➡️ Descúbrelo abajo 👇🔗

A YouTube thumbnail with maxres quality

Sánchez rompe el silencio y marca línea roja

Pedro Sánchez decidió hablar claro. Sin rodeos. Sin ambigüedades.
En una comparecencia cargada de tensión geopolítica, el presidente del Gobierno español plantó cara directamente a Donald Trump y calificó la operación militar en Caracas como ilegal, peligrosa y contraria al derecho internacional.

“El pueblo venezolano debe decidir libremente quién gobierna su país”, afirmó Sánchez. Y añadió una advertencia que resonó más allá de España: lo ocurrido en Caracas es un precedente terrible que empuja al mundo hacia un escenario de inseguridad global.

Pedro Sánchez will trotz Neuwahl-Niederlage im Amt bleiben


Un precedente que huele a petróleo y guerra

El presidente fue más allá del lenguaje diplomático. Comparó la intervención en Venezuela con agresiones pasadas motivadas por la sed de recursos naturales, episodios que ya sumieron al mundo en el caos.

España —subrayó— es un país que cree en la paz, en la diplomacia y en la Carta de Naciones Unidas. Por eso no puede aceptar una acción militar cuyo objetivo no parece otro que cambiar un gobierno para apropiarse de sus recursos.

El mensaje fue inequívoco:
👉 No a las invasiones.
👉 No al unilateralismo.
👉 No a la ley del más fuerte.


Venezuela: ilegitimidad no justifica ilegalidad

Sánchez recordó que España nunca reconoció al gobierno de Nicolás Maduro, al considerar ilegítimas sus elecciones. Pero fue tajante: una ilegitimidad no puede responderse con una ilegalidad aún mayor.

La intervención militar, insistió, viola el derecho internacional y no puede ser aceptada bajo ningún concepto, aunque el régimen venezolano haya infringido las normas democráticas.


España se ofrece como mediador, no como cómplice

Frente a quienes acusan al Gobierno de complicidad, Sánchez respondió con hechos. España ha concedido más de 200.000 permisos de residencia humanitarios a ciudadanos venezolanos perseguidos por el régimen.

Buena parte de la oposición venezolana vive hoy en España. Entre ellos, Edmundo González, con quien el presidente confirmó que mantendrá interlocución, al igual que con representantes del actual poder en Caracas.

El objetivo, dijo, es claro: abrir un proceso de diálogo entre venezolanos que desemboque en elecciones limpias, libres y verificables.


Europa, entre la tibieza y el compromiso

Preguntado por la reacción europea, Sánchez admitió diferencias de intensidad entre los países, pero defendió que Europa mantiene un compromiso firme con el orden internacional basado en reglas.

España —reconoció— ha ido más lejos que otros socios, pero no está sola en la defensa del respeto a los derechos humanos y a la legalidad internacional.


Dinamarca y Groenlandia: otra línea roja

El discurso dio un giro aún más alarmante cuando Sánchez abordó las amenazas contra la integridad territorial de Dinamarca. España tampoco aceptará —dijo— que se ponga en cuestión el territorio de un Estado europeo.

“No lo podemos aceptar. No lo vamos a aceptar”, repitió.
Ni como país.
Ni como gobierno.


Un mensaje directo a Trump… y a la oposición

Sin mencionarlo explícitamente, el mensaje fue leído como un desafío frontal a Donald Trump y, al mismo tiempo, como una respuesta a la oposición española, que acusa al Ejecutivo de ambigüedad.

Sánchez cerró filas: la posición de España es clara desde el primer día.
👉 No reconocimiento del régimen de Maduro.
👉 No a las intervenciones militares ilegales.
👉 Sí a elecciones libres decididas por los venezolanos.


Epílogo: España fija su lugar en el tablero

Con esta intervención, Pedro Sánchez no solo habló de Venezuela.
Habló del mundo que viene.

Un mundo donde las reglas están en peligro.
Donde el poder vuelve a imponerse sobre el derecho.
Y donde España, según dejó claro, no piensa callar.

“Un horizonte de democracia, libertad y prosperidad”, concluyó.
Ese —dijo— es el único futuro aceptable para Venezuela.
Y para el orden internacional.