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Lo que debía ser un debate más sobre pensiones terminó convirtiéndose en una de las escenas televisivas más incómodas para el Partido Popular en los últimos meses. En pleno directo, Javier Yélamo frenó en seco un bulo repetido por un joven representante del PP —ya apodado en redes como “el pimpollo del PP”— y dio paso a una pensionista que, con su intervención, desarmó el discurso neoliberal pieza a pieza. El resultado: silencio en plató, tensión política y una ovación que se escuchó más allá de las cámaras.

La escena ocurrió en un programa de debate político que pretendía analizar por qué el Partido Popular había votado en contra de un decreto ómnibus que incluía, entre otras medidas, la revalorización de las pensiones, el bono social eléctrico y protecciones frente a desahucios. Pero el guion se torció desde el primer minuto.


El bulo: “protección a los ocupas”

El joven tertuliano del PP arrancó con un argumento clásico:

“No se puede votar a favor de un decreto que mezcla cosas buenas, como subir las pensiones, con barbaridades como la protección a los ocupas”.

La frase no era nueva. Es uno de los mantras más repetidos por la derecha mediática en España: asociar cualquier política social con el fantasma de la “okupación”, aunque no tenga relación alguna con el texto legal.

Pero esta vez, el bulo no pasó.


Yélamo interviene: “Eso no es verdad”

Javier Yélamo interrumpió el discurso y, con tono firme, hizo algo poco habitual en muchos platós:

leyó el decreto.

Literalmente. En directo. Punto por punto.

Yélamo aclaró que:

El decreto no habla de ocupas.

No suspende desahucios de viviendas habituales.

Las medidas se refieren exclusivamente a personas vulnerables en situación de impago, y solo afectan a grandes tenedores (personas jurídicas o propietarios con más de 10 viviendas).

No se aplica si hay intimidación, actividad ilícita, narcopisos o usurpación violenta.

En otras palabras:
el relato del PP era falso de principio a fin.

“Se puede criticar políticamente que sea un decreto batiburrillo. Pero decir que da carta blanca a los ocupas es mentira. Bulo desmontado”.

Silencio en plató. Literal.


El intento de escape: “¿Por qué no lo llevan solo?”

Acorralado, el tertuliano popular cambió de estrategia:

“Si es tan importante, ¿por qué el Gobierno no lleva la subida de pensiones en un decreto separado?”

La respuesta fue demoledora:

Los decretos ómnibus son habituales en todos los parlamentos.

El propio PP los usó durante el gobierno de Rajoy.

En 2012, el PP aprobó un decreto ómnibus para subir impuestos, recortar ayudas y bajar pensiones.

Es decir:
cuando el PP mezcla medidas antisociales en un solo texto → normal.
cuando el Gobierno mezcla medidas sociales → chantaje político.


Entra la pensionista: el momento que lo cambia todo

Y entonces llegó el momento que convirtió el debate en viral.

Una pensionista, invitada como voz ciudadana, pidió la palabra.

No gritó.
No insultó.
No teatralizó.

Simplemente habló.

Y lo que dijo fue dinamita política.

“Nos estáis diciendo que el sistema es insostenible para justificar que lo privaticéis. Pero no habláis nunca del rescate a los bancos. No habláis del dinero que se fue y nunca volvió. No habláis de que se invierte más en armas que en personas”.

El plató quedó congelado.

La mujer continuó:

“Somos mayores, pero no somos tontos. No aceptamos que nos señalen como un problema social cuando hemos trabajado toda la vida. Queremos saber por qué siempre hay dinero para la banca, pero nunca para nosotros”.

Ovación.
De pie.
Incluido parte del público técnico.


El discurso neoliberal al descubierto

Hasta ese momento, el representante del PP había repetido el guion clásico:

“Las pensiones son insostenibles”.

“Hace falta capitalización”.

“Modelos nórdicos”.

“Hay que trabajar más años”.

“Demasiada presión fiscal”.

Pero la pensionista desmontó el marco entero con una sola idea:

“Cuando decís que no hay dinero, en realidad estáis diciendo que no queréis gastarlo en nosotros”.

Y ahí se rompió el hechizo.

Porque el discurso de la insostenibilidad no es técnico:
es ideológico.

No se trata de números.
Se trata de prioridades.


El momento más incómodo: la palabra prohibida

En mitad del debate, alguien dijo en voz alta lo que normalmente solo se insinúa:

“Lo que quieren es privatizar las pensiones”.

El tertuliano del PP negó.
Pero ya era tarde.

Había mencionado:

Capitalización.

Modelos mixtos.

Pilar privado.

Fondos individuales.

Exactamente el mismo lenguaje que se utilizó en:

Chile.

Reino Unido.

Estados Unidos.

Países donde las pensiones públicas se debilitaron…
y los jubilados acabaron dependiendo de fondos privados expuestos a los mercados.


La gran contradicción del PP

El PP, atrapado en su propia contradicción sobre la regularización

Durante todo el debate, quedó una paradoja brutal:

El Partido Popular dice:

Defender a los pensionistas.

Pero:

Vota contra la revalorización con el IPC.

Vota contra el escudo social.

Vota contra el bono eléctrico.

Vota contra limitar desahucios de grandes tenedores.

Votó en su día por desvincular pensiones del IPC.

Vació la hucha de las pensiones durante el gobierno de Rajoy.

Y luego acusa al Gobierno de “populismo”.


El calvario televisado

Para el joven tertuliano del PP, la noche fue un calvario:

Su argumento central fue desmentido en directo.

Sus cifras fueron cuestionadas.

Su discurso quedó asociado a recortes y privatización.

Y una pensionista lo dejó sin respuesta.

No hubo insultos.
No hubo espectáculo.

Solo una verdad incómoda:
el relato se derrumbó solo.


La escena final: política real

La imagen con la que terminó el programa fue simbólica:

Un político joven, con discurso de think tank.
Una pensionista, con experiencia de vida.
Un moderador leyendo el BOE en directo.

Y una audiencia que, por una vez, vio cómo un bulo moría en tiempo real.

No por ideología.
No por gritos.
Sino por algo mucho más peligroso:

datos, memoria y dignidad.


Epílogo: por qué este momento importa

Este debate no fue solo un rifirrafe televisivo.

Fue un resumen perfecto de la política actual en España:

La derecha habla de miedo: ocupas, quiebra, colapso.

La izquierda habla de derechos: pensiones, vivienda, protección.

Los medios deciden si reproducen el bulo… o lo desmontan.

Y por una vez, ganó la segunda opción.

Una pensionista no cambió una ley.
Pero sí dejó algo claro ante millones de personas:

“El problema no es que no haya dinero.
El problema es para quién hay dinero.”