I. Cuando España lloraba, ellos calculaban
Mientras España contenía la respiración frente a las imágenes del horror —hierros retorcidos, vagones colgando de un talud, cuerpos atrapados durante horas—, una parte de la política ya estaba haciendo números.
No de víctimas.
No de heridos.
No de familias destrozadas.
Sino de votos.
El accidente ferroviario de Adamuz no solo fue una de las mayores tragedias de los últimos años. Fue también el escenario de una de las operaciones más obscenas de oportunismo político jamás vistas en España.
Y los protagonistas fueron los mismos de siempre: Vox y su aparato de agitación.
II. La reacción del país: unidad, silencio y respeto
La reacción institucional fue inmediata y clara.
El rey canceló su agenda.
Pedro Sánchez suspendió Davos.
Feijóo anuló sus actos.
La reunión entre Gobierno y oposición quedó congelada.
Todos los partidos —sin excepción— expresaron dolor, duelo y respaldo a las víctimas.
Todos, excepto uno.
III. Vox rompió el pacto moral

Apenas dos horas después del accidente, cuando todavía había personas atrapadas bajo toneladas de acero, Santiago Abascal ya estaba disparando.
No pidió cautela.
No pidió respeto.
No pidió tiempo.
Publicó un mensaje insinuando que el Gobierno era incompetente, que no se podía confiar en él, y que solo los servicios de emergencia salvarían a España de la “clase política”.
Era un mensaje sin pruebas.
Sin datos.
Sin investigación.
Pero con un objetivo claro: instalar la culpa antes de que exista la verdad.
IV. El manual de la ultraderecha
Lo que hizo Vox no fue un error. Fue un método.
La ultraderecha opera siempre igual:
Ocurre una tragedia.
Se culpa al Gobierno.
Se siembra desconfianza.
Se destruye la legitimidad del Estado.
No importa si es un virus.
No importa si es una dana.
No importa si es un tren.
La lógica es siempre la misma:
todo sirve para debilitar la democracia.
V. Mientras tanto, en el terreno…
En Adamuz no había propaganda.
Había bomberos cortando acero.
Había médicos haciendo triage.
Había guardias civiles fotografiando cada centímetro de vía.
Había forenses identificando restos humanos.
Y había gobiernos colaborando:
Junta de Andalucía
Gobierno de España
Diputación
Ayuntamientos
Protección Civil
UME
Guardia Civil
Eso es el Estado funcionando.
VI. La mentira de las “incidencias”
Vox y su ecosistema mediático empezaron a repetir una palabra:
“incidencias”.
“Había siete fallos.”
“ADIF lo sabía.”
“Había vibraciones.”
Pero lo que no explican es lo esencial:
Las incidencias son el sistema de seguridad detectando anomalías.
No son pruebas de peligro.
Son pruebas de que el sistema funciona.
Cada aviso activa protocolos.
Cada aviso detiene trenes.
Cada aviso evita tragedias.
Confundir incidencias con negligencia es desinformación.
VII. El dato que lo cambia todo
El ministro Óscar Puente fue claro:
Vía renovada en mayo
700 millones invertidos
Tren de menos de 4 años
Recta de alta velocidad
Tres trenes pasaron antes sin problema
Esto no encaja con ningún patrón habitual de accidente.
Por eso es extraño.
No porque haya conspiración.
Sino porque estadísticamente no debería haber ocurrido.
VIII. La comisión que Vox no puede controlar
La investigación no depende del Gobierno.
Depende de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, creada por ley, independiente y bajo normativa europea.
No responde a Sánchez.
No responde a Puente.
No responde a ningún partido.
Y eso es lo que desespera a Vox.
Porque sin control de la investigación, no pueden controlar el relato.
IX. La indecencia de usar cadáveres como munición
Mientras se levantaban cuerpos con grúas, Vox hablaba de dimisiones.
Mientras se hacía ADN, Vox hablaba de conspiraciones.
Mientras familias buscaban nombres en listas, Vox buscaba culpables políticos.
Eso no es oposición.
Eso es carroña.
X. La diferencia entre patriotismo y rapiña
Había dos tipos de España ese día.
Una España que:
Rescata
Atiende
Colabora
Llora
Y otra que:
Tuitea
Culpa
Miente
Agita
Los primeros son patriotas.
Los segundos son oportunistas.
XI. La verdad llegará
Habrá informe.
Habrá causas.
Habrá responsabilidades si existen.
Pero lo que ya ha quedado claro es algo mucho más grave:
Quién respetó a las víctimas y quién las usó.
XII. Vox quedó retratado
Adamuz no solo dejó vagones rotos.
Dejó al descubierto algo más profundo:
Que hay quien no espera a la verdad.
Porque vive de la mentira.
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