
PEDRO SÁNCHEZ ARRASA: MOFAS A FEIJÓO, EL PÚBLICO EN PIE Y SACUDIDA A ABASCAL Y VITO QUILES. “¡BRIFÍN!” EL MOMENTO QUE MARCÓ EL CIERRE DE CAMPAÑA EN ZARAGOZA
El cierre de campaña del Partido Socialista en Zaragoza no fue un acto más. Fue, en términos políticos y mediáticos, un auténtico espectáculo de alto voltaje: Pedro Sánchez desplegó un discurso largo, cargado de ironía, datos económicos, ataques directos a la derecha y una puesta en escena que terminó con el público en pie coreando el nombre de Pilar Alegría. Un mitin que mezcló épica electoral, humor corrosivo y un mensaje central: la batalla no es solo contra el Partido Popular, sino contra lo que Sánchez definió como la alianza implícita entre PP, Vox y los “tecnoigarcas”.
Y en medio de todo, una palabra se convirtió en símbolo viral del acto: “Brifín”.
El momento “Brifín”: cuando la burla se convierte en arma política

Uno de los instantes más comentados del mitin llegó cuando Sánchez se refirió a un error cometido por Alberto Núñez Feijóo durante un acto de campaña en Huesca. Según relató el presidente del Gobierno, Feijóo confundió reiteradamente el nombre de una empresa tecnológica, pronunciando “Brifín” en lugar de su denominación real.
Sánchez lo narró con tono irónico:
“Imagínense la escena: los trabajadores todos sentados, el equipo de campaña… y él ahí diciendo ‘Brifín, Brifín, Brifín’ ocho veces. Y la gente sin saber qué hacer para no partirse de risa en su cara”.
La anécdota, aparentemente trivial, se transformó en un misil político. Para Sánchez, ese lapsus no era solo motivo de burla, sino el reflejo de un liderazgo desconectado de la realidad:
“El que no fue presidente porque no quiso… no mete más la pata porque no puede”.
El público estalló en carcajadas. En cuestión de minutos, “Brifín” se convirtió en trending topic y en meme político. Pero más allá del chiste, Sánchez utilizó el momento para subrayar una idea central: la derecha, según su visión, no tiene proyecto, ni claridad, ni credibilidad para gobernar.
Zaragoza como escenario simbólico
No fue casual que este mitin se celebrara en Zaragoza. Aragón se ha convertido en uno de los territorios clave en la pugna política entre bloques. Allí, Pilar Alegría, actual ministra y candidata socialista, es presentada por Sánchez como la figura capaz de frenar el avance de la ultraderecha.
Durante el acto, el nombre de Alegría fue coreado repetidamente por el público:
“¡Presidenta, presidenta, presidenta!”
Sánchez no ocultó que el objetivo del mitin era movilizar al electorado progresista y lanzar un mensaje claro a los indecisos:
“Es muy importante movilizarnos. No quedarse en casa. Porque los votos del PP van a la ultraderecha y los votos de la ultraderecha van al PP”.
La tesis fue contundente: PP y Vox son, en la práctica, dos caras de la misma moneda.
Ataque frontal a Abascal y Vito Quiles
Uno de los bloques más duros del discurso fue el dedicado a Santiago Abascal y al agitador mediático Vito Quiles. Sánchez criticó abiertamente que el Partido Popular haya invitado a este último a actos de campaña, acusándolo de perseguir periodistas y promover discursos de odio.
“Han invitado a este Vito Quiles, este que va persiguiendo a periodistas que no piensan como él y como la ultraderecha”.
Pero el golpe más fuerte vino cuando vinculó estos actos con conciertos de grupos que, según sus palabras, “reivindican el golpe de Estado y la Guerra Civil del 36”.
“Es muy grave lo que está pasando, y lo dicen sin ningún tipo de rubor. No se esconden, se quitan las caretas”.
Aquí Sánchez dibujó un escenario alarmista pero efectivo: una derecha que, en su opinión, legitima discursos extremistas y revisionistas, normalizando ideas que creían superadas en la democracia española.
La emergencia climática como eje moral
Más allá del espectáculo político, Sánchez articuló un discurso de fondo centrado en la emergencia climática. Recordó las recientes inundaciones e incendios que han afectado a distintas regiones de España y Portugal, subrayando la necesidad de un pacto de Estado.
“Es necesario volver a reivindicar la necesidad imperiosa de tener un pacto de Estado frente a la emergencia climática, que haga caso a lo que nos dice la ciencia”.
Para el presidente, no se trata solo de reaccionar ante catástrofes, sino de anticiparse:
“No solamente unirnos en la respuesta, sino anticiparnos y adaptarnos a una realidad climática”.
En este punto, Sánchez introdujo uno de sus marcos discursivos favoritos: la idea de estar “en el lado correcto de la historia”.
“Estamos del lado correcto de la historia cuando defendemos ese pacto de Estado frente a la emergencia climática”.
El mensaje era claro: quien niega el cambio climático niega el futuro de las nuevas generaciones.
Los “tecnoigarcas” y la batalla digital
Uno de los conceptos más repetidos en el mitin fue el de “tecnoigarcas”, una palabra que Sánchez utilizó para referirse a los grandes magnates tecnológicos y a su influencia sobre la información y la política.
“Les decimos a los tecnoigarcas que quiten sus sucias manos de los móviles de nuestros menores”.
El presidente defendió la necesidad de regular el entorno digital, especialmente en lo que respecta al acceso de menores de 16 años a contenidos nocivos:
“Quieren controlar los móviles porque quieren saber lo que leemos y lo que vemos para luego saber y controlar lo que votamos”.
Aquí, Sánchez planteó una narrativa casi épica: la democracia frente al algoritmo, la ciudadanía frente al poder tecnológico.
“Podrán tener mucho dinero, pero no tienen el poder del voto”.
Economía y empleo: el argumento de los datos
Tras el tono combativo, Sánchez pasó a uno de sus terrenos favoritos: las cifras económicas.
Enumeró una batería de logros de su Gobierno:
Subida del salario mínimo interprofesional en un 66%.
Revalorización de las pensiones en más de un 50%.
Reducción de la tasa de paro a menos del 10%.
22,5 millones de personas trabajando.
Más de 10 millones de mujeres empleadas.
Y lo remató con una frase que despertó aplausos:
“Es la tercera vez en 45 años que España baja el paro de los dos dígitos a un dígito, y las tres veces gobernaban los socialistas”.
Incluso se permitió un guiño futbolístico:
“La última vez que ocurrió esto, ganamos la Eurocopa. Este año estamos a las puertas del Mundial. Ahí lo dejo”.
Formación profesional y futuro
Otro de los ejes fue la apuesta por la formación profesional como motor de transformación estructural.
Sánchez anunció la creación de nuevos centros de referencia y destacó que más de 1,2 millones de jóvenes están estudiando FP en España.
“Estamos creciendo económicamente y está reduciéndose la tasa de abandono escolar. Esto no había pasado antes”.
El mensaje era estratégico: ligar crecimiento económico con educación y futuro, en contraposición a un modelo basado en precariedad.
El caso de Móstoles y la hipocresía del PP
Uno de los momentos más duros del mitin llegó cuando Sánchez habló del caso de una exconcejala del PP en Móstoles que denunció acoso sexual por parte del alcalde.
Criticó la reacción de Feijóo y Ayuso:
“Mintieron diciendo que era un caso fabricado. Después dijeron que era acoso laboral, como si eso no fuera grave”.
Y lanzó una acusación directa:
“El Partido Popular amparó al acosador y no estuvo con la víctima”.
Sánchez comparó esta actitud con la del PSOE:
“Nosotros hemos tenido casos y hemos actuado con contundencia. Lo importante no es que existan, sino cómo se responde”.
Aquí la estrategia fue clara: presentar al PP como hipócrita en materia de igualdad de género.
Feijóo, el líder “no autónomo”
En el tramo final, Sánchez dibujó el perfil político de su principal rival:
“Feijóo no es un político autónomo. No actúa porque no quiere que le pase lo que le pasó a Pablo Casado”.
Según Sánchez, Feijóo estaría condicionado por Ayuso y por los equilibrios internos del PP.
En contraste, se definió a sí mismo y a Pilar Alegría como políticos que “no se deben a nadie, solo a la gente”.
El cierre: más derechos y menos derechas
El mitin concluyó con un mensaje clásico, pero eficaz:
“Si queréis más derechos y menos derechas, este es vuestro partido”.
Sánchez agradeció a militantes y votantes, llamó a la movilización y pidió participación masiva en las elecciones.
“No se queden en casa. Cada voto cuenta. La democracia se defiende votando”.
Más que un mitin: una escena de campaña
Lo ocurrido en Zaragoza fue mucho más que un simple acto electoral. Fue una demostración de estilo político: humor, ironía, confrontación directa y una narrativa clara de bloques.
Pedro Sánchez no se limitó a defender su gestión. Construyó un relato:
Él y el PSOE como garantes del futuro, la ciencia, la democracia y los derechos.
Feijóo, Abascal y sus aliados como representantes del pasado, la confusión, el negacionismo y la ultraderecha.
Y en medio de todo, una palabra absurda, casi ridícula, terminó simbolizando el momento: Brifín.
Un error lingüístico convertido en arma política, en meme, en símbolo de una campaña donde la batalla no se libra solo en los programas electorales, sino también en el terreno del relato, la emoción y la viralidad.
Porque en la política del siglo XXI, a veces una sola palabra mal pronunciada puede pesar más que cien discursos perfectamente escritos.
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