
El miedo ya no se disimula
No es nerviosismo.
No es incomodidad.
Es miedo político en estado puro.
Alberto Núñez Feijóo lleva semanas intentando contener una hemorragia que no deja de crecer: los mensajes de WhatsApp enviados a Carlos Mazón el día de la Dana que arrasó Valencia y dejó 230 muertos. Mensajes que ya están en manos de la jueza de Catarroja. Mensajes que el líder del Partido Popular no quería que se conocieran íntegros. Mensajes que hoy amenazan con convertirse en su mayor lastre político desde que llegó a Génova.
Porque lo que revelan no es solo una conversación.
Revelan prioridades.
Y las prioridades, en una tragedia, delatan.
“Lidera informativamente. Es la clave”
Esa frase, recogida en acta notarial, se ha convertido en el símbolo de todo.
Mientras la Comunidad Valenciana se ahogaba, mientras las víctimas se contaban por decenas y luego por centenares, mientras el caos avanzaba, Feijóo insistía en una idea: el control del relato.
No preguntó qué decisiones se estaban tomando.
No exigió acciones concretas.
No pidió explicaciones sobre la gestión.
Preguntó:
por la comunicación,
por el Gobierno central,
por a quién se había llamado,
por cuándo acabaría la Dana.
La clave, según Feijóo, no era la gestión.
La clave era quién contaba la historia.

Los mensajes que explican por qué no quería mostrarlos
Durante semanas, el líder del PP aseguró que había sido transparente. Que no había borrado nada. Que todo se conocería “en su contexto”.
La realidad es más simple y más incómoda: no tuvo elección.
La jueza los pidió.
Y tuvo que entregarlos.
Lo que hoy sabemos explica perfectamente por qué Feijóo se resistía:
Los mensajes revelan que sabía lo que estaba pasando.
Demuestran que muchas de las acusaciones posteriores contra el Gobierno central no se sostienen.
Exhiben una obsesión enfermiza por el relato político en plena emergencia humanitaria.
¿Colaborador necesario? Una palabra que ya sobrevuela el caso
La expresión es dura, pero cada vez se escucha más en tertulias, editoriales y análisis jurídicos: “colaborador necesario”.
No porque Feijóo tomara decisiones ejecutivas en Valencia.
Sino porque, según algunos analistas, contribuyó a una estrategia de ocultación y desviación de responsabilidades.
La conversación muestra a dos dirigentes más preocupados por:
qué hace el otro,
qué hace el Gobierno de España,
a quién se puede señalar,
que por asumir su propia responsabilidad política.
La gran ausencia: la Generalitat Valenciana
Uno de los elementos más llamativos de los mensajes es lo que no aparece.
Feijóo no pregunta:
qué está haciendo la Generalitat,
qué decisiones ha tomado Mazón,
qué recursos se están movilizando.
Mazón, por su parte, tampoco pregunta a Feijóo qué puede hacer él como líder nacional del partido.
El diálogo parece más propio de dos dirigentes intercambiando impresiones que de responsables enfrentándose a la mayor catástrofe natural reciente.

El relato contra la ética
La delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, lo resumió con crudeza:
“Estaban mucho más preocupados por la estética que por la ética.”
Y esa frase ha calado.
Porque en esas horas críticas, mientras otros se centraban en rescatar, asistir y coordinar, los mensajes reflejan frialdad, distancia y cálculo político.
No indignación.
No urgencia.
No liderazgo.
El pánico a la jueza y a la declaración presencial
Otro elemento clave: el miedo a comparecer en persona.
Feijóo solicitó declarar por videoconferencia. La jueza aceptó. Pero el debate ya está sobre la mesa: abogados de las víctimas exigen su presencia física.
¿Por qué ese temor?
Según varios analistas, no es solo judicial. Es simbólico.
Comparecer presencialmente significa:
enfrentarse a las víctimas,
escuchar reproches,
asumir el coste emocional y político.
El líder del PP sabe que cada gesto cuenta.
Y que cada silencio se interpreta.
Una gestión política tan desastrosa como la gestión de la crisis
Para muchos observadores, el PP ha cometido un doble error:
una gestión catastrófica de la crisis,
una gestión política aún peor del después.
En lugar de cerrar la herida, la han reabierto una y otra vez.
En lugar de asumir errores, han multiplicado las explicaciones.
En lugar de transparencia, han ofrecido fragmentos.
Y cada fragmento ha generado más sospechas.
La desconfianza que alimenta el populismo
Más allá de Feijóo y Mazón, el caso Dana está teniendo un efecto devastador: erosiona la confianza en las instituciones.
Cuando los ciudadanos perciben:
contradicciones,
medias verdades,
relatos cambiantes,
el resultado es siempre el mismo: desafección democrática.
Y ese terreno es el caldo de cultivo perfecto para el populismo y el autoritarismo.
El futuro judicial y el coste político
¿Habrá consecuencias penales para Feijóo?
Probablemente no.
Pero el coste político ya es evidente:
pérdida de credibilidad,
desgaste de liderazgo,
imagen de dirigente más preocupado por el marketing que por la gestión.
En un país marcado por 230 víctimas mortales, mentir o maquillar la verdad no sale gratis.
El WhatsApp que perseguirá a Feijóo
Hay frases que persiguen a los políticos toda su carrera.
Para Feijóo, una ya está escrita:
“Lidera informativamente. Es la clave.”
Porque cuando todo pase, cuando los tribunales dicten resoluciones y los titulares se apaguen, esa frase seguirá ahí, recordando que en la noche más oscura de Valencia, la prioridad no fue salvar, sino comunicar.
Y eso, en política, no se olvida.
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