
ÓSCAR PUENTE Y LA RUEDA DE PRENSA QUE DEJÓ A ESPAÑA SIN ALIENTO
Aquella tarde, Madrid no solo estaba caliente por el clima. Estaba ardiendo políticamente.
En la sala de prensa del Ministerio de Transportes, Óscar Puente apareció con gráficos, documentos técnicos y una determinación poco habitual. No para pedir disculpas. No para esquivar preguntas. Sino para ir al choque.
Al otro lado estaba Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición, que apenas unas horas antes había comparecido para lanzar una batería de acusaciones contra el Gobierno por el accidente ferroviario de Adamuz.
Pero esa tarde, el relato cambió.
Puente no se defendió.
Puente contraatacó.

“VOY A RESPONDER UNA POR UNA”
Antes de dar paso a los periodistas, Puente rompió el protocolo:
“Me gustaría responder una por una a las cuestiones que ha formulado el jefe de la oposición esta mañana. Muchas de ellas se apoyan en bulos difundidos por algunos medios de comunicación”.
Era el inicio de una auténtica demolición política, técnica y mediática.
BULO Nº1: “ADIF PERDIÓ EL RASTRO DEL ALVIA”
Feijóo había insinuado que el centro de control de ADIF perdió de vista al tren antes del descarrilamiento.
Puente fue tajante:
“Eso no es posible”.
Explicó que el sistema ferroviario se basa en circuitos eléctricos que recorren los carriles. Mientras un tren ocupa un tramo, su presencia aparece reflejada en los paneles del centro de control.
Incluso si el maquinista no hubiera llamado, ADIF habría visto que el tren estaba detenido. Y de hecho, así fue: el centro llamó al tren cuando detectó la parada.
No hubo pérdida de señal.
Hubo manipulación del relato.
BULO Nº2: “EL CARRIL ESTABA ROTO Y NADIE LO VIO”
Feijóo sugirió que la vía estaba dañada previamente.
Puente lo desmontó con física básica:
Cuando un carril se rompe, la corriente eléctrica se interrumpe. Eso activa automáticamente los sistemas de seguridad y detiene el tráfico.
Como eso no ocurrió, solo cabe una posibilidad: si existió una fisura, fue mínima, tan pequeña que permitía que la electricidad siguiera fluyendo.
El gran hueco visible apareció tras el descarrilamiento, no antes.
BULO Nº3: “LOS SENSORES YA AVISARON”
Puente mostró las gráficas.
Sí, los sensores detectaron pequeñas anomalías, pero no superaron los umbrales de alarma. No había motivo técnico para activar protocolos de emergencia.
Esos datos solo pueden analizarse a posteriori, no como aviso previo.
BULO Nº4: “EL TRAMO DE ADAMUZ ERA PELIGROSO”
Feijóo habló de decenas de advertencias.
La realidad:
Solo hubo cuatro avisos en cuatro meses, una cifra completamente normal en una red de alta velocidad.
Y ninguno relacionado con rotura de carril.
Si la vía falló, fue en los minutos u horas inmediatamente anteriores al paso del tren.
EL MURO DE BARCELONA: DATOS CONTRA INSINUACIONES
También se cuestionó la caída de un muro en la AP-7.
Puente leyó el informe oficial:
La infraestructura pertenece a la Dirección General de Carreteras
Fue inspeccionada en 2023, 2024 y febrero de 2025
No se detectó ningún riesgo estructural
No hubo abandono ni negligencia demostrada.
CUANDO LA POLÍTICA CHOCA CON LA TECNOLOGÍA
Puente lanzó un dardo letal:
“El sistema de ADIF es el mismo que en Alemania, Francia o Italia, regulado por la Agencia Ferroviaria Europea”.
Acusar a ADIF de incompetencia es cuestionar todo el sistema ferroviario europeo.
LOS MAQUINISTAS: IMPORTANTES, PERO NO DECISIVOS
Puente aclaró:
Los maquinistas son ojos y oídos, pero las decisiones de velocidad se basan en protocolos técnicos, máquinas de auscultación y análisis objetivos.
No en percepciones subjetivas.
EL CHOQUE CON LOS MEDIOS
El ministro fue directo:
“Algunos medios están difundiendo bulos”.
Pocas veces un ministro señala así al sistema mediático.
ADAMUZ Y LA GUERRA POLÍTICA
La tragedia fue real.
Pero la instrumentalización política también.
Feijóo apostó por la sospecha.
Puente por los datos.
Y los datos hablaron.
Aquella rueda de prensa no fue una defensa.
Fue una ejecución política basada en hechos.
Puente no ganó por ser ministro.
Ganó porque tenía los números, los protocolos y el sistema de su lado.
Para Feijóo, fue un auténtico finiquito.
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