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Una citación que sacude al Partido Popular

El Partido Popular vuelve a entrar en terreno minado. Esta vez no por una campaña electoral fallida ni por una polémica de despacho, sino por una citación parlamentaria que amenaza con abrir una grieta profunda en el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo. El próximo 27 de enero, si no hay cambios de última hora, el presidente del PP deberá comparecer ante la Comisión de Investigación del Congreso sobre la gestión de la DANA que asoló la Comunidad Valenciana y dejó un reguero de muerte, destrucción y preguntas sin respuesta.

La petición no surge de la nada. PSOE, Sumar y Compromís consideran que Feijóo no puede seguir refugiándose en la ambigüedad, después de que el propio líder popular reconociera ante la jueza de Catarroja que no fue informado “en tiempo real” por Carlos Mazón, contradiciendo así sus declaraciones públicas previas. Una rectificación tardía que ha encendido todas las alarmas en Génova.

En política, cuando las versiones cambian, el problema ya no es el error, sino la credibilidad.


Los mensajes que llegan tarde… o demasiado pronto

Mientras en Madrid se preparaba el escenario de la comisión, en Valencia se producía un movimiento clave. El juzgado que investiga la gestión de la DANA ha recibido nuevos mensajes de WhatsApp, intercambiados entre Carlos Mazón y su entorno más cercano el mismo día de la tragedia.

Los mensajes, adelantados por el diario Levante y confirmados en sede judicial, revelan que a las 19:20 del 29 de octubre, cuando el agua ya arrasaba municipios enteros y comenzaban a contabilizarse víctimas, un alto cargo de Presidencia advertía claramente de que iba a haber “un montón de afectados” y proponía activar ayudas e indemnizaciones.

La respuesta de Mazón no llegó hasta una hora después. Un lacónico: “Muy bien, luego hablamos”.

Para muchos, ese silencio de una hora se ha convertido en una eternidad política.


Cuatro horas, una sobremesa y un país que se ahogaba

Según la investigación judicial, Carlos Mazón pasó más de cuatro horas en una comida privada en el restaurante El Ventorro, mientras la situación en la Comunidad Valenciana se deterioraba de forma dramática. No fue hasta pasadas las 20:28 cuando llegó al Centro de Coordinación de Emergencias de l’Eliana (CECOPI), momento en el que, según su versión, empezó a comprender la magnitud real de la tragedia.

Pero los mensajes dicen otra cosa.
Y los tiempos no cuadran.

A las 9 de la mañana, ya había una víctima mortal confirmada.
A primera hora del día, AEMET llevaba días alertando del riesgo extremo.
Y, sin embargo, la maquinaria política siguió funcionando con una normalidad desconcertante.

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El chófer, la agenda y lo que nadie quiere contar

La jueza instructora ha dado un paso más que inquieta especialmente al PP: ha citado a declarar al chófer de Carlos Mazón, una figura aparentemente secundaria pero que podría convertirse en testigo clave.

El chófer fue quien acompañó al president durante toda la jornada: por la mañana, durante la comida, y en el trayecto posterior al CECOPI. Vio, oyó y presenció conversaciones, llamadas y reacciones. En los pasillos del poder valenciano se murmura que su testimonio podría desmontar relatos cuidadosamente construidos durante meses.

También declararán la jefa de prensa de Mazón y uno de sus asesores más cercanos, pagado por el Partido Popular.

Demasiados testigos.
Demasiadas piezas moviéndose a la vez.


Feijóo, entre la distancia calculada y la responsabilidad política

Hasta ahora, Alberto Núñez Feijóo ha intentado mantener una estrategia clara: presentarse como un líder ajeno a la gestión directa, alguien que “no sabía”, que “no estaba informado”, que confiaba en sus barones territoriales.

Pero esa línea empieza a resquebrajarse.

Porque Mazón no es un dirigente cualquiera. Es presidente autonómico, diputado, y fue —y sigue siendo— una figura respaldada sin fisuras por la dirección nacional del PP. Durante meses, lejos de exigir responsabilidades, Génova lo ha protegido, aplaudido y blindado.

Y eso, para muchos analistas, convierte el caso en algo más que una negligencia individual: una responsabilidad institucional.


La comisión que promete ser una bomba política

La Comisión de Investigación del Congreso no es un trámite menor. En ella, Feijóo no solo tendrá que explicar qué sabía y cuándo lo supo, sino por qué defendió públicamente una versión que después se reveló falsa.

Los grupos que han solicitado su comparecencia no ocultan sus intenciones: quieren que asuma responsabilidades, que pida perdón a las víctimas y, algunos incluso, que plantee su dimisión siguiendo su propio “rasero político”.

En el PP, el nerviosismo es evidente. Fuentes internas admiten que la comparecencia puede convertirse en un juicio político en directo, con imágenes, frases y silencios que marcarán titulares durante semanas.


Indignación social y heridas abiertas

Más allá de los despachos, el caso sigue doliendo en la calle. Familias enteras perdieron a sus seres queridos mientras la respuesta institucional se retrasaba. Testimonios desgarradores, como el de la viuda de una de las primeras víctimas, siguen resonando con fuerza.

“Además de perder a mi marido, he perdido a mi amigo y a mi amor”, declaró ante la comisión autonómica.

Palabras que pesan más que cualquier argumentario político.


El aplauso que no se olvida

Uno de los momentos más criticados llegó cuando, apenas días después de conocerse nuevos detalles del caso, todo el grupo parlamentario del PP aplaudió a Mazón en el Congreso. Para la oposición, ese gesto simboliza algo más profundo: una cultura de cierre de filas que ignora el dolor de las víctimas.

“Si esto se hace con una tragedia de cientos de muertos, ¿qué no se haría en una situación normal?”, se preguntan algunos diputados.

La pregunta queda flotando en el aire.


Mensajes borrados, verdades a medias y un liderazgo en juego

En Génova lo saben: el problema ya no es solo Mazón. Es Feijóo.
Es el relato.
Es la coherencia.

Los mensajes borrados, los silencios, las rectificaciones y las comparecencias pendientes componen un cóctel explosivo que amenaza con marcar un antes y un después en la carrera política del líder popular.

Porque en política, como en las grandes tragedias, no siempre cae quien grita más, sino quien tarda demasiado en reaccionar.

Y esta vez, el reloj no parece jugar a favor del Partido Popular.