La reina Sofía se esfuerza por sonreír en su reaparición en público tras el fallecimiento de su hermana Irene de Grecia

De riguroso luto y haciendo gala de su amabilidad, la reina emérita ha acudido a su primer acto público tras el funeral de su hermana en el acto del Banco de alimentos de Bizkaia.

 

 

la reina sofia en su visita al banco de alimentos de bizkaia

 

 

La reina Sofía ha pasado unas semanas complicadas en el ámbito personal tras despedirse de su hermana, Irene de Grecia, que falleció el pasado 15 de enero a los 83 años. Tras el funeral, en el que recibió el apoyo de la Familia Real, ha podido pasar unos días de duelo, pero el martes 10 de febrero reanudaba su agenda oficial.

 

Así, se esperaba a la reina emérita en un acto en el Banco de Alimentos de Bizkaia y su aparición ha sido muy celebrada por los asistentes.

 

Doña Sofía ha acudido de riguroso luto, en señal de recuerdo a su hermana, pero eso no ha impedido que haga gala de su habitual amabilidad y, esforzándose por mostrar una sonrisa, ha saludado a los allí presentes en una muestra más de diplomacia y saber estar.

 

 

la reina sofia en su visita al banco de alimentos de bizkaia

 

 

La reaparición pública de la reina Sofía no ha sido un gesto protocolario más, sino una escena cargada de humanidad.

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Vestida de negro riguroso, con el dolor aún reciente por la pérdida de su hermana Irene de Grecia, la emérita ha ofrecido una imagen que va más allá de la institución: la de una mujer que sufre en silencio y que, aun así, decide cumplir. Su sonrisa, leve y contenida, no era un signo de alegría, sino de respeto. Un intento de sostener la normalidad cuando el corazón pesa.

En un tiempo dominado por la exposición emocional y el dramatismo, Sofía ha elegido el camino opuesto: el del recogimiento y la dignidad. No ha pronunciado discursos ni ha buscado consuelo en las palabras. Ha estado. Y eso, en sí mismo, es un mensaje poderoso.

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Su presencia en el acto del Banco de Alimentos de Bizkaia recuerda que el compromiso con los demás no se suspende por el dolor propio.

Quizá por eso su figura sigue despertando un respeto casi unánime. Porque incluso en el duelo, la reina Sofía encarna una forma de entender el deber que no necesita explicaciones. A veces, la verdadera emoción se esconde precisamente ahí: en lo que no se dice.