
Matute desenmascara a PP y Vox: la batalla por la vivienda, el escudo social y la lucha por quién gobierna realmente para la mayoría
La sesión parlamentaria que debía centrarse en políticas de vivienda terminó convirtiéndose en uno de los momentos más tensos y reveladores de la legislatura. El diputado de EH Bildu, Jon Iñarritu Matute, protagonizó una intervención que no solo descolocó a la derecha, sino que también expuso las grietas internas del propio Gobierno y dejó una frase que ya circula como consigna política: “Primero el país, luego el partido”.
No fue una intervención más. Fue un discurso cargado de reproches, advertencias y una crítica frontal al modelo económico y social que, según Matute, ha convertido la vivienda en un lujo y ha empujado a millones de personas a una situación límite. En frente, PP y Vox reaccionaban con interrupciones, gestos de burla y un nerviosismo evidente. El choque no era solo ideológico: era una disputa directa sobre quién gobierna para la gente común y quién lo hace para los fondos de inversión y los grandes propietarios.
“Cállese, señor Sayas”: el momento que lo cambió todo
La escena se volvió viral casi de inmediato. Matute, interrumpido constantemente por el diputado del PP, Sergio Sayas, terminó estallando:
“Cállese, señor Sayas. No es tan difícil. No le interrumpo nunca. Por justa reciprocidad, haga lo mismo.”
La frase, más allá del tono, simbolizaba algo más profundo: el hartazgo de una parte de la izquierda ante lo que considera una estrategia permanente de ruido, bloqueo y deslegitimación por parte de la derecha parlamentaria.
Pero Matute no se quedó en el gesto. Su intervención fue una disección quirúrgica del estado actual del país, especialmente en lo que respecta a la vivienda, el escudo social y el papel real de los partidos políticos.
El escudo social y la línea roja de EH Bildu
Uno de los ejes centrales del discurso fue la defensa del escudo social, el conjunto de medidas que protegían a sectores vulnerables frente a desahucios, subidas abusivas del alquiler y situaciones de exclusión.
Matute fue claro:
“EH Bildu no se va a bajar de la defensa de los sectores vulnerables. No hay ni uno de nuestros seis votos que vaya a ser engañado de forma torticera para apoyar medidas que no blinden a quienes más lo necesitan.”
El mensaje era doble. Por un lado, advertía al Gobierno de que no puede dar por garantizado el apoyo de Bildu si se diluyen las políticas sociales. Por otro, señalaba directamente a PP y Vox como responsables de haber tumbado prórrogas clave del escudo social.
En otras palabras: la derecha, según Matute, ya ha demostrado qué tipo de país quiere construir, y ese país no incluye a los más vulnerables.
¿Gobernar para una minoría o para la mayoría?
El núcleo ideológico del discurso se resumía en una pregunta fundamental:
“Aquí se está decidiendo si gobernamos para una minoría o para la mayoría social.”
Matute dibujó dos modelos enfrentados:
El de la derecha: favorable a los fondos de inversión, grandes propietarios, bancos y rentistas.
El de la izquierda social: centrado en inquilinos, trabajadores, jóvenes y familias de renta media.
Según su análisis, desde 2018 la brecha no ha hecho más que crecer:
Los ricos son más ricos.
Los pobres son más pobres.
Hay menos estabilidad laboral.
Menos acceso a vivienda.
Menos jóvenes propietarios.
Menos esperanza de futuro.
Una radiografía dura, que conecta con un sentimiento cada vez más extendido: la sensación de que el sistema económico funciona para unos pocos y contra la mayoría.
La vivienda como “catástrofe nacional”
Uno de los conceptos más potentes que lanzó Matute fue la idea de que la crisis de la vivienda ya no es una emergencia, sino una “catástrofe”.
En dos años y medio, según datos citados en el debate, las personas más ricas han acaparado alrededor del 5% del parque de vivienda del país. Mientras tanto, millones de personas destinan más del 40 o incluso 50% de su salario al alquiler.
“Hay gente que vive de no dar un palo al agua, de rentas, mientras quienes trabajan se dejan el sueldo entero en pagar un techo.”
Para Matute, esta situación no solo es injusta socialmente, sino que lastra la economía productiva: dinero que podría invertirse en industria, innovación o empleo se va al rentismo inmobiliario.
El mercado, la especulación y la “economía planificada”
Lejos de un discurso moderado, Matute se definió abiertamente:
“Yo creo en la economía planificada. Soy así de clásico.”
Su planteamiento es claro: el mercado, por su propia lógica, busca maximizar beneficios y minimizar riesgos. Y eso significa orientar la oferta de vivienda hacia quien puede pagar más, no hacia quien la necesita.
De ahí que defendiera:
Intervención pública en el mercado.
Parque público permanente de vivienda.
Colaboración público-privada, pero con reglas claras y reparto de riesgos.
Control de grandes tenedores.
Declaración de zonas tensionadas.
Según sus datos, en Navarra, tras declararse zona tensionada, los alquileres bajaron un 8,2% sin que disminuyera la oferta. En Bilbao, al reducir el umbral de “gran tenedor”, miles de viviendas pasaron a estar bajo regulación.
Para Matute, esto desmonta uno de los grandes mantras de la derecha: que regular el mercado provoca escasez. En su visión, ocurre exactamente lo contrario.
PP y Vox: “constitucionalistas a tiempo parcial”
Uno de los ataques más directos fue cuando acusó a PP y Vox de no respetar la Constitución en su parte social:
“Defienden una visión puramente especulativa del mercado inmobiliario, que choca frontalmente con la Constitución. Ustedes son constitucionalistas a tiempo parcial.”
Recordó que la Constitución reconoce:
El derecho a una vivienda digna.
La función social de la propiedad privada.
Y sostuvo que la derecha solo invoca la Constitución cuando le conviene, pero la ignora cuando se trata de derechos sociales.
“La vivienda será la tumba de este Gobierno”
Quizá la frase más demoledora fue dirigida al propio Ejecutivo:
“La vivienda va a ser la tumba de este Gobierno.”
Matute advirtió que el malestar social generado por la crisis habitacional está alimentando directamente a la derecha y a la extrema derecha. No por sus discursos, sino por la falta de soluciones estructurales.
En su análisis, la frustración de los jóvenes, trabajadores y clases medias es el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de Vox.
Y aquí lanzó una paradoja brutal:
la izquierda, si no resuelve la vivienda, está empujando involuntariamente a la gente hacia la derecha.
“Primero el país, luego el partido”
La consigna que dio título a la intervención resume su posicionamiento estratégico. Matute no habló solo como representante de EH Bildu, sino como alguien que intenta construir mayorías.
“No voy a poner todos los perfiles ideológicos encima de la mesa. Voy a buscar los mínimos comunes denominadores.”
Es una declaración política muy significativa: renunciar al maximalismo ideológico para priorizar acuerdos que mejoren la vida real de la gente.
En un Parlamento fragmentado, con mayorías ajustadas, Matute recordó algo clave:
para llegar a 176 votos hacen falta tanto los siete como los seis. Nadie es prescindible.
La batalla real: inquilinos contra fondos
Al final, el discurso se puede resumir en una sola línea de conflicto:
“Hay que elegir entre los inquilinos y los fondos.”
No es una cuestión técnica. No es solo un debate de leyes. Es una guerra de modelo social:
O la vivienda es un derecho.
O la vivienda es un activo financiero.
Y esa elección, según Matute, define quién gobierna realmente el país.
Más que un discurso: una advertencia
Lo ocurrido en el Congreso no fue solo una bronca parlamentaria. Fue una señal política.
Matute no solo dejó en evidencia a PP y Vox. También lanzó un mensaje al Gobierno: si la izquierda no ofrece respuestas reales, la derecha recogerá el descontento.
La vivienda, el escudo social y la desigualdad ya no son debates secundarios. Son el eje sobre el que se juega el futuro político de España.
Y quizá por eso su frase ha calado tan hondo:
“Primero el país, luego el partido.”
Porque en un momento de crisis estructural, esa consigna no suena a eslogan, sino a ultimátum.
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