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El día que nunca terminó de explicarse
El 29 de octubre de 2025 no es una fecha cualquiera en la Comunitat Valenciana. Ese día, una DANA de dimensiones históricas provocó una de las mayores catástrofes humanas y materiales en décadas: 229 personas fallecieron, miles lo perdieron todo y la gestión política quedó bajo una lupa que todavía hoy sigue ardiendo.
En el centro de esa lupa aparece un nombre: Carlos Mazón, entonces presidente de la Generalitat Valenciana.
Durante meses, el relato oficial trató de fijar una imagen de control, coordinación y liderazgo. Pero la investigación periodística, impulsada especialmente por ElDiario.es, Ignacio Escolar, Sergi Pitarch y Levante-EMV, ha ido deshilando ese relato hasta convertirlo en una sucesión de lagunas, contradicciones, silencios y horas sin justificar.
Y ninguna de esas lagunas es tan inquietante como la que ocupa una franja de casi una hora en la tarde del 29 de octubre.

El Ventorro: una comida en el centro de la tormenta
Según fuentes contrastadas por ElDiario.es, Carlos Mazón salió del Palau de la Generalitat alrededor de las 15:15 horas, vestido con traje y corbata, tras una reunión con sindicatos y patronal. Su siguiente destino fue el restaurante El Ventorro, en Valencia, donde había quedado con la periodista Maribel Vilaplana.
Hasta aquí, todo entra dentro de lo plausible. Un presidente autonómico puede mantener reuniones privadas, encuentros profesionales o personales. El problema no es la comida. El problema es lo que ocurre mientras el país se ahoga.
A partir de ese momento, la reconstrucción de los hechos se vuelve opaca.
Según los registros telefónicos aportados por la Generalitat a la comisión de investigación, Mazón no realiza ninguna llamada relacionada con la emergencia hasta las 17:37 horas. Es decir, durante más de dos horas desde que comenzó la comida y cuando la DANA ya estaba causando estragos, el presidente permaneció prácticamente desconectado.
Las llamadas que llegan cuando ya es tarde
A las 17:37, Mazón llama por primera vez a Salomé Pradas, vicepresidenta y responsable directa del CECOPI (Centro de Coordinación Operativa Integrada).
Después, se producen más llamadas:
Una relevante alrededor de las 18:20, de unos siete minutos, en la que —según fuentes periodísticas— ya se le traslada que el pantano de Forata está en situación de riesgo.
Y una última llamada, justo un minuto antes de que se envíe el mensaje de alerta masiva a la población valenciana.
Este dato es crucial: si Mazón hablaba con la vicepresidenta justo antes del envío del SMS, es altamente probable que la decisión final de lanzar la alerta pasara por él, pese a que posteriormente se intentó diluir su responsabilidad.
Tarde. Y mal. Pero pasando por su despacho político.
La hora que no existe
Según la versión que inicialmente trasladaron fuentes del entorno de Mazón y de Vilaplana, la comida terminó primero a las cinco de la tarde. Luego, a las seis. Finalmente, la versión “oficial” se fijó en las 19:00 o 19:01 horas.
Hasta ahí, ya hay una inconsistencia llamativa.
Pero lo verdaderamente explosivo viene después.
Mazón y Vilaplana reconocen que él la acompaña al parking de Tetuán, a unos cuatro minutos caminando del restaurante. Allí, según dijeron, mantienen una conversación “larga” y cordial.
Y ahora viene el dato clave:
Dos testigos presenciales aseguran haber visto a Mazón llegar al Palau de la Generalitat a las 19:55.
Es decir, casi una hora después.
Un trayecto que en coche dura entre 10 y 12 minutos se convierte, de repente, en 50 minutos sin explicación.
No hay atasco que lo justifique.
No hay agenda pública.
No hay llamadas.
No hay escolta.
Hay un vacío.
La renuncia a la escolta: una anomalía grave
Uno de los elementos más inquietantes de todo el relato es que Carlos Mazón renunció a su escolta oficial durante ese tramo del día.
Esto es extraordinario.
Un presidente autonómico no suele prescindir de su seguridad en un restaurante. Si se termina la jornada laboral, la escolta acompaña hasta la puerta de casa. No se le dice “ya os podéis ir” en mitad de una comida.
La única explicación habitual para algo así es que el cargo público quiera privacidad absoluta durante un periodo de tiempo.
Y eso, en el día más trágico de su mandato, levanta muchas preguntas.
El misterio del cambio de ropa
Otro dato comprobado por periodistas y documentalistas:
Carlos Mazón entra al Palau vestido de forma distinta a como salió por la mañana.
Por la mañana: traje y corbata.
Por la noche: jersey amarillo, sin americana ni corbata.
¿Dónde se cambió?
Maribel Vilaplana declaró ante la jueza que Mazón se quitó la americana y la corbata en El Ventorro. Pero entonces surge una pregunta elemental:
¿Dónde están esas prendas?
No aparece entrando al Palau con ellas en la mano.
No hay imágenes.
No hay explicación.
Esto refuerza una hipótesis periodística: Mazón pudo haber pasado por su casa, que está a menos de 10 minutos del restaurante.
Él lo niega.
Pero también ha negado otras cosas que luego se demostraron falsas.
El ticket del parking: la prueba que puede cambiarlo todo
El elemento más esperado por los investigadores y periodistas es el ticket del parking de Tetuán.
Todos saben que, una vez pagas el ticket, tienes siete minutos para sacar el coche. Si tardas más, necesitas un segundo ticket.
Maribel Vilaplana declaró que:
Bajó al parking,
Subió a pagar,
Volvió a bajar,
Abrió el ordenador en el coche,
Anotó cosas,
Envió mensajes,
Y luego salió.
Eso abre la puerta a que su salida fuera mucho más tarde de las 19:00.
Si el ticket marca las 19:00, Mazón tendrá que explicar dónde estuvo de 19:00 a 19:55.
Si marca 19:30 o más, el problema ya no es solo de Mazón: también es de Vilaplana.

Un patrón de mentiras
Carlos Mazón ha negado:
Que la comida fuera larga.
Que estuviera incomunicado.
Que se cambiara de ropa fuera del restaurante.
Que pasara por su casa.
Que hubiera lagunas en su agenda.
Pero los hechos van desmontando cada una de esas negaciones.
Como dijo Sergi Pitarch:
“Se atraparon en una estrategia de mentiras. Y en una sociedad abierta eso siempre acaba estallando.”
Una dimisión que no fue por las víctimas
Según múltiples fuentes, Mazón no dimite por los 229 muertos.
Dimite porque la comida del Ventorro y las mentiras posteriores se vuelven políticamente insostenibles.
No por la gestión.
Sino por el engaño.
La jueza y el agujero negro
La magistrada que instruye el caso busca algo muy simple:
saber dónde estaba el presidente autonómico mientras Valencia se inundaba.
Y a día de hoy, nadie puede responderlo con certeza.
Hay una hora en negro.
Un coche sin rastro.
Una escolta ausente.
Un cambio de ropa sin ubicación.
Y llamadas que llegan demasiado tarde.
En una democracia, eso no es un detalle.
Es un escándalo institucional.
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