
I. Un accidente que sacudió algo más que los raíles
Cuando el tren Alvia descarriló en el sur de España, nadie imaginaba que, en cuestión de horas, aquella tragedia se convertiría también en un terremoto político y mediático.
Los vagones destrozados, los equipos de rescate trabajando sin descanso, los hospitales desbordados, las familias esperando noticias en un silencio lleno de miedo… Todo ello configuró una escena de duelo nacional. Las cifras oficiales hablaban ya de cerca de cuarenta personas fallecidas y decenas de heridos, mientras seguía abierta la posibilidad de encontrar más víctimas entre los restos del convoy.
En circunstancias así, la política suele retirarse.
O al menos, debería hacerlo.
En las democracias maduras existe una regla no escrita: ante una catástrofe, los partidos suspenden la confrontación y se concentran en tres cosas esenciales: salvar vidas, atender a las víctimas y esclarecer los hechos.
Eso fue exactamente lo que ocurrió, en apariencia, en España.
El Gobierno central, la Junta de Andalucía, los servicios de emergencia, la sanidad pública, los ayuntamientos y las fuerzas de seguridad actuaron de forma coordinada. PSOE y Partido Popular cancelaron sus actos y llamaron a la unidad institucional. Los medios pasaron a cobertura de emergencia.
Se instauró una tregua política.
Pero no todos la respetaron.
II. Vox, el único que rompió el silencio

Mientras el resto del sistema político entraba en días de luto, Vox decidió seguir en campaña.
Apenas unas horas después del accidente, cuando todavía se buscaban víctimas entre los hierros retorcidos, Santiago Abascal publicó en redes sociales:
“No puedo confiar en la acción de este Gobierno. Nada funciona bajo la corrupción y la mentira.”
Al día siguiente, redobló el ataque:
“Nos gobiernan el crimen, la mentira y la traición. Un gobierno mafioso que está llevando al Estado al colapso.”
Sin pruebas.
Sin informes técnicos.
Sin una sola conclusión oficial.
Solo una tragedia… y una ofensiva política inmediata.
III. Cuando la desgracia se convierte en munición
Lo que más indignó a amplios sectores de la sociedad no fue solo la crítica, sino el momento y la forma.
En plena búsqueda de cuerpos, mientras los hospitales luchaban por salvar a los heridos y las familias aguardaban noticias, Vox decidió convertir la tragedia en un argumento contra el Gobierno.
Para muchos analistas, eso cruzó una línea ética fundamental:
la de no utilizar el dolor colectivo como arma política.
Porque cuando se politiza una catástrofe sin datos ni investigación, no se está informando: se está sembrando miedo.
Y el miedo es una herramienta de poder.
IV. El miedo como estrategia
Uno de los mensajes más repetidos por Vox fue que “ya no es seguro viajar en tren en España”. Esa afirmación, sin ningún respaldo técnico, tiene un efecto devastador: mina la confianza de la población en el sistema público y en el propio país.
Es un patrón conocido en los movimientos de extrema derecha: exagerar el peligro, generalizar la inseguridad y presentar al Estado como incapaz.
No importa si es cierto.
Importa si genera angustia.
Y en medio del miedo, el discurso autoritario encuentra terreno fértil.
V. El papel del periodismo
Ante esta situación, varios periodistas y tertulianos subrayaron algo esencial: la prensa no puede ser un simple altavoz de la mentira.
Informar no significa reproducir sin filtro.
Informar es contrastar, contextualizar y desmentir cuando hace falta.
En una democracia, los medios tienen una función crucial: impedir que el bulo se convierta en verdad por repetición.
VI. Una rara unidad institucional
Mientras Vox lanzaba acusaciones, el resto del Estado mostraba una imagen poco habitual de unidad.
El Gobierno de España y la Junta de Andalucía, gobernada por el Partido Popular, comparecieron juntos. Se compartía información en tiempo real y se evitaba cualquier intento de apropiación política.
El presidente del Gobierno fue especialmente cuidadoso: habló del “Estado” y no solo del Ejecutivo.
Una forma de subrayar que la respuesta a la tragedia era colectiva, no partidista.
VII. La lógica electoral de Vox
¿Por qué Vox insistía en su ofensiva?
La respuesta es estratégica.
Con elecciones en Aragón en el horizonte, Vox busca capitalizar el descontento. Ataca al Gobierno, pero también al Partido Popular, con la esperanza de absorber el voto más enfadado y más desconfiado.
En ese contexto, incluso una tragedia se convierte en una oportunidad de campaña.
VIII. Los verdaderos protagonistas
Mientras tanto, la sociedad daba otra lección.
Médicos y enfermeras acudían voluntariamente a los hospitales.
Vecinos donaban sangre.
Equipos de rescate trabajaban sin descanso.
Allí no había banderas ni consignas.
Solo personas ayudando a personas.
IX. Memoria y democracia
España ya ha vivido demasiadas veces la manipulación del dolor: el 11-M, los atentados, los incendios, las catástrofes naturales. La historia ha enseñado a muchos ciudadanos a desconfiar de quienes intentan convertir la tragedia en propaganda.
Y esta vez, la reacción social parece más firme.
X. Una prueba para la democracia
Esta tragedia no solo pone a prueba a las infraestructuras o a los servicios de emergencia.
Pone a prueba la ética política.
Porque una democracia se mide también por cómo se comporta cuando todo se rompe.
España vive días de duelo.
La mayoría de la sociedad ha respondido con solidaridad, respeto y calma.
Una minoría ha optado por el ruido, la sospecha y el ataque.
La historia juzgará qué camino fue el correcto.
Y casi siempre, la historia se pone del lado de quienes respetan el dolor ajeno.
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