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Sánchez planta cara a Trump y defiende la soberanía de Groenlandia ante la amenaza que sacude el orden internacional

La crisis geopolítica abierta por Donald Trump ha alcanzado un nuevo nivel de gravedad. Tras la controvertida operación militar en Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, el foco se desplaza ahora hacia Groenlandia, un territorio autónomo vinculado a Dinamarca y, por extensión, a la Unión Europea. La advertencia es clara y alarmante: Estados Unidos no descarta el uso de la fuerza para hacerse con la isla ártica.

Ante este escenario, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha decidido alzar la voz. España se sitúa entre los países europeos que han firmado una declaración conjunta en defensa de la soberanía de Groenlandia y de Dinamarca, rechazando frontalmente las amenazas de Washington. Un gesto que no solo tiene valor diplomático, sino que marca una posición política clara frente a la deriva de la Casa Blanca.

Groenlandia, el nuevo objetivo de Trump

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Desde el inicio de su mandato, Donald Trump ha mostrado un interés obsesivo por Groenlandia. Primero fue la propuesta de “comprar” la isla; ahora, el discurso ha escalado hasta incluir la posibilidad de una incursión militar. Según fuentes estadounidenses, la presión armada se contempla como herramienta de coerción para forzar a Dinamarca a negociar.

Washington maneja incluso una tercera vía: promover una independencia formal de Groenlandia con fuertes lazos económicos con Estados Unidos. En cualquier caso, el mensaje es inequívoco: la soberanía de un territorio europeo se ha convertido en moneda de cambio en una estrategia de poder global.

Europa reacciona… pero Trump se envalentona

Siete líderes europeos, entre ellos Pedro Sánchez, han respaldado públicamente al Gobierno danés. Sin embargo, la respuesta ha sido considerada insuficiente por muchos analistas. Trump, lejos de amedrentarse, ha redoblado su retórica. La Casa Blanca ha hecho circular una nota en la que insiste en que el uso de la fuerza sigue siendo una opción real.

El precedente venezolano pesa como una sombra. La tibia reacción de buena parte de Europa ante la operación militar estadounidense en Caracas ha sido interpretada por Trump como una señal de debilidad. El resultado: una escalada que ahora amenaza directamente a un territorio vinculado a la Unión Europea y a la OTAN.

Sánchez: “España no será cómplice de este atropello”

Desde París, tras la cumbre sobre Ucrania, Pedro Sánchez lanzó uno de sus mensajes más duros contra la estrategia de Estados Unidos. El presidente denunció que los ataques sobre Venezuela y las ambiciones sobre Groenlandia constituyen “un precedente terrible y muy peligroso” para el orden internacional.

“No podemos aceptarlo y no lo vamos a hacer como país ni como Gobierno”, afirmó Sánchez, subrayando que España no va a callar ante violaciones reiteradas del derecho internacional. El presidente fue claro: una ilegitimidad política no puede responderse con una ilegalidad internacional.

En la Moncloa asumen que esta posición puede incomodar a la administración Trump, pero consideran que es la única coherente con los principios democráticos y con la defensa de la legalidad internacional.

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La OTAN y la Unión Europea, ante una prueba histórica

La amenaza sobre Groenlandia plantea preguntas incómodas. Dinamarca es un país fundador de la OTAN y miembro de la Unión Europea desde 1973. ¿Qué sentido tiene la Alianza Atlántica si uno de sus miembros contempla quedarse por la fuerza con territorio de otro aliado? ¿Puede la UE limitarse a comunicados de “profunda preocupación” cuando está en juego su propia integridad territorial?

El artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea establece una cláusula de defensa mutua ante amenazas soberanas. La pregunta ya no es jurídica, sino política: ¿existe voluntad real de activarla si la amenaza se materializa?

Un mundo que abandona las reglas

Analistas y tertulianos coinciden en el diagnóstico: el orden internacional, imperfecto pero funcional, se está desmoronando. La lógica de las normas y el multilateralismo está siendo sustituida por una política de fuerza, de zonas de influencia, de “o lo compras o me lo quedo”.

La diferencia es que ahora esa lógica ya no se aplica solo al llamado “tercer mundo”, sino al corazón mismo de Europa. Groenlandia deja de ser un asunto lejano para convertirse en un espejo inquietante de lo que puede venir después.

El silencio del PP y la incomodidad de la derecha

En España, el debate deja también al descubierto el silencio del Partido Popular. Mientras el Gobierno fija una posición clara en defensa de la soberanía europea, la derecha evita pronunciarse sobre qué haría ante un escenario en el que Estados Unidos se anexe, por la fuerza o bajo presión, un territorio europeo.

La contradicción se extiende a la extrema derecha: autoproclamados defensores de la soberanía nacional que guardan silencio cuando el desafío proviene de su principal aliado ideológico.

Una advertencia que va más allá de Groenlandia

La crisis no es solo sobre una isla en el Ártico. Es una advertencia sobre el tipo de mundo que se está configurando. Un mundo en el que la ley cede ante la fuerza, en el que las alianzas históricas se resquebrajan y en el que Europa debe decidir si quiere ser actor o simple espectador.

Pedro Sánchez ha optado por posicionarse. La pregunta ahora es si el resto de Europa está dispuesta a hacer algo más que “monitorizar con preocupación” mientras el tablero internacional se transforma ante sus ojos.