La televisión española vuelve a activar uno de sus motores más fiables de conversación pública. Este domingo, 18 de enero, La Sexta estrena la séptima temporada de Lo de Évole, el programa de entrevistas conducido por Jordi Évole que, año tras año, se ha consolidado como uno de los espacios más influyentes del panorama audiovisual. Y lo hace con un invitado que no deja indiferente: Manuel Carrasco.

Pedro Ruiz dice lo que piensa de la entrevista de Jordi Évole a Manuel Carrasco.

Antes incluso de que se emita la entrevista, ya hay quien ha querido poner palabras a una sensación compartida por muchos espectadores. Pedro Ruiz, comunicador veterano, artista polifacético y voz siempre libre en el debate cultural, ha señalado abiertamente su interés por la conversación entre Évole y el cantante onubense, dejando una reflexión que ha resonado con fuerza en redes sociales.

“Me interesa la charla de Jordi Évole con Manuel Carrasco. Le considero un hombre limpio y hondo. Un día de estos le veré”, escribió Pedro Ruiz en su cuenta de X. Una frase breve, pero cargada de significado, que resume la expectativa que rodea a esta entrevista incluso antes de su estreno.

El regreso de Lo de Évole: una cita marcada en rojo

No es casual que Lo de Évole genere tanta atención previa. El programa ha sido, durante seis años consecutivos, el más visto de La Sexta, convirtiéndose en un referente de la entrevista televisiva en España. Jordi Évole ha sabido construir un formato reconocible: conversaciones largas, escenarios poco convencionales, silencios incómodos, preguntas que van más allá de lo obvio y un tono que mezcla cercanía, ironía y profundidad.

Cada estreno de temporada se vive casi como un acontecimiento. No solo por el invitado, sino por la promesa implícita de descubrir facetas desconocidas, de escuchar reflexiones sin el corsé del titular rápido y de permitir que el personaje se muestre sin el maquillaje habitual de la promoción.

En esta ocasión, el elegido para inaugurar la temporada es Manuel Carrasco, uno de los artistas más populares y queridos del país, pero también uno de los más discretos y menos dados a la exposición mediática excesiva. Precisamente ahí reside buena parte del interés.

Manuel Carrasco: el éxito sin estridencias

Manuel Carrasco no es un personaje polémico en el sentido clásico del término. No protagoniza escándalos, no suele ocupar titulares por declaraciones incendiarias ni vive instalado en la controversia permanente. Y, sin embargo, es uno de los músicos que más público congrega en España, con giras multitudinarias y una conexión emocional muy fuerte con sus seguidores.

Desde que saltó a la fama en la segunda edición de Operación Triunfo, su trayectoria ha sido un ejercicio constante de coherencia. Disco a disco, ha ido construyendo una identidad musical propia, profundamente ligada a sus raíces andaluzas, al flamenco, a la canción de autor y a una sensibilidad que huye del artificio.

Ese perfil, precisamente, es el que Pedro Ruiz define con dos adjetivos que no son casuales: “limpio y hondo”. Limpio, en un ecosistema cultural donde el ruido es constante. Hondo, en un momento en el que la superficie suele imponerse a la reflexión.

Pedro Ruiz: una voz que no habla por hablar

La opinión de Pedro Ruiz no es una más. A lo largo de su carrera, ha demostrado ser un observador crítico del medio televisivo y cultural, alguien que no se suma fácilmente a modas ni entusiasmos prefabricados. Cuando muestra interés por una entrevista antes de verla, está reconociendo un valor previo: el potencial de la conversación, del personaje y del contexto.

Su comentario no solo valida la elección del invitado, sino también el enfoque del entrevistador. Ruiz sabe que una entrevista no depende únicamente de quién se sienta frente a la cámara, sino de cómo se construye el diálogo. Y en ese sentido, la combinación Évole–Carrasco genera una expectativa legítima.

Londres como escenario: lejos del plató, más cerca de la verdad

Uno de los elementos distintivos de esta entrevista es su escenario. Jordi Évole se cita con Manuel Carrasco en Londres, una ciudad que funciona casi como un tercer personaje. Lejos del plató, del foco habitual y de la zona de confort, ambos pasean por las calles londinenses, comparten una fish and chips, se toman unas pintas en un pub y hasta se suben juntos a un escenario en una sesión de open mic.

Ese contexto favorece una conversación más relajada, menos impostada. Londres no es solo un decorado bonito; es un espacio de tránsito, de anonimato relativo, donde el personaje famoso puede bajar la guardia. Évole sabe que el entorno influye en la profundidad de las respuestas, y Carrasco parece sentirse cómodo en esa distancia simbólica de su propio éxito.

Infancia, raíces y memoria: el Carrasco más personal

A lo largo de la entrevista, Manuel Carrasco recorre su propia historia vital. Habla de su infancia, de cómo ayudaba a su familia vendiendo marisco o realizando trabajos ocasionales para salir adelante. Relatos que no suenan a épica impostada, sino a memoria honesta de alguien que no olvida de dónde viene.

Ese pasado humilde no aparece como una anécdota decorativa, sino como una pieza clave para entender su carácter y su forma de estar en el mundo. Carrasco no habla desde el resentimiento ni desde la idealización, sino desde una aceptación serena de su recorrido.

El Carrasco reivindicativo: política, inmigración y discursos de odio

Uno de los momentos más comentados de la entrevista llega cuando Jordi Évole le plantea una pregunta incómoda, de esas que suelen generar titulares: “¿A ti te llega un hijo tuyo del cole y te dice que los menas esos son unos delincuentes?”.

La respuesta de Carrasco es firme y sin rodeos: “No, eso a mí no me pasa”. A partir de ahí, desarrolla una reflexión que conecta su experiencia personal con una visión más amplia de la sociedad española. Recuerda que España es un país de emigrantes y critica duramente a quienes alimentan mensajes de odio y simplificación.

“Realmente es intentar engañar a la gente con lo más básico… y la gente por desgracia, cae”, afirma el cantante. No hay grandilocuencia, pero sí una claridad moral que encaja con la imagen que muchos tienen de él: alguien que no necesita levantar la voz para posicionarse.

 

Andalucía como identidad, no como límite

Otro de los ejes de la conversación es la identidad andaluza. Manuel Carrasco recuerda cómo, en determinados momentos de su carrera, llegó a escuchar frases como: “Tú suenas muy andaluz, no puedes sonar en esta radio”.

Lejos de diluir ese acento, Carrasco decidió abrazarlo aún más. “No he cambiado ni un ápice musicalmente en ese aspecto. Me he puesto todavía más flamenco”, explica. Una reivindicación que va más allá de la música y que conecta con una idea de orgullo cultural sin complejos.

Con ironía y lucidez, añade una frase que resume su visión: “Fuera de España somos todos flamencos, todos tocamos las palmas”. Una reflexión sobre cómo las identidades se relativizan cuando se miran desde fuera.

Operación Triunfo: el éxito y sus sombras

La entrevista también aborda su paso por Operación Triunfo, un capítulo fundamental pero ambivalente de su carrera. Carrasco quedó segundo en la segunda edición del programa, y aunque reconoce que fue una oportunidad clave, no idealiza la experiencia.

“Yo creo que nadie que sale del programa sale bien del todo”, afirma con una sinceridad poco habitual. Y va más allá: asegura que, sabiendo lo que sabe ahora, no volvería a presentarse al concurso.

Uno de los momentos más delicados llega cuando revela que, a pesar de ser autor completo de sus primeras canciones, la mitad de los derechos de esas composiciones no son suyos. Una confesión que pone sobre la mesa las luces y sombras de la industria musical y de los formatos televisivos de talento.

Expectación antes del estreno: cuando la entrevista ya importa

 

Que Pedro Ruiz opine antes de ver la entrevista no es un gesto banal. Es la constatación de que Lo de Évole ha conseguido algo poco frecuente: que la entrevista importe incluso antes de emitirse. Que se perciba como un espacio de valor, no como un simple trámite promocional.

La frase de Ruiz resume una intuición compartida: la de que la charla entre Jordi Évole y Manuel Carrasco puede ofrecer algo más que entretenimiento. Puede aportar matices, humanidad y reflexión en un panorama mediático saturado de ruido.

Jordi Évole y el arte de escuchar

Parte de esa expectativa tiene que ver con la forma de entrevistar de Jordi Évole. Su mayor virtud no es la pregunta incisiva, sino la capacidad de escuchar y dejar que el invitado se exprese sin prisas. Évole entiende que el silencio también comunica y que no todas las verdades se arrancan a la fuerza.

Con un perfil como el de Carrasco, esa metodología cobra especial sentido. No se trata de provocar, sino de acompañar. De crear un espacio donde el invitado se sienta lo suficientemente cómodo como para profundizar.

Cuando la televisión genera conversación antes de empezar

La opinión de Pedro Ruiz funciona como un termómetro social. Si alguien como él expresa interés antes del estreno, es porque intuye que hay algo valioso en juego. La entrevista de Jordi Évole a Manuel Carrasco no solo promete audiencia; promete contenido, reflexión y una conversación que va más allá del personaje público.

En tiempos de consumo rápido y titulares efímeros, que una entrevista despierte expectación por lo que se va a decir —y no por lo que se va a provocar— es casi un acto de resistencia cultural.

Este domingo, muchos estarán frente al televisor no solo por curiosidad, sino por la sensación de que, durante un rato, la televisión puede volver a ser un espacio para escuchar con calma. Y eso, como ha señalado Pedro Ruiz sin rodeos, ya es motivo suficiente para interesarse.