Masivas mofas ante lo que se ha visto con Cristina Pedroche en las Campanadas: todos comentan lo mismo.
El atuendo de Cristina Pedroche se ha vuelto a convertir en el gran protagonista de las Campanadas 2025-2026 en Antena 3, generando una auténtica avalancha de comentarios.

Por duodécimo año consecutivo, una cifra cargada de simbolismo y casi ritual en la historia reciente de la televisión española, Cristina Pedroche volvió a convertirse en el epicentro absoluto de la Nochevieja.
No hubo reloj que marcara más la medianoche que su aparición en pantalla, ni conversación digital que no terminara girando en torno a su vestido.
Una vez más, y quizá más que nunca, las Campanadas dejaron de ser solo un tránsito de año para transformarse en un acontecimiento cultural, mediático y emocional que trascendió la propia retransmisión.
La expectación era máxima. No solo porque Pedroche cumplía doce años al frente de las Campanadas —un número que ella misma había definido como “mágico”—, sino porque la retransmisión se producía en un contexto inédito: un simulcast simultáneo en Antena 3 y La Sexta.
Dos cadenas, una misma imagen y un fenómeno que ya no pertenece únicamente a una cadena, sino al imaginario colectivo de millones de espectadores. La Pedroche ya no es solo una presentadora; es un acontecimiento anual.
Desde hace más de una década, la vallecana ha logrado algo que parecía imposible en la televisión fragmentada y multiplataforma: convertir su vestuario en una cita ineludible.
Da igual si se la ama o se la critica, si se celebra su audacia o se cuestiona su propuesta estética.
El resultado es siempre el mismo: conversación masiva, viralidad inmediata y una avalancha de memes que inundan redes sociales como X, Instagram o TikTok en cuestión de segundos.
Su vestido no se ve, se comenta. No se analiza, se disecciona. Y ese es precisamente el secreto de su éxito.
Acompañada un año más por Alberto Chicote, con quien ha formado una de las parejas televisivas más reconocibles de las Campanadas, Pedroche ha vuelto a hacer historia.
Juntos lograron durante tres años consecutivos liderar las audiencias frente a RTVE, un hito sin precedentes que rompió la hegemonía histórica de la televisión pública en la noche del 31 de diciembre.
Sin embargo, el año pasado ese liderazgo se perdió en favor de David Broncano y Lalachus, lo que añadió un componente competitivo adicional a esta edición.
La batalla por las audiencias no era menor. RTVE apostó esta vez por Estopa y Chenoa, tras la salida de Andreu Buenafuente y Silvia Abril, mientras Atresmedia confiaba de nuevo en la fórmula Pedroche-Chicote.
Más allá de los datos finales, lo cierto es que Cristina Pedroche volvió a ganar en aquello que mejor domina: el impacto cultural.
Porque si algo ha demostrado en estos doce años es que su vestido importa casi más que el propio cambio de año.
Muchos pensaban que ya lo había hecho todo. Transparencias extremas, mensajes reivindicativos, diseños conceptuales, materiales imposibles y discursos que han ido desde el feminismo hasta la maternidad.
Sin embargo, Pedroche volvió a desafiar las expectativas. Esta vez no hubo una capa tradicional que ocultara el misterio hasta el último segundo, como había ocurrido en años anteriores.
En su lugar, apareció en pantalla con algo completamente distinto: un abrigo-escultura confeccionado a partir de fragmentos reales de todos los vestidos que había lucido en sus Campanadas pasadas.
No era un simple estilismo, era un manifiesto. Un resumen visual de doce años de metamorfosis públicas, de críticas, aplausos, incomprensión y apoyo.
Un collage emocional que condensaba su trayectoria televisiva en una sola pieza.
El vestido con el que debutó en las Campanadas reaparecía convertido en abanico.
Otros fragmentos reconocibles emergían como guiños para los espectadores más fieles. Era, literalmente, la memoria de Cristina Pedroche hecha moda.
Ella misma había advertido días antes, en una entrevista concedida a El Televisero, que no estábamos preparados para lo que venía.
Y no exageraba. La reacción fue inmediata: incredulidad, sorpresa, debate y una explosión de comentarios que confirmaban que, una vez más, había logrado su objetivo. Nadie permaneció indiferente.
Pedroche había anunciado que estas serían sus Campanadas más rompedoras. “Es un número mágico.
Se viene una nueva Pedroche”, adelantó. Y lo que ocurrió en pantalla fue exactamente eso: el cierre de un ciclo.
Tras unos minutos, se desprendió de ese abrigo monumental, casi performativo, para revelar el atuendo final.
Un vestido igualmente construido a partir de piezas reales de años anteriores, cargado de simbolismo y de una fuerte carga emocional.
Entre los elementos más comentados se encontraba la mascarilla que lució en 2020, el año de la pandemia, integrada ahora como recuerdo tangible de un tiempo marcado por el miedo y la incertidumbre.
También reaparecía la cristalería elaborada con su propia leche materna, el material que utilizó en 2024 y que generó un intenso debate sobre maternidad, cuerpo y exposición pública. Nada estaba ahí por casualidad. Cada fragmento contaba una historia.
El resultado final no era solo un vestido, sino una narrativa. Una autobiografía estética que hablaba de evolución personal, de transformación constante y de la presión de exponerse año tras año ante millones de personas. Pedroche no solo se mostraba, se explicaba.
Durante la retransmisión, la presentadora quiso poner palabras a todo ese proceso.
Con la voz visiblemente cargada de emoción, dedicó el vestido a quienes la han acompañado desde aquella primera oportunidad que le cambió la vida.
Reconoció que estas Campanadas habían sido las más difíciles de todas, no por el diseño en sí, sino por lo que implicaba aceptar ese vestido. Una introspección profunda, un sí consciente a un impacto que sabía que iba a ser enorme.
Habló de metamorfosis. Y no era una metáfora vacía. En doce años, Cristina Pedroche ha pasado de ser una presentadora joven y espontánea a convertirse en un símbolo cultural que genera debates sobre feminidad, exposición mediática, libertad estética y límites del espectáculo.
Ha sido cuestionada, ridiculizada y alabada en igual medida. Y aun así, ha seguido adelante, reinventándose cada año.
Ese es quizá el rasgo que mejor define su fenómeno: la constancia en el riesgo.
En un entorno televisivo donde la repetición suele ser sinónimo de éxito, Pedroche ha apostado siempre por el cambio, incluso cuando sabía que ese cambio la situaría en el centro de la polémica.
Ha hecho de las Campanadas un espacio de expresión personal, algo inédito en un formato tradicionalmente conservador.
El impacto en redes sociales volvió a ser arrollador. Memes, análisis, comparaciones con años anteriores y debates sobre el significado del vestido se multiplicaron en cuestión de minutos.
Su nombre se convirtió en tendencia y, como cada Nochevieja, miles de personas que quizá no habían visto las Campanadas acudieron a los clips virales para entender qué había pasado. Eso, en términos mediáticos, es oro puro.
Más allá de la audiencia concreta de esta edición, lo indiscutible es que Cristina Pedroche ha consolidado un fenómeno que va mucho más allá de los números.
Ha conseguido que la moda, la televisión y la conversación social confluyan en un único instante anual.
Ha transformado una tradición centenaria en un evento contemporáneo, capaz de dialogar con su tiempo.
Doce años después, Pedroche cierra un ciclo. No necesariamente el de las Campanadas, pero sí el de una etapa marcada por la acumulación de miradas, expectativas y juicios.
Su vestido de este año no solo mira al futuro, también honra el pasado. Es un punto y aparte, una declaración de intenciones y una despedida simbólica de la Pedroche que hemos conocido hasta ahora.
Si realmente se abre una nueva etapa, como ella misma insinuó, está por verse.
Pero si algo ha quedado claro es que, una vez más, Cristina Pedroche ha logrado lo que parecía imposible: sorprender cuando parecía que ya no quedaba nada por sorprender.
Y en una noche en la que todos miramos al reloj para contar doce campanadas, ella volvió a marcar su propio tiempo.
Avalancha de memes y mofas ante el vestido reciclado de Cristina Pedroche.
En cuanto ha mostrado ambas creaciones a los espectadores de Atresmedia, confeccionadas reutilizando piezas de anteriores atuendos, la marea de reacciones ha sido desorbitada, con miles y miles de mofas y memes que no tienen desperdicio y comparaciones desternillantes:
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