
Un escándalo que estalla en el peor momento para el Partido Popular
El Partido Popular atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Cuando la dirección nacional intentaba centrar el foco mediático en los supuestos escándalos del Gobierno de Pedro Sánchez, una investigación publicada por El País ha detonado una auténtica bomba política: una exconcejala del PP en el Ayuntamiento de Móstoles denuncia haber sido víctima de acoso sexual y laboral por parte del alcalde de la localidad, Manuel Bautista, y acusa directamente a la cúpula del PP madrileño —incluida Isabel Díaz Ayuso— de haber intentado silenciarla y frenar cualquier investigación interna.
La gravedad del caso no reside únicamente en las acusaciones de acoso, sino en lo que la denunciante describe como un patrón sistemático de encubrimiento: reuniones en Génova, llamadas a “no denunciar”, advertencias sobre las consecuencias personales y políticas, desaparición de correos electrónicos y una sensación constante de aislamiento.
Lo que inicialmente parecía un conflicto interno ha escalado rápidamente hasta convertirse en un problema de dimensión nacional, salpicando al propio líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, quien ha ofrecido declaraciones que muchos analistas consideran contradictorias e incluso autoinculpatorias en términos políticos.
La protagonista invisible: una concejala silenciada
La mujer que origina esta historia ha pedido expresamente no aparecer con nombre y apellidos en los medios. No busca protagonismo ni exposición pública. Según la documentación recopilada por El País, su objetivo siempre fue uno: activar los mecanismos internos del partido para que se investigara lo ocurrido.
Según su relato, desde su llegada al Ayuntamiento de Móstoles comenzó a percibir actitudes inadecuadas por parte del alcalde. Comentarios de carácter sexual, insinuaciones, frases vejatorias sobre su físico y una progresiva marginación de sus funciones políticas.
De ser una concejala con visibilidad y peso interno, pasó a ser relegada: se le impidió intervenir en plenos, se la aisló del equipo y se cuestionó constantemente su profesionalidad.
La denunciante asegura que el alcalde llegó a decir, delante de otros trabajadores del consistorio:
“La he fichado para que me haga un gran trabajo a mí. Esta mujer nos alegra el día. Está buenísima. Esta es solo para mí”.
A partir de ahí, según su versión, comenzó un proceso clásico de acoso laboral: humillaciones constantes, exclusión de decisiones relevantes, desprestigio interno y presión psicológica.
Las reuniones en Génova: cuando el partido pide silencio
Ante esta situación, la concejala decidió no acudir directamente a la justicia. Optó por la vía interna, convencida de que el PP activaría sus protocolos contra el acoso.
Error.
En febrero de 2024 envió una carta al gabinete de Isabel Díaz Ayuso solicitando ayuda. No obtuvo respuesta directa de la presidenta madrileña, pero sí fue derivada a reuniones con dos figuras clave del PP regional: Alfonso Serrano (secretario general del PP de Madrid) y Ana Millán (vicepresidenta de la Asamblea y vicesecretaria de organización).
Las frases que, según la denunciante, escuchó en esas reuniones son demoledoras:
“Protegerte es no hacer nada.”
“Una denuncia pública te perjudicaría.”
“Piénsatelo bien por ti, por tu marido, por tus padres.”
“Todas hemos tenido que aguantar cosas en política.”
Lejos de abrir una investigación formal, el mensaje era claro: mejor callar.
En ningún momento, según su testimonio, se activó un protocolo interno, no se tomaron declaraciones oficiales ni se abrió expediente disciplinario alguno contra el alcalde.
Correos desaparecidos y sensación de sabotaje
Uno de los elementos más inquietantes del caso es la desaparición de los correos electrónicos que la denunciante había intercambiado con responsables del PP.
Según su denuncia, su bandeja de salida fue borrada por completo poco después de las reuniones en Génova. No acusa directamente a nadie, pero deja constancia de que esos correos contenían pruebas documentales clave de las conversaciones mantenidas con la cúpula del partido.
Para muchos expertos en derecho digital, este detalle introduce una dimensión aún más grave: la posible destrucción de pruebas.
Ayuso: la presidenta que nunca se reunió con la víctima

Isabel Díaz Ayuso es, políticamente, la figura central del PP madrileño. Sin embargo, nunca llegó a reunirse personalmente con la concejala.
Cinco días después de la denuncia interna, Ayuso sí se reunió con el presunto acosador: el alcalde de Móstoles.
Este gesto ha sido interpretado por la oposición como una señal inequívoca de respaldo político al acusado y una forma indirecta de deslegitimar a la denunciante.
En la Asamblea de Madrid, las imágenes fueron contundentes: mientras la víctima era ignorada, el alcalde era recibido con normalidad institucional.
La defensa del PP: negarlo todo
La reacción del Partido Popular ha seguido un guion previsible: negación absoluta, apelación a la presunción de inocencia y ataque a los medios.
Alfonso Serrano declaró:
“Es falso que el PP de Madrid presionara a nadie para tapar nada. Las denuncias se tramitan, se investigan y cuando corresponde se actúa.”
Isabel Díaz Ayuso fue más allá:
“Esto es un caso fabricado contra el Partido Popular.”
Feijóo, desde Teruel, afirmó:
“Se investigó durante dos años y no se encontraron indicios suficientes.”
Sin embargo, estas declaraciones chocan frontalmente con la documentación publicada: seis escritos formales, tres viajes a Génova, dos reuniones oficiales y ninguna investigación interna abierta.
Feijóo pillado en contradicciones

El líder nacional del PP se ha convertido en uno de los grandes protagonistas involuntarios del escándalo.
Primero afirma que se investigó. Luego reconoce que no se abrió expediente formal. Después sostiene que la denunciante debía haber acudido a la justicia. Pero, al mismo tiempo, su propio partido le recomendó explícitamente que no denunciara.
Una contradicción que resume la paradoja del caso:
“Las mujeres deben denunciar… pero cuando denuncian dentro del partido, se les pide que callen.”
Un patrón que recuerda a otros casos históricos
Muchos analistas han comparado este caso con el de Nevenka Fernández, la exconcejala de Ponferrada que en los años 2000 denunció acoso sexual por parte del alcalde y fue brutalmente estigmatizada.
El patrón es inquietantemente similar:
Comentarios sexuales normalizados.
Aislamiento laboral.
Presión psicológica.
Mensajes de “no hagas ruido”.
Daño reputacional de la víctima.
El contexto político: ¿cortina de humo o crisis real?
Desde el PP se ha insinuado que esta información se publica estratégicamente para “tapar” otros escándalos que afectan al PSOE, como la comparecencia de Paco Salazar en el Senado.
Sin embargo, la subdirectora de El País, Mónica Ceberio, fue clara:
“Publicamos cuando tenemos la información contrastada. El foco de esta historia es una mujer que pidió ayuda a su partido durante meses.”
Reducir el caso a una maniobra mediática no responde a una pregunta fundamental:
¿Por qué nadie en el PP abrió una investigación interna real?
El silencio institucional como forma de violencia
Más allá del debate partidista, este caso reabre una cuestión incómoda para la política española: el silencio institucional como forma de violencia.
No es solo el presunto acoso lo que se denuncia, sino la respuesta del sistema:
Minimizar.
Deslegitimar.
Aislar.
Invisibilizar.
La víctima no fue expulsada formalmente. Fue algo peor: empujada a marcharse.
En 2024, acabó renunciando a su acta. El alcalde, en cambio, sigue en su cargo.
Un incendio político sin extintor
En la Asamblea de Madrid, la oposición exige dimisiones inmediatas. El PP se atrinchera en la presunción de inocencia. Los medios publican nuevas revelaciones. Y la figura de Ayuso queda cada vez más asociada a una idea peligrosa: la de un liderazgo que protege al poder, no a las víctimas.
El daño ya está hecho.
No solo reputacional. También estructural.
Porque el mensaje implícito que deja este caso es devastador para cualquier mujer en política:
Si denuncias, te quedas sola.
Si callas, sobrevives.
Y si te vas, el sistema sigue intacto.
Epílogo: la pregunta que nadie quiere responder
La gran pregunta no es si el alcalde es culpable o inocente. Eso corresponde a la justicia.
La verdadera cuestión política es otra:
¿Por qué un partido que proclama tolerancia cero contra el acoso no activó ninguno de sus mecanismos internos cuando una de sus propias cargos pidió ayuda durante meses?
Y, sobre todo:
¿Cuántos casos similares nunca llegan a publicarse porque las víctimas, simplemente, se rinden antes?
Este no es solo un escándalo del PP.
Es un espejo incómodo de cómo funciona realmente el poder cuando nadie mira.
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