Arguiñano se refiere en estos términos a Buenafuente y Berto Romero tras ‘reventar’ los secretos de su programa en Antena 3.
Karlos Arguiñano ha respondido a Buenafuente y Berto Romero, quienes en su programa de la SER desvelaron los secretos de ‘Cocina Abierta’

Hay un tipo de “polémica” que en España dura lo que tarda en salir del horno… y que, aun así, deja un regusto buenísimo. No porque sea bronca, sino porque es ese cruce perfecto entre tres cosas que nos encantan: televisión, humor y cocina. Esta semana, el menú lo sirvieron Karlos Arguiñano, Andreu Buenafuente y Berto Romero con un ingrediente estrella: los “secretos” de Cocina Abierta.
La historia arranca en la Cadena SER, en Nadie sabe nada, donde Buenafuente y Berto —en su estilo de improvisación y cachondeo quirúrgico— comentaron cómo se graba el programa de Arguiñano en Antena 3 y soltaron una observación que cualquiera que haya visto un espacio de cocina en televisión ha pensado alguna vez: “¿Cómo puede meter algo al horno 30 minutos… y a los 10 segundos ya lo está sacando?”. Spoiler: no es magia. Es tele.
Y lo gracioso es que el propio Arguiñano no solo no se enfadó, sino que aprovechó su programa del miércoles 1 de abril para responderles en directo, con ese tono suyo de “te lo explico riéndome” que lleva décadas funcionando.
Justo cuando iba a meter unos pimientos al horno, miró a cámara y soltó algo así como: “Me estoy acordando ahora de Buenafuente y Berto Romero… son dos grandes… me imitan y bastante bien, por cierto. Yo mismo me suelo reír de cómo me imitan”.
Ahí ya estaba el titular emocional: Arguiñano no se defiende, se suma al chiste. Y eso, en televisión, es oro. Porque desactiva cualquier conato de drama y lo convierte en complicidad pública.
Luego entró al detalle del comentario que había escuchado (o que creyó haber escuchado). Arguiñano, entre risas, recordó que “el otro día decía Berto Romero que su abuelo decía…” y repitió la idea: que “este hombre lo saca todo crudo”, que mete algo al horno y “a los 10 segundos” lo saca, así “tiene que estar crudo”. Y remató con el gesto que deja claro el tono real: “Les mando saludos cariñosos”.
Solo que aquí viene la mini-vuelta de tuerca (la salsita): según lo que se cuenta, Arguiñano confundió el origen del mensaje. No era exactamente “el abuelo de Berto” hablando, sino un texto que habían sacado de la urna en Nadie sabe nada, enviado por una persona anónima, y que Buenafuente leyó imitando a Arguiñano.
Es un detalle pequeño, pero es el tipo de detalle que hace que esto sea aún más simpático: ni siquiera hace falta precisión milimétrica cuando el espíritu es el correcto.
Arguiñano entendió el chiste, lo devolvió con cariño… y se permitió una confusión humana en el camino. Cero agresividad, cero “yo no hago eso”, cero indignación impostada. Simplemente: “me hacen gracia, y yo también me río”.
Ahora, ¿qué fue lo que “reventaron” Buenafuente y Berto, exactamente?
En Nadie sabe nada, Buenafuente explicó que a veces va a ver el programa y que es “alucinante el engranaje” que tienen montado: “muy sencillo, pero con mucha gente y dinámicas”.
Y soltó el dato que en cualquier rodaje de cocina es casi norma no escrita: hay un cocinero cocinando todo lo que va a cocinar Karlos (o, dicho de forma más técnica, un apoyo culinario que va preparando versiones en distintos puntos de la receta).
Buenafuente lo planteó como algo obvio, incluso inocente: “Yo creo que con esto no desvelo nada”. Pero Berto, siempre oliendo el peligro cómico, le advirtió: “A lo mejor te estás metiendo en un lío”. Y remató con una frase imitando a Arguiñano que ya viene con etiqueta de clip viral: “El cabrón de Andreu me jodió”.
Ahí está el corazón del asunto: el “secreto” no es un secreto turbio. Es logística televisiva. Si en pantalla alguien dice “esto al horno 30 minutos”, la tele no puede permitirse parar 30 minutos de grabación para mirar cómo pasa el tiempo.
Se hace lo que se hace en todos los programas de cocina: se graban pasos, se usan preparaciones en distintos estados, se intercala, y se mantiene el ritmo para que el espectador aprenda la receta sin morir de aburrimiento viendo un horno cerrado.
Buenafuente, además, añadió otro detalle amable: que los platos no se desperdician, porque después suelen terminar en manos del equipo y comen todos juntos.
Entonces, ¿por qué esto está circulando tanto?
Porque toca un punto sensible y divertido a la vez: mucha gente cree que los programas de cocina son “en directo emocional”, como si todo ocurriera linealmente. Y cuando alguien explica el truco —que no es trampa, es edición y producción—, el público siente dos cosas simultáneas:
Un mini “¡ajá!” (con razón salía tan rápido del horno).
Y un “me da igual, lo sigo viendo” (porque Arguiñano no se ve falso, se ve ágil).
De hecho, la respuesta de Arguiñano refuerza justo eso: la autenticidad no es que el horno esté 30 minutos en tiempo real. La autenticidad es que él cocina de verdad, lo cuenta bien, entretiene, y no te toma por tonto. El espectador sabe que hay cortes. Lo que quiere es que le expliquen la receta con claridad y que el programa tenga ritmo.
Y aquí hay un matiz que juega a favor de todos: Buenafuente y Berto no “denuncian” nada; lo cuentan con humor y admiración por el engranaje. Arguiñano no se “defiende”; les manda cariño y se ríe de las imitaciones. Resultado: una cadena perfecta de entretenimiento cruzado entre radio y tele. Un crossover muy español: te ríes en la SER y lo rematas en Antena 3 con pimientos al horno.
Si alguien esperaba una guerra de egos, se quedó sin postre. Lo que hubo fue otra cosa, más rara y más agradable: tres profesionales entendiendo el juego, respetándose y alimentando la broma para que el público se lo pase bien.
Y sí: probablemente esos pimientos no estuvieron solo “10 segundos” en el horno… pero el chiste, desde luego, salió en su punto.
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