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Una operación que solo podía ejecutar Estados Unidos

La madrugada del 2 de enero, mientras el mundo dormía, Estados Unidos puso en marcha una operación militar de una magnitud tan extraordinaria que, según palabras del propio General Dan Caine, “solo las Fuerzas Armadas de Estados Unidos podían llevarla a cabo”.

Su nombre: Operación Resolución Absoluta.

Discreta.
Precisa.
Letal en su eficacia.

Una misión diseñada durante meses de planificación, ensayos y coordinación interagencial, ejecutada en la franja horaria más oscura de la noche y destinada a un único objetivo: capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, ambos formalmente imputados, en pleno centro de Caracas.

Meses de preparación silenciosa

Nada fue improvisado.

Durante meses, agencias de inteligencia estadounidenses —CIA, NSA, NGA, entre otras— siguieron cada movimiento del líder venezolano:

dónde vivía

cómo se desplazaba

qué comía

qué vestía

incluso detalles aparentemente triviales, como sus mascotas

El objetivo no era solo localizarlo, sino entender su patrón de vida para elegir el momento exacto en el que el riesgo para civiles fuera mínimo y el factor sorpresa, máximo.

La operación se apoyó en décadas de experiencia acumulada en misiones antiterroristas, pero elevadas a una escala sin precedentes.

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Una fuerza conjunta como nunca antes

A diferencia de operaciones anteriores lideradas casi exclusivamente por fuerzas especiales, Resolución Absoluta movilizó la totalidad del poder militar estadounidense:

Ejército

Armada

Fuerza Aérea

Marines

Guardia Nacional

Fuerzas Espaciales

Agencias de inteligencia

Equipos de aplicación de la ley

Soldados, marineros, aviadores, marines y “guardians” operaron como una sola entidad, en una integración tan compleja que, según Caine, “la palabra integración no alcanza a describirlo”.

150 aeronaves, un solo propósito

El dato estremece incluso a analistas militares veteranos:

👉 Más de 150 aeronaves en el aire simultáneamente.
👉 Despegues desde 20 bases distintas, terrestres y marítimas, a lo largo de todo el hemisferio occidental.

Entre ellas:

F-22

F-35

F-18

EA-18

Bombarderos B-1

Aviones de inteligencia y vigilancia

Helicópteros

Drones de última generación

Todo sincronizado para converger en tiempo y espacio sobre un único punto: Caracas.

El factor clima: esperar sin fallar

Uno de los mayores riesgos era el clima venezolano.

Durante semanas, entre Navidad y Año Nuevo, las tropas permanecieron en máxima alerta, listas para despegar en cualquier momento, esperando que las condiciones meteorológicas permitieran una entrada segura.

El 2 de enero, la ventana se abrió.

Una apertura mínima.
Suficiente.

A las 22:46 (hora del Este), el presidente de Estados Unidos dio la orden definitiva:

“Good luck and Godspeed.”

Esas palabras recorrieron toda la cadena de mando.

La operación estaba en marcha.

Vuelo rasante hacia territorio hostil

Los helicópteros con la fuerza de extracción despegaron y volaron a solo 100 pies sobre el agua, rumbo a Venezuela.

A medida que se aproximaban a la costa:

SpaceCom

CyberCom

y otras agencias

comenzaron a “preparar el cielo”, neutralizando amenazas, cegando sistemas y abriendo un corredor invisible para la entrada de la fuerza principal.

Sobre ellos, un escudo aéreo impenetrable.

Desmantelando las defensas venezolanas

Cuando la formación se acercó a Caracas, el componente aéreo conjunto inició la neutralización sistemática de los sistemas de defensa antiaérea.

No se trataba de una demostración de fuerza, sino de una necesidad operativa:

proteger los helicópteros

garantizar la seguridad de la fuerza terrestre

asegurar la extracción

Cada sistema desactivado reducía el margen de error a cero.

El momento clave: sorpresa total

Al cruzar el último punto de terreno elevado que había ocultado su avance, los comandantes confirmaron algo crítico:

👉 El elemento sorpresa seguía intacto.

A las 02:01 de la madrugada (hora local de Caracas), los helicópteros llegaron al complejo donde se encontraba Maduro.

La fuerza de aprehensión descendió con velocidad, disciplina y precisión quirúrgica.

El área fue aislada.
El perímetro, asegurado.

Fuego real y riesgo máximo

Durante la operación:

los helicópteros recibieron fuego enemigo

respondieron en legítima defensa

una aeronave fue impactada, pero siguió siendo operativa

No hubo bajas estadounidenses.

Un detalle que, en una misión de este calibre, es casi tan significativo como el éxito mismo.

La captura

Con apoyo constante de inteligencia en tiempo real, los equipos avanzaron dentro del complejo.

Finalmente, Nicolás Maduro y su esposa, ambos imputados, se rindieron.

Fueron puestos bajo custodia del Departamento de Justicia, con apoyo directo del Ejército estadounidense.

Sin ejecuciones.
Sin caos.
Sin errores.

La extracción: el tramo más peligroso

Capturar era solo la mitad del trabajo.

La retirada implicaba:

múltiples enfrentamientos defensivos

cobertura aérea constante

fuego de supresión

drones vigilando cada movimiento

Los helicópteros regresaron, la fuerza embarcó y comenzó la salida de Venezuela bajo presión.

A las 03:29 (hora del Este), la operación había cruzado nuevamente aguas internacionales.

Objetivo cumplido.

Destino final: USS Uima

Maduro y su esposa fueron trasladados a bordo del USS Uima, marcando el cierre simbólico de una operación que redefine los límites del poder militar estadounidense.

Una señal al mundo

Más allá de la captura, Resolución Absoluta envía un mensaje inequívoco:

👉 Estados Unidos mantiene una capacidad de proyección global sin equivalente.
👉 Puede coordinar fuerzas aéreas, terrestres, marítimas, espaciales y cibernéticas en una sola acción.
👉 Y puede hacerlo sin previo aviso, con precisión milimétrica y sin pérdidas propias.

El legado de la operación

El General Dan Caine fue claro al cerrar su explicación:

“Siempre existe la posibilidad de que tengamos que volver a hacer una misión como esta.”

Una advertencia.

Porque Resolución Absoluta no es solo una operación.
Es un precedente.

La noche que redefinió el concepto de poder

Mientras muchos ejércitos hablan de disuasión, Estados Unidos la ejecuta.

En una sola noche:

150 aeronaves

miles de horas de experiencia

décadas de doctrina militar

se alinearon para un único propósito.

Y lo lograron.

Sin discursos grandilocuentes.
Sin celebraciones públicas.
Sin errores.

Solo una operación absoluta.