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Lo que durante años parecía una alianza inquebrantable ha saltado por los aires. Hazte Oír, una de las organizaciones ultracatólicas más influyentes del ecosistema político conservador en España, ha empezado a dar la espalda públicamente a Vox y a lanzar mensajes que, en la práctica, benefician a otras formaciones de la derecha radical, especialmente a “Se Acabó la Fiesta” de Alvise Pérez.

La pregunta es inevitable: ¿qué ha pasado para que Hazte Oír, socio histórico de Vox, ahora le retire el apoyo y lo ataque de forma abierta?

Lo que estamos viendo no es una simple discrepancia electoral. Es una guerra interna por el control del espacio ideológico de la ultraderecha, una pelea de poder, dinero e influencia que viene de lejos y que tiene como telón de fondo nombres propios, estructuras opacas y conflictos personales explosivos.


De aliados estratégicos a enemigos incómodos

Durante más de una década, la relación entre Hazte Oír y Vox fue prácticamente simbiótica.
Hazte Oír, dirigida por Ignacio Arsuaga, proporcionó:

Activismo digital.

Movilización en la calle.

Infraestructura comunicativa.

Redes de donantes internacionales.

Vox, por su parte, ofrecía el vehículo político perfecto para convertir en leyes las obsesiones ideológicas de Hazte Oír: aborto, feminismo, LGTBI, educación, inmigración, identidad nacional.

No es casualidad que los primeros actos de Vox se retransmitieran con el logo de Hazte Oír, ni que buena parte de sus juventudes estuvieran vinculadas a entornos cercanos a esta organización.

Durante años fueron, literalmente, uña y carne.


El punto de inflexión: Revuelta, dinero y traiciones

El detonante real de la ruptura tiene nombre: Revuelta.

Revuelta era una plataforma juvenil ultraderechista vinculada a Vox que terminó explotando por varios escándalos:

Recaudación de fondos supuestamente destinados a causas sociales.

Acusaciones internas de malversación.

Conflictos personales entre dirigentes.

Viajes internacionales financiados con dinero opaco.

Pero lo más grave fue lo que empezó a circular en círculos internos:
Revuelta estaba, en la práctica, controlada por personas ligadas a Hazte Oír y al entorno del Yunque, una organización secreta de origen mexicano acusada de captar menores y de operar como una secta política.

Cuando Vox decide cortar con Revuelta, lo que hace en realidad es romper con el núcleo duro de influencia de Hazte Oír dentro del partido.

Y ahí empieza la venganza.


Ignacio Arsuaga y el rencor estratégico

Ignacio Arsuaga, líder de Hazte Oír y CitizenGo, no es solo un activista. Es un operador político con agenda propia, con conexiones internacionales, financiación privada multimillonaria y una estructura de comunicación global.

Para Arsuaga, Vox no es solo un partido: era su proyecto político indirecto.

La ruptura con Revuelta supuso algo personal:

Expulsión de cuadros afines.

Pérdida de control interno.

Daño a su red de influencia juvenil.

Desde entonces, Hazte Oír ha pasado de socio a actor hostil.

No atacan frontalmente a Vox en todos los temas, pero empiezan a:

Puntuar mal sus propuestas.

Ridiculizar a sus dirigentes.

Promover alternativas electorales.

Y ahí entra Alvise Pérez.


El giro inesperado: Hazte Oír se vuelca con Alvise

En plena campaña electoral en Aragón, Hazte Oír publica comparativas ideológicas donde:

Suspende casi todo a Vox.

Otorga mejores valoraciones a “Se Acabó la Fiesta”.

Lanza mensajes indirectos llamando a votar a Alvise.

Es un terremoto político.

Porque Alvise, hasta hace poco, era visto como un agitador antisistema sin estructura real.
Ahora, con el respaldo implícito de Hazte Oír, se convierte en el nuevo niño mimado de una parte de la ultraderecha digital.

Y no es casual:

Alvise ha colaborado con campañas financiadas por entornos cercanos a Hazte Oír.

Ha sido amplificado por las mismas redes mediáticas.

Ha recibido apoyo de influencers ideológicos ligados a CitizenGo.

En términos prácticos, Hazte Oír está diciendo:
“Si Vox ya no es nuestro instrumento, buscaremos otro”.


El Yunque: la sombra que nunca desaparece

Para entender de verdad este conflicto hay que hablar del elefante en la habitación: El Yunque.

El Yunque es una organización secreta ultracatólica nacida en México, acusada de:

Captar menores de edad.

Infiltrarse en partidos políticos.

Controlar asociaciones civiles como tapadera.

Usar técnicas de manipulación psicológica.

Investigaciones periodísticas y testimonios de exmiembros apuntan a que:

Parte del núcleo de Hazte Oír procede de entornos del Yunque.

Varias figuras clave de Revuelta y Vox tenían vínculos personales con esta red.

La captación juvenil se hacía desde la adolescencia, incluso con métodos de “flirting fishing”: seducción para reclutar.

Cuando Vox decide cortar con estas estructuras, no solo rompe una alianza política:
rompe una red de poder informal que llevaba años incrustada en su interior.


¿Qué está pasando realmente?

Lo que vemos no es una pelea ideológica, sino una guerra por tres cosas:

    Control del relato
    Quién representa “la verdadera derecha radical” en España.

    Control del dinero
    Donaciones privadas, campañas digitales, fundaciones internacionales.

    Control de la militancia joven
    El verdadero capital político a medio plazo.

Vox intenta institucionalizarse, parecer un partido “serio”, europeo, con proyección de gobierno.
Hazte Oír y su entorno prefieren una derecha más agresiva, más sectaria, más movilizable y menos parlamentaria.

Son modelos incompatibles.


El resultado: fragmentación y autodestrucción

La consecuencia directa de esta ruptura es clara:

La ultraderecha española se divide.

Se debilita electoralmente.

Se expone a luchas internas públicas.

Pierde credibilidad ante su propio electorado.

Vox ya no controla todo su ecosistema.
Hazte Oír ya no tiene un partido único al que servir.
Alvise aparece como comodín, pero sin estructura real.

Y mientras tanto, lo que aflora es lo más peligroso:
redes opacas, financiación oscura, manipulación ideológica y guerras de egos.


No es una traición, es una purga

Lo que estamos viendo no es una simple “ruptura”.
Es una purga interna dentro de la ultraderecha española.

Hazte Oír ha decidido que Vox ya no le sirve.
Vox ha decidido que Hazte Oír es un lastre.
Y ambos se acusan, se filtran información y se debilitan mutuamente.

No es una crisis puntual.
Es el inicio de una recomposición total del mapa ultra en España.

Y lo más inquietante no es quién gana…
sino todo lo que está saliendo a la luz mientras se destruyen entre ellos.