Baldoví hace sangre del “ridículo estratosférico” del PP con Trump y Maduro.

 

 

 

El síndic de Compromís ha ironizado sobre el giro del Partido Popular ante la intervención de Estados Unidos en Venezuela.

 

 

 

 

 

La crisis abierta en Venezuela tras la intervención de Estados Unidos y la detención de Nicolás Maduro no solo está reconfigurando el tablero político internacional, sino que también está provocando ondas expansivas en la política española.

 

 

Lo que en un primer momento parecía un posicionamiento relativamente claro de los principales partidos ha derivado, en cuestión de horas, en un escenario de contradicciones, matices forzados y mensajes cruzados que están siendo utilizados como munición política en el debate interno.

 

En ese contexto, una de las voces que ha irrumpido con mayor contundencia ha sido la de Joan Baldoví, síndic de Compromís en Les Corts Valencianes.

 

 

Baldoví no ha tardado en aprovechar lo que considera una incoherencia evidente del Partido Popular para lanzar una crítica demoledora que ha corrido como la pólvora en redes sociales.

 

Su mensaje, breve pero cargado de ironía, ha resumido el sentir de una parte de la izquierda y del nacionalismo valenciano ante el giro discursivo de Génova: “¿Dudas? De lo que no hay duda es del ridículo estratosférico que está haciendo el PP”.

 

Una frase que, en pocas palabras, encapsula una acusación muy concreta: falta de coherencia, improvisación y dependencia de intereses ajenos.

 

El comentario de Baldoví no surge en el vacío. Llega después de que la dirección nacional del Partido Popular haya comenzado a matizar su respaldo inicial a la actuación de Estados Unidos en Venezuela.

 

En las primeras horas tras conocerse la detención de Nicolás Maduro, el discurso popular fue claro y contundente: se trataba de una “buena noticia para cualquier demócrata”.

 

Una afirmación que conectaba con la línea mantenida durante años por el PP respecto al régimen chavista, al que ha calificado reiteradamente de dictadura.

 

Sin embargo, conforme avanzaban las horas y se multiplicaban las reacciones internacionales, el mensaje empezó a cambiar.

 

Desde Génova se introdujo un nuevo elemento que hasta entonces no había aparecido con tanta claridad: la duda sobre la legalidad de la intervención.

 

Fue la vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP, Cuca Gamarra, quien verbalizó ese matiz al reconocer públicamente que existen “dudas sobre si se ha infringido el Derecho Internacional” con una operación militar en suelo venezolano.

 

 

Ese reconocimiento, aparentemente técnico y prudente, ha sido interpretado por Compromís como una rectificación forzada y poco creíble.

 

Para Baldoví, no se trata de una reflexión serena, sino de un intento de corregir sobre la marcha un discurso que chocaba frontalmente con la posición de la Unión Europea y con los principios básicos del derecho internacional que el propio PP dice defender.

 

 

 

 

La crítica va más allá de una simple discrepancia política. Baldoví apunta directamente a lo que considera el núcleo del problema: la incapacidad del Partido Popular para mantener una posición autónoma en política internacional cuando entran en juego figuras como Donald Trump.

 

A juicio del dirigente valenciano, el PP se encuentra atrapado entre dos fuegos. Por un lado, una afinidad ideológica evidente con el expresidente estadounidense y con su visión unilateral de las relaciones internacionales.

 

Por otro, la necesidad de no desmarcarse abiertamente de la línea marcada por Bruselas, que insiste en una transición democrática en Venezuela liderada por la oposición y respetuosa con la legalidad internacional.

 

 

Esa tensión se ha reflejado en las declaraciones posteriores de los dirigentes populares. Aunque el PP sigue defendiendo la detención de Maduro como un paso necesario para “acabar con el mal”, en palabras de algunos de sus portavoces, ha querido dejar claro que no respalda una transición encabezada por Delcy Rodríguez.

 

En su lugar, el partido insiste en que el liderazgo del nuevo proceso político debería recaer en Edmundo González y María Corina Machado, a quienes consideran ganadores legítimos de las elecciones de julio de 2024.

 

 

Esta posición intermedia, que intenta combinar el aplauso a la caída de Maduro con la cautela jurídica y el respaldo a la oposición venezolana, es precisamente la que Baldoví ridiculiza.

 

Desde su punto de vista, el PP pretende contentar a todos sin asumir las consecuencias de ninguna postura clara.

 

Apoyar una intervención extranjera y, al mismo tiempo, expresar dudas sobre su legalidad es, para Compromís, una contradicción difícil de sostener.

 

El mensaje de Baldoví ha tenido un eco inmediato en redes sociales, donde ha sido compartido y comentado miles de veces. No solo por simpatizantes de Compromís, sino también por usuarios que ven en este episodio un ejemplo más de la ambigüedad del PP en asuntos internacionales complejos.

 

La etiqueta de “ridículo estratosférico” ha calado porque conecta con una sensación extendida: la de un partido que reacciona más a los movimientos de Washington que a una estrategia propia basada en principios claros.

 

 

Desde el Partido Popular, sin embargo, defienden que su postura es coherente y responsable.

 

Según Cuca Gamarra, reconocer dudas sobre el respeto al derecho internacional no implica retirar el apoyo a la detención de un dictador, sino actuar con prudencia y rigor.

 

“Sobra tiempo para analizarlo”, afirmó, insistiendo en que esas dudas deberán ser despejadas conforme se conozcan más detalles de la operación.

 

Este argumento no convence a Baldoví ni a otros dirigentes de la oposición.

 

Para ellos, la cuestión no es el tiempo, sino la credibilidad. Señalan que si el PP estuviera realmente comprometido con el derecho internacional, habría planteado esas dudas desde el primer momento, en lugar de hacerlo después de que surgieran críticas y matices desde otros ámbitos políticos y diplomáticos.

 

 

La controversia también revela una fractura más profunda en la política española respecto a Venezuela. Mientras algunos partidos celebran sin reservas la caída de Maduro, otros alertan del peligro de normalizar intervenciones militares extranjeras, incluso contra regímenes autoritarios.

 

En ese debate, el PP intenta mantener una posición que le permita capitalizar el rechazo al chavismo sin quedar alineado de forma explícita con una estrategia estadounidense que genera recelos en Europa.

 

 

Para Compromís, esa ambigüedad no es una virtud, sino una debilidad. Baldoví sostiene que un partido que aspira a gobernar España debería ser capaz de articular una política exterior propia, basada en la defensa de la democracia, sí, pero también en el respeto estricto al derecho internacional y a los mecanismos multilaterales.

 

En su opinión, el PP actúa como un actor reactivo, pendiente de no incomodar a sus referentes ideológicos internacionales.

 

 

El trasfondo de esta polémica es, además, el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo. Aunque el presidente del PP no ha sido el protagonista directo de las declaraciones, su nombre aparece inevitablemente asociado a las decisiones de Génova.

 

Para Baldoví, este episodio refuerza la imagen de un liderazgo que evita definiciones claras en los asuntos más delicados, optando por mensajes calculados que, en ocasiones, acaban resultando incoherentes.

 

 

Mientras tanto, la situación en Venezuela sigue evolucionando a gran velocidad. La detención de Maduro, su comparecencia ante la justicia estadounidense y el juramento de Delcy Rodríguez como presidenta encargada han abierto un escenario de enorme incertidumbre.

 

La comunidad internacional observa con atención, consciente de que las decisiones que se tomen en las próximas semanas marcarán el futuro del país y la estabilidad de la región.

 

 

En España, el debate continúa. Las palabras de Baldoví han añadido presión sobre el Partido Popular y han reavivado una discusión más amplia sobre el papel del país en el escenario internacional.

 

¿Debe España alinearse sin matices con las decisiones de Estados Unidos? ¿Debe priorizar el respeto al derecho internacional incluso frente a regímenes autoritarios? ¿O es posible encontrar un equilibrio real entre ambos principios?

 

 

Por ahora, lo único claro es que la crisis venezolana ha puesto en evidencia las costuras del discurso político español.

 

Y que, como suele ocurrir en estos casos, las redes sociales se han convertido en el escenario principal donde se libran las batallas de relato.

 

En ese terreno, Joan Baldoví ha logrado lo que buscaba: centrar el foco en las contradicciones del PP y obligarlo a dar explicaciones. El debate, lejos de cerrarse, acaba de empezar.