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Madrid / Bruselas. El Gobierno de EspaƱa ha situado el ataque contra Venezuela y la posterior captura de NicolĆ”s Maduro en el centro de un debate de enorme calado internacional. Para el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, JosĆ© Manuel Albares, lo ocurrido no es solo un episodio mĆ”s en la larga crisis venezolana, sino un “precedente muy peligroso” que amenaza con erosionar los pilares bĆ”sicos del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial.

En una extensa intervención pública, Albares sostuvo que la operación, anunciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, constituye una acción contraria al derecho internacional, al vulnerar principios esenciales como la soberanía de los Estados, la prohibición del uso de la fuerza y la obligación de resolver las controversias por medios pacíficos. Sin entrar en calificaciones jurídicas cerradas sobre la situación personal de Maduro, el ministro dejó claro que España rechaza de forma inequívoca que la violencia se convierta en una herramienta legítima de política exterior.

Una lĆ­nea roja para el derecho internacional

Desde la perspectiva del Gobierno español, el elemento mÔs preocupante del ataque no es únicamente su impacto inmediato en Venezuela, sino el mensaje que envía al conjunto de la comunidad internacional. Albares insistió en que permitir que una potencia actúe de manera unilateral, al margen de los mecanismos multilaterales, abre la puerta a un mundo regido por la ley del mÔs fuerte.

ā€œCuando se normaliza la vulneración de la soberanĆ­a de un paĆ­s, se estĆ” debilitando el mismo marco que protege a todos los demĆ”sā€, advirtió el ministro. En su argumentación, el respeto al derecho internacional no es una cuestión abstracta, sino la base sobre la que se han sostenido dĆ©cadas de estabilidad, prosperidad y paz, especialmente en Europa.

Liderazgo diplomƔtico de EspaƱa

Albares defendió con énfasis el papel desempeñado por España en las horas posteriores a la operación. Según explicó, Madrid impulsó de forma inmediata dos iniciativas diplomÔticas clave: un comunicado de la Unión Europea y una declaración conjunta con varios países de América Latina. Ambos textos, aseguró, reflejan una posición clara de rechazo al uso de la fuerza y de defensa del orden internacional basado en reglas.

El ministro reconoció que el consenso europeo no siempre permite utilizar el tono mĆ”s contundente posible, pero subrayó que los primeros pĆ”rrafos del comunicado comunitario incorporan de forma explĆ­cita la visión espaƱola. ā€œEuropa habló, y habló con acento espaƱolā€, resumió.

Venezuela: diÔlogo frente a imposición

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La postura de España respecto a Venezuela, recalcó Albares, no ha variado con el paso de los años. Madrid sigue defendiendo que cualquier solución duradera debe surgir de un diÔlogo amplio entre venezolanos, sin imposiciones externas y siempre por vías democrÔticas y pacíficas.

El ministro recordó que la historia reciente ofrece múltiples ejemplos de intervenciones militares que, lejos de traer democracia, han desembocado en caos, violencia e inestabilidad regional. En ese sentido, citó explícitamente el precedente de Irak como una advertencia sobre los riesgos de sustituir el derecho internacional por la fuerza.

El papel institucional tras la captura de Maduro

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Uno de los aspectos mÔs delicados abordados por Albares fue la situación institucional en Venezuela tras la captura de Maduro. España, junto con la Unión Europea, no reconoció las elecciones presidenciales de 2024 debido a la imposibilidad de verificar las actas electorales. Sin embargo, el ministro subrayó que existe un gobierno que ocupa el asiento de Venezuela en Naciones Unidas y en otros organismos internacionales.

De acuerdo con la Constitución venezolana, cuando el presidente queda imposibilitado para ejercer el cargo, la vicepresidenta asume la jefatura del Estado de manera interina. En este contexto, Albares explicó que España se moverÔ dentro de un marco de realismo diplomÔtico, manteniendo canales de comunicación tanto con el gobierno encabezado por Delsy Rodríguez como con la oposición.

Interlocución con la oposición venezolana

El jefe de la diplomacia española confirmó contactos recientes con dirigentes opositores como Edmundo GonzÔlez Urrutia y reiteró la necesidad de que todas las sensibilidades políticas venezolanas participen en un proceso de diÔlogo inclusivo. El objetivo prioritario, señaló, es evitar una confrontación civil y crear las condiciones para una transición pacífica.

España, recordó Albares, tiene un vínculo humano y social profundo con Venezuela. Cerca de 200.000 ciudadanos españoles residen en el país y cientos de miles de venezolanos viven actualmente en España. Esa realidad, añadió, obliga al Gobierno español a actuar con responsabilidad y prudencia.

El concepto de ā€œrearme moralā€

MĆ”s allĆ” de la coyuntura venezolana, Albares situó el debate en un plano mĆ”s amplio. Frente a un contexto internacional marcado por conflictos armados y tensiones geopolĆ­ticas, el ministro defendió la idea de un ā€œrearme moralā€ basado en la defensa de los principios democrĆ”ticos y del derecho internacional.

ā€œNo podemos resignarnos a un mundo en el que la coerción y la fuerza sustituyan a las normasā€, afirmó. Para el ministro, el debilitamiento del orden internacional tiene un reflejo directo en el deterioro de la democracia dentro de los Estados, ya que ambos sistemas se sostienen sobre valores similares: igualdad, legalidad y respeto mutuo.

Estados Unidos y el choque de visiones

Las declaraciones del presidente Donald Trump, que priorizó el acceso a los recursos energéticos venezolanos y relativizó el calendario electoral, evidencian, a juicio del Gobierno español, un choque de visiones sobre el orden mundial. Albares evitó entrar en una confrontación directa con Washington, pero fue claro al señalar que España no comparte ese enfoque.

ā€œEl Gobierno de EspaƱa no puede controlar lo que dicen otros lĆ­deres, pero sĆ­ puede ser coherente con lo que defiendeā€, sostuvo. Esa coherencia, aƱadió, se ha mantenido tambiĆ©n en otros escenarios internacionales como Ucrania y Gaza, donde Madrid ha reiterado su rechazo al uso de la fuerza y su defensa del multilateralismo.

CrĆ­ticas al Partido Popular

En el plano interno, Albares fue especialmente duro con el Partido Popular, al que acusó de instrumentalizar la situación venezolana para el desgaste político del Gobierno. Según el ministro, la posición del PP se sitúa al margen de la línea marcada por la Unión Europea, Naciones Unidas y los principales países latinoamericanos.

Recordó ademÔs que durante la crisis no recibió ninguna llamada de los dirigentes populares, a diferencia de lo ocurrido con otras fuerzas políticas. Para Albares, esa actitud revela una falta de voluntad real de contribuir a una solución constructiva.

Sau Venezuela, Óng Trump cảnh bÔo Colombia | Znews.vn

Zapatero y la mediación internacional

Otro de los puntos de fricción política es el papel del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Albares defendió su labor como mediador, subrayando que su implicación ha sido reconocida en el pasado por distintos actores, incluidos gobiernos del propio Partido Popular y sectores de la oposición venezolana.

En opinión del ministro, centrar el debate en Zapatero responde mÔs a una estrategia de confrontación interna que a un anÔlisis serio de la situación venezolana.

Venezuela, Ucrania y Gaza: una misma lógica

Albares insistió en que la posición de EspaƱa es coherente en todos los escenarios internacionales. ā€œNo es asĆ­ en Venezuela, no es asĆ­ en Ucrania, no es asĆ­ en Gazaā€, afirmó, en referencia al rechazo del uso de la fuerza. Para el Gobierno espaƱol, la defensa del derecho internacional no admite excepciones selectivas.

EspaƱa participarƔ activamente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde ha solicitado intervenir para expresar su postura y promover una respuesta multilateral que evite una escalada mayor.

Un momento decisivo para el orden mundial

El ministro concluyó su intervención alertando de que la comunidad internacional se encuentra ante una disyuntiva histórica. O se refuerza el sistema basado en normas, con la Carta de Naciones Unidas como eje central, o se acepta un retroceso hacia un escenario de confrontación permanente.

ā€œDefender el derecho internacional es defender la democraciaā€, resumió Albares. Para EspaƱa, esa defensa no es solo una cuestión de polĆ­tica exterior, sino una responsabilidad histórica en un momento de mĆ”xima incertidumbre global.