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Lo que se vivió en la comisión parlamentaria sobre el accidente de Adamuz no fue un simple debate político: fue un ajuste de cuentas en directo.

Óscar Puente, ministro de Transportes, compareció ante un hemiciclo convertido en campo de batalla, con el Partido Popular y Vox decididos a exigir su dimisión, y terminó protagonizando una de las intervenciones más demoledoras de la legislatura.

Desde el primer minuto, Puente dejó claro que no estaba dispuesto a aceptar lo que calificó como una campaña de bulos de barra de bar, elevada artificialmente a categoría de escándalo nacional.

“La verdad ha brillado por su ausencia”, afirmó, acusando a PP y Vox de llegar con las conclusiones ya escritas, con culpables prefabricados y con un relato diseñado para el desgaste político, no para esclarecer los hechos.

El espejo incómodo del pasado

Óscar Puente afirma que el descarrilamiento de Adamuz es "difícil de  explicar": "Es muy extraño"

Uno de los golpes más duros fue el recordatorio histórico. Puente sacó a relucir el precedente más incómodo para el PP: el gran accidente ferroviario con decenas de muertos ocurrido cuando ellos gobernaban.

“No hace falta imaginar qué habrían hecho ustedes. Ya lo vimos”, sentenció. Y añadió que entonces la propia ministra popular reconoció que el siniestro se habría podido evitar con una simple mejora de seguridad.

La comparación fue letal: hoy exigen dimisiones inmediatas, pero ayer rechazaban comisiones de investigación, alegaban que no había que crear alarma social y se escudaban en informes técnicos para eludir responsabilidades políticas.

El festival de los bulos

Puente pasó después al desmontaje sistemático de las fake news.

Primero, el supuesto despido de maquinistas. “Renfe no ha amenazado a nadie. Es mentira, y los propios sindicatos lo han desmentido”, explicó, acusando a la oposición de preferir creer a “sus confidenciales de cabecera” antes que a los trabajadores reales.

Segundo, el gran bulo europeo: los famosos 111 millones de euros de la UE. Según PP y Vox, Bruselas habría advertido de que la red española estaba obsoleta y había enviado fondos por ese motivo.

Puente fue tajante: “Mentira. Patraña. La Comisión Europea no da dinero sin que se lo pidan”. Explicó con detalle que fue el propio Gobierno español quien solicitó la financiación para renovar infraestructuras, y que la Comisión simplemente aprobó la petición.

“¿De verdad creen que Europa viene un día, ve las vías y dice: toma, 111 millones porque sí?”, ironizó. “Nosotros pedimos el dinero porque sabíamos que había que renovar una red construida en 1992. Eso no es una advertencia, es gestión”.

Marruecos, otro bulo reciclado

Otro de los ataques habituales fue el supuesto desvío de recursos a Marruecos. Puente lo calificó directamente de bulo geopolítico. Aclaró que España compite internacionalmente como Francia o Alemania, ofreciendo financiación junto con tecnología ferroviaria fabricada en el propio país, generando empleo y contratos para empresas como CAF.

“No se está quitando ni un céntimo a nuestra red para dárselo a Marruecos”, afirmó. “Lo que se hace es permitir que nuestras empresas compitan y exporten trenes al mundo”.

La mochila del PP

En el tramo final, Puente subió aún más el tono. Recordó al PP su historial con las víctimas: el Yak-42, el metro de Valencia, las residencias de Madrid. “Ustedes llevan una mochila de piedras”, dijo. “Y con ese pasado, vienen ahora a darnos lecciones de respeto a las víctimas”.

Para el ministro, el problema no es que se pidan explicaciones, sino quién las pide y con qué credibilidad. “Nosotros asumimos responsabilidades. Ustedes se escondieron siempre detrás de informes y excusas”.

El relato contra la realidad

El cierre fue casi cinematográfico. Puente acusó directamente a Feijóo de priorizar el relato sobre las víctimas: “Lo primero que dijo a Mazón fue: cuida la comunicación. Ni una palabra sobre las familias afectadas”.

Y lanzó su conclusión definitiva: la derecha ha convertido un accidente en un arma política, construyendo un relato basado en bulos, medias verdades y alarmismo. Frente a eso, el ministro reivindicó la gestión, los datos y la responsabilidad institucional.

Lo que empezó como una comparecencia terminó como una exhibición de poder discursivo. PP y Vox llegaron a pedir cabezas. Salieron con una cosa mucho peor: quedaron retratados.