
I. Adamuz no solo fue una tragedia: fue un campo de batalla
Cuando el tren Alvia se convirtió en un amasijo de hierro en Adamuz, Córdoba, España entera entró en estado de shock.
Muertos, heridos, familias rotas, hospitales saturados, equipos de rescate trabajando de madrugada.
Pero casi al mismo tiempo que los servicios de emergencia llegaban al lugar del siniestro, otro dispositivo se puso en marcha:
la máquina de la desinformación política.
Porque hoy, en España, ninguna tragedia queda a salvo de ser utilizada como arma.
Y lo ocurrido tras el accidente de Adamuz lo demuestra de forma brutal.
II. El patrón: primero el miedo, luego la acusación
El manual es siempre el mismo:
Ocurre una tragedia.
Antes de que exista una investigación, aparecen “hipótesis”.
Esas hipótesis se convierten en “culpas”.
Las culpas se dirigen siempre al mismo sitio: el Gobierno.
Esta vez, el proceso fue aún más rápido.
En menos de 24 horas, se había instalado en determinados platós y medios un relato cerrado:
la culpa era de la infraestructura, del abandono, de Pedro Sánchez y de Óscar Puente.
Sin pruebas.
Sin informes técnicos.
Sin una sola conclusión oficial.
Pero ya había sentencia.
III. Telemadrid y la tertulia del absurdo
Uno de los escenarios más grotescos de esta ofensiva fue Telemadrid.
Una mesa “plural”, como se la presentó, con María Jamardo, Teresa Gómez y Mariló Montero.
Una tertulia que no pretendía analizar, sino confirmar un prejuicio.
María Jamardo llegó a afirmar que Pedro Sánchez “tiene la cabeza de cristal” y que “se delata” cuando pide que se confíe solo en fuentes oficiales.
Traducido al lenguaje real:
Si el Gobierno pide esperar a los datos, es porque miente.
La lógica era circular y delirante.
No había investigación → eso demostraba que ocultaban algo.
Había llamamiento a la calma → eso demostraba mala fe.
Un sistema perfecto para que cualquier cosa confirme el relato.
IV. Vicente Vallés entra en escena

Pero el momento clave llegó cuando Vicente Vallés, desde Antena 3, introdujo un elemento explosivo:
una supuesta rotura en una soldadura de la vía en el kilómetro 318,7.
La información procedía de El Mundo.
Y rápidamente se presentó como “la prueba” de que la culpa era de la infraestructura.
La insinuación era clara:
el Gobierno sabía que la vía estaba mal y no hizo nada.
Lo que no se dijo con la misma contundencia es que:
No se sabía si esa rotura era causa o consecuencia.
No había informe de la Comisión de Investigación.
El tren que descarriló aún no había sido examinado.
Pero eso no encajaba con el guion.
V. Óscar Puente desmonta el relato

Aquí es donde entra Óscar Puente.
El ministro de Transportes hizo algo que rompió la narrativa: explicó técnicamente lo que se sabía y, sobre todo, lo que no se sabía.
Explicó algo elemental en ingeniería ferroviaria:
Si una vía se rompe por un impacto, también aparece una rotura.
La pregunta no es si hay una rotura, sino qué ocurrió primero.
Además, recordó un dato clave que destruye el bulo:
Si un carril se rompe antes del paso del tren, el sistema eléctrico de la vía lo detecta y detiene automáticamente el convoy.
Y ese aviso no existió.
Es decir: si hubiera habido una rotura previa, el tren no habría seguido circulando.
Eso, en términos técnicos, dinamita el argumento de Telemadrid y Vallés.
VI. Los maquinistas y la manipulación
Otro bulo recurrente fue que los maquinistas habían advertido de vibraciones peligrosas.
Vito Quiles y otros agitadores lo difundieron como prueba de negligencia.
Pero el sindicato de maquinistas (SEMAF) lo desmintió públicamente:
aquella nota hablaba de confort, no de seguridad, y no tenía relación con el accidente.
Aun así, el bulo siguió circulando.
Porque la verdad no era el objetivo.
El objetivo era crear una sensación de colapso.
VII. El bulo Marruecos: la mentira perfecta
La joya de la corona llegó con Vito Quiles y Javier Negre.
Afirmaron que el Gobierno había regalado 247 millones de euros a Marruecos para su red ferroviaria mientras abandonaba España.
La realidad, explicada por El País, es otra:
Se trata de créditos internacionales que Marruecos debe devolver, condicionados además a contratar empresas españolas.
Es una práctica habitual en países desarrollados.
Pero el bulo era perfecto:
Marruecos + trenes + abandono de España = indignación inmediata.
VIII. Isabel Rábago y la indecencia

Isabel Rábago publicó un tuit acusando a Óscar Puente de preocuparse por “chorradas” mientras había heridos… cuando ya había muertos.
Luego lo borró.
Pero el daño ya estaba hecho.
En medio de un duelo nacional, se estaba usando el cadáver político del accidente para hacer campaña.
IX. El verdadero debate: redes, bulos y periodismo
La discusión en el plató fue reveladora.
¿Hay que hablar de los bulos o ignorarlos?
La experiencia internacional ya ha dado la respuesta:
ignorar la desinformación no funciona.
Brexit.
Trump.
Colombia.
Cuando los medios no entran en ese terreno, otros lo ocupan.
X. Lo que realmente estaba en juego
No se trataba solo de Adamuz.
Se trataba de una batalla mayor:
¿Quién controla el relato cuando ocurre una tragedia?
¿El Estado, con datos y tiempos de investigación?
¿O el ecosistema del bulo, con titulares y tuits?
Óscar Puente no solo defendió la actuación del Gobierno.
Defendió algo mucho más frágil: la idea de que la verdad importa.
Telemadrid, Vicente Vallés y el entorno de Ayuso intentaron convertir una tragedia humana en una sentencia política.
Pero esta vez, la mentira chocó contra los datos.
Y por una vez, el bulo quedó al descubierto.
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