
Cuando la derecha gana… pero empieza a perder
Durante años, el Partido Popular ha construido su estrategia política sobre una premisa aparentemente sencilla: desgastar al Gobierno de Pedro Sánchez hasta provocar un cambio de ciclo inevitable. Elección tras elección, crisis tras crisis, escándalo tras escándalo, la maquinaria de oposición ha funcionado como un martillo constante, repitiendo un mismo mensaje con variaciones mínimas: el sanchismo se agota, el país se deteriora, el relevo es cuestión de tiempo.
Sin embargo, la última encuesta de 40dB para El País introduce una grieta inquietante en ese relato. Porque, aunque el PP volvería a ganar hoy unas elecciones generales, el verdadero protagonista del sondeo no es Feijóo, sino Vox. Y eso lo cambia todo.
Ganar sin avanzar: el espejismo de la victoria
Según los datos, el Partido Popular se mantiene como primera fuerza con un 31,2% de intención de voto. En términos superficiales, es una buena noticia: seguiría siendo el partido más votado de España. Pero hay un matiz fundamental que convierte ese dato en un problema político: es un resultado inferior al que obtuvo el 23 de julio de 2023.
Es decir, tras meses de ofensiva política, desgaste institucional, confrontación mediática y una estrategia de oposición total, el PP no solo no crece, sino que retrocede ligeramente.
En política, eso es una señal de alarma. Porque el objetivo natural de un partido en la oposición no es mantenerse, sino absorber el desgaste del Gobierno y capitalizarlo electoralmente. Y aquí está ocurriendo lo contrario.
Vox: el verdadero beneficiario del desgaste
Mientras el PP se estanca, Vox no deja de crecer. El sondeo sitúa a la formación de extrema derecha en el 18% del voto, su mejor dato histórico en esta serie. Seis puntos más que en las elecciones generales de 2023. Cuatro meses consecutivos de subida.
Pero lo más relevante no es solo el porcentaje, sino su origen:
– Un 17% procede de antiguos abstencionistas.
– Más de un 15% llega directamente desde votantes del PP.
Es decir, Vox no está creciendo al margen del Partido Popular, sino a costa de él.
La paradoja estratégica del PP

Aquí aparece la gran contradicción de la estrategia de Feijóo: el PP ha logrado desgastar al Gobierno, pero ese desgaste no lo está capitalizando él, sino su socio-rival ideológico.
Cada elección autonómica, cada campaña de confrontación, cada discurso de crispación ha funcionado como un trampolín para Vox. El PP construye la escalera… y Vox sube por ella.
En términos de ciencia política, esto es un fenómeno clásico: cuando un partido tradicional adopta los marcos discursivos de la extrema derecha, no neutraliza a la extrema derecha, la legitima.
El efecto marco: cuando copiar el discurso te debilita
El propio Ignacio Escolar lo resume con una idea clave: los partidos no solo siguen a la sociedad, también la moldean. Y cuando el PP asume los marcos culturales, simbólicos y retóricos de Vox, está educando a su electorado en esos códigos.
Frases, gestos, campañas, mensajes simplificados, enemigos internos, discursos de confrontación constante… todo eso puede servir para movilizar a corto plazo, pero tiene un efecto secundario devastador: refuerza al original, no a la copia.
Si el mensaje es “hay que meter a Sánchez en la cárcel”, ¿quién resulta más creíble?
El partido que históricamente fue conservador institucional, o el que vive de la radicalidad permanente.
El problema del “barco que sube”
Hay una regla no escrita en política: los votantes tienden a subirse al barco que parece avanzar más rápido. Y ahora mismo, en el bloque de la derecha, ese barco es Vox.
No importa tanto el candidato, ni el programa, ni la estructura territorial. La ola es lo suficientemente fuerte como para que cualquier perfil funcione. Da igual quién se presente: el crecimiento es estructural.
Eso explica por qué Vox obtiene buenos resultados incluso con candidatos poco conocidos o sin trayectoria sólida. No es un voto personalista, es un voto identitario.
Andalucía: el fantasma que recorre Génova
Uno de los datos más inquietantes para el PP no está en el Congreso, sino en el horizonte autonómico: Andalucía.
Durante años, el PP ha presentado Andalucía como su gran bastión, su modelo de gobierno, su ejemplo de estabilidad. Pero el crecimiento de Vox amenaza directamente esa mayoría absoluta.
Si Vox sigue avanzando, el PP podría verse obligado a depender cada vez más de la extrema derecha para gobernar. Y ahí se produce el dilema central: cuanto más depende de Vox, más se parece a Vox; cuanto más se parece a Vox, más alimenta a Vox.
Un círculo vicioso perfecto.
La trampa del oportunismo
Otro de los elementos que subraya Escolar es la incoherencia estratégica del PP en su discurso institucional. Hoy defiende una cosa, mañana la contraria, según convenga electoralmente.
– Un día: “Debe gobernar la lista más votada”.
– Otro día: gobierna sin ser la más votada.
– Un día: “Sin presupuestos hay que convocar elecciones”.
– Otro día: prorroga los suyos sin problema.
Ese comportamiento transmite una idea peligrosa: que no existe un criterio ético estable, sino un uso instrumental de las reglas del juego.
Y eso erosiona la credibilidad del partido ante un electorado que, precisamente, busca certezas, no oportunismo.
La sustitución: un riesgo real, no una metáfora
Lo más inquietante del análisis no es lo que pasará en 2027, sino lo que puede pasar a medio plazo.
En varios países europeos ya ha ocurrido: la derecha tradicional ha sido desplazada por la extrema derecha tras años de mimetismo discursivo.
No sucede de un día para otro. No es un golpe electoral repentino. Es un proceso lento, casi invisible, pero constante: pérdida de identidad, fuga de votantes, radicalización del marco, debilitamiento del liderazgo.
Hasta que un día el partido descubre que ya no es el referente de su propio espacio ideológico.
Feijóo: liderazgo sin relato

En este contexto, el liderazgo de Feijóo aparece como uno de los puntos más frágiles del PP. No porque esté en crisis interna abierta, sino porque carece de un relato propio potente.
Su discurso se define más por oposición que por propuesta. Más por rechazo al sanchismo que por un proyecto de país reconocible. Y eso lo deja atrapado entre dos fuegos:
– A la izquierda, un Gobierno resistente.
– A la derecha, una extrema derecha en expansión.
Feijóo no pierde por ahora, pero tampoco gana de verdad. Y en política, el estancamiento prolongado suele ser el preludio del declive.
La gran ironía del ciclo político
La ironía es casi perfecta: el PP ha hecho exactamente lo que quería hacer —desgastar al PSOE—, pero ese desgaste no ha reforzado su posición estratégica, sino que ha abierto una autopista para Vox.
Ha debilitado al adversario, sí.
Pero también ha debilitado su propia centralidad.
Y eso convierte el escenario en algo mucho más peligroso que una simple alternancia de poder: un cambio estructural del sistema de partidos en la derecha.
Epílogo: cuando ganar deja de ser suficiente
El verdadero mensaje de la encuesta no es quién ganaría hoy unas elecciones, sino quién está creciendo de verdad.
Porque ganar sin avanzar es perder tiempo.
Y crecer mientras tu socio crece más rápido es perder el control del futuro.
La pregunta ya no es si el PP puede volver a gobernar.
La pregunta es si, cuando lo haga, seguirá siendo el partido dominante de su propio bloque… o solo el trampolín de algo mucho más grande que él.
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