en las urnas, destruye al rival en los tribunales.

Eso explica por qué el PP ha tolerado, protegido y cubierto a Mazón durante meses.
Por qué no lo destituyeron.
Por qué esperaron que el tiempo borrara la sangre.

No contaban con una jueza.
No contaban con los mensajes.
No contaban con la verdad.


La Comisión del 27 de enero

El Congreso ha citado a Feijóo para el 27 de enero.

Esta vez no podrá esconderse detrás de una pantalla.

Tendrá que explicar:

Qué sabía.

Cuándo lo sabía.

Por qué mintió.

Y lo hará ante las víctimas.

Porque esta historia ya no es política.
Es moral.


El futuro de Feijóo pende de un hilo

Feijóo construyó su liderazgo sobre una imagen de moderación y fiabilidad.

Ahora esa imagen se ha roto.

Ya no es solo el líder de la oposición.
Es el hombre que supo que había muertos y prefirió proteger un relato.

Eso no lo borra ningún comunicado.
Ni ninguna encuesta.
Ni ninguna filtración.

La DANA ha dejado un agujero negro en Valencia.
Pero también ha abierto uno en la política española.

Y en el centro de ese abismo, ahora, está Feijóo.