El público dicta sentencia al especial de José Mota en RTVE y hay gran división y una crítica muy repetida.

 

 

 

Como es tradición, La 1 de TVE ha emitido este 31 de diciembre ‘El juego del camelar’, el especial de José Mota en Nochevieja, y la audiencia ha dictado su veredicto.

 

 

 

 

El especial de José Mota en la Nochevieja de La 1 de TVE se ha consolidado, año tras año, como una de las citas televisivas más reconocibles y esperadas del 31 de diciembre.

 

 

No es una exageración afirmar que forma parte del ritual colectivo de millones de hogares que despiden el año con humor, tradición y una sensación de continuidad que pocas propuestas televisivas pueden ofrecer.

 

 

Este 2025 no ha sido una excepción en cuanto a expectativas, pero sí lo ha sido en cuanto a la reacción del público, que ha evidenciado una profunda división en redes sociales y foros de opinión.

 

 

José Mota cumple ya 25 años vinculado a los especiales de Nochevieja, los últimos 15 en solitario, tras una trayectoria que arrancó con Cruz y Raya y que lo convirtió en uno de los humoristas más influyentes y reconocibles de la televisión española.

 

 

Sus especiales no solo han sido líderes de audiencia en numerosas ocasiones, sino que también han marcado estilo y época, reflejando —con mayor o menor acierto— el pulso social, político y cultural del país en cada momento.

 

 

Los datos del año anterior avalaban la confianza de RTVE en el formato. El especial de 2024 firmó un arrollador 31,8% de cuota de pantalla y una media de 3.586.000 espectadores, con una subida de más de cuatro puntos respecto al año anterior.

 

 

Fue el mejor dato desde 2018 y el especial más visto en miles desde 2020, cifras que consolidaron a José Mota como uno de los grandes valores seguros de la cadena pública en una noche tan competitiva.

 

 

Con ese respaldo, la expectación para este 2025 era máxima. Bajo el título El juego del camelar, el nuevo especial apostó por una parodia de gran formato inspirada en el fenómeno global de Netflix El juego del calamar.

 

 

La idea central era clara: trasladar la lógica despiadada de la competición coreana al universo de la política española, sustituyendo el dinero por sufragios electorales y convirtiendo la lucha por la supervivencia en una batalla por conservar la “vida política”.

 

 

En el universo planteado por Mota, los políticos —interpretados por el propio humorista y su elenco de colaboradores— debían superar pruebas absurdas y surrealistas para no ser eliminados, con una urna repleta de un millón de papeletas como gran botín final. Juegos como el de los escaños, la comba o una versión muy particular del escondite inglés, rebautizada como “Un, dos, tres, te imputo otra vez”, articulaban una narrativa que mezclaba sátira, crítica política y humor grotesco.

 

 

 

Fiel a su estilo camaleónico, José Mota volvió a desplegar su capacidad para transformarse en decenas de personajes, apoyándose en un humor muy físico, reconocible y cargado de guiños a la actualidad.

 

 

En un año marcado por una polarización política extrema, escándalos judiciales, desgaste institucional y un clima de desafección creciente, el especial decidió abrazar sin complejos la parodia política como eje vertebrador.

 

 

Para ello, Mota se rodeó de un amplio plantel de colaboradores habituales y rostros conocidos del humor español.

 

Santiago Segura, Manuel Tallafé, Javier Losán, Agustín Jiménez, el Mago More, Pep Plaza, Inés de Miguel, Marta González de Vega o Alba Munuera participaron en un desfile constante de sketches, personajes y situaciones que buscaban mantener un ritmo alto y una sensación de espectáculo continuo.

 

 

No faltaron las parodias de actualidad más inmediata. Rosalía apareció visitando el plató de Jimmy Fallon en una versión exagerada y caricaturesca; Donald Trump fue retratado recibiendo a los Reyes Magos en el Despacho Oval; el ministro Óscar Puente se convirtió en protagonista de varios gags relacionados con las averías y retrasos ferroviarios; y el humor viró incluso hacia el cine de terror, con referencias a personajes como la tía Gladys o el payaso de IT.

 

 

 

El retrato del panorama político fue amplio y transversal. Yolanda Díaz, Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso o Gabriel Rufián tuvieron su reflejo humorístico, en una clara voluntad de no dejar fuera a ninguna de las grandes figuras del tablero político.

 

 

Incluso la judicatura, muy presente en la actualidad de 2025 tras decisiones judiciales polémicas y sentencias mediáticas como la condena al ex fiscal general del Estado, tuvo un espacio destacado en el especial.

 

 

Junto a los nuevos colaboradores, regresaron también nombres míticos del universo Mota, como Paco “El Aberroncho” Collado, Jaime Ordóñez, Carmen Santamaría, Javier Quero, Federico de Juan, Marcos Ortiz, Sayago Ayuso, Leticia López, Dulcinea Juárez, Marta de Pablo o Raúl Cano.

 

 

Una combinación que buscaba apelar tanto a la nostalgia del espectador fiel como a la renovación del formato.

 

 

Sin embargo, lo que sobre el papel parecía una apuesta sólida y coherente con la trayectoria del humorista, se encontró con una reacción del público mucho más crítica de lo habitual.

 

Desde el mismo momento de su emisión, El juego del camelar se convirtió en uno de los temas más comentados en redes sociales, donde la división de opiniones fue evidente.

 

 

Una parte significativa de la audiencia expresó su decepción por lo que consideraron un exceso de política en el humor.

 

Muchos espectadores señalaron que el especial resultaba más flojo que ediciones anteriores y que la insistencia en la sátira política terminaba siendo repetitiva y agotadora.

 

El mensaje antipolítica que, según algunos usuarios, atravesaba el programa de principio a fin, fue uno de los puntos más cuestionados.

 

 

“Impropio de la televisión pública. Se puede hacer humor sobre política con muchas otras cosas”, escribía un espectador, reflejando un malestar compartido por quienes consideran que RTVE debería ofrecer una mirada más plural y menos insistente en determinados enfoques.

 

Otros fueron aún más contundentes al comparar el especial con otros contenidos emitidos esa noche en La 1.

 

 

“Pasar del #TDResumen2025 de Carlos del Amor, que ha sido una obra de arte audiovisual y de guion, a #MotaRTVE, rancio y con los chistes cuñados de siempre, ha sido pasar del siglo XXI al XX”, sentenciaba otro usuario, en un comentario que se viralizó rápidamente y que resume bien una de las críticas más repetidas: la sensación de que el humor de José Mota empieza a percibirse como desfasado para una parte del público.

 

 

Las palabras “rancio” y “caduco” se repitieron con frecuencia en los comentarios negativos, evidenciando un choque generacional y de expectativas. Incluso espectadores que se declaraban seguidores históricos del humorista mostraron su cansancio.

 

 

“Sigo a José Mota desde Cruz y Raya, en ‘¿Pero esto qué es?’. Me ha encantado siempre. Se está haciendo bola ya el tema del político.

 

Hasta los mismos cojones de lo mismo año tras año. Voy a ponerme algo en YouTube. Aburre ya el politiqueo”, confesaba una televidente, poniendo voz a un sentir muy extendido.

 

 

No obstante, también hubo defensores del especial que valoraron positivamente la valentía de abordar la actualidad política sin tapujos y de utilizar la sátira como herramienta crítica.

 

Para estos espectadores, el humor de Mota sigue cumpliendo una función esencial: reírse del poder, señalar contradicciones y reflejar el absurdo de la realidad política española.

 

Algunos destacaron además el enorme trabajo de producción, maquillaje y caracterización, así como la capacidad interpretativa del elenco.

 

 

La polémica, en cualquier caso, pone de manifiesto un debate más profundo sobre el papel del humor político en la televisión pública y sobre los límites de un formato que lleva un cuarto de siglo en antena.

 

La sociedad ha cambiado, los códigos de consumo audiovisual son otros y la fragmentación de audiencias hace que cada propuesta sea juzgada con mayor severidad.

 

 

Para RTVE, el especial de José Mota sigue siendo una apuesta segura en términos de visibilidad y tradición, pero la reacción de este año podría servir como aviso.

 

La fidelidad del público no es incondicional y el desgaste de fórmulas repetidas comienza a notarse incluso en los grandes clásicos.

 

La pregunta que muchos se hacen es si el formato necesita una renovación profunda o si, por el contrario, su valor reside precisamente en mantenerse fiel a un estilo reconocible, aunque eso implique asumir críticas.

 

 

Lo cierto es que El juego del camelar ha vuelto a situar a José Mota en el centro del debate cultural y televisivo de la Nochevieja.

 

Ha generado conversación, ha polarizado opiniones y ha demostrado que, 25 años después, su humor sigue siendo capaz de provocar reacciones intensas.

 

En una noche marcada por grandes apuestas musicales, especiales emotivos y una competencia feroz por la atención del espectador, el especial de Mota ha cumplido, al menos, con una de las máximas del entretenimiento: no dejar indiferente a nadie.

 

 

El tiempo dirá si esta división es un síntoma pasajero o el reflejo de un cambio de ciclo.

 

De momento, José Mota sigue siendo una figura clave de la Nochevieja televisiva en España, aunque quizá, por primera vez en muchos años, una parte significativa de su público se pregunta si ha llegado el momento de reinventar el humor con el que se despide cada año.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No obstante, ha habido división, lo que se suele llamar como las dos Españas.

 

Por ello, también se ha manifestado la parte del público que sí ha quedado rendida a ‘El juego del camelar’ de José Mota y, en particular, a alguno de los sketches realizados, como la parodia de Donald Trump o la de Expresso Macchiato, la canción de Estonia en Eurovisión 2025 que tanto revolucionó.