50 años después vemos la proclamación de Juan Carlos I a través de los ojos de un estudiante de periodismo de la época: “Lo llamábamos “el breve” porque pensábamos que duraría un par de años nada más”.

 

 

 

 

Charlamos con Jesús Riesco, hoy periodista jubilado y entonces estudiante de la Complutense sobre cómo se vivió el histórico hito del nombramiento de Juan Carlos I.

 

 

 

 

 

 

 

El 22 de noviembre de 1975, Juan Carlos I asumía la jefatura del Estado jurando los principios del movimiento.

 

 

 

Hace ahora 50 años España entraba sin saberlo muy bien en el episodio que terminaría por consolidar la democracia en nuestro país.

 

 

El 20 de noviembre de 1975 moría el dictador que durante cuatro décadas alejó al país de cualquier anhelo democrático.

 

 

Dos días más tarde, ante las cortes generales franquistas, Juan Carlos I, hasta ese momento Príncipe de España, juraba los principios de movimiento a la vez que asumía su proclamación como heredero a título de Rey de Francisco Franco.

 

 

Aquel momento era el punto de partida de los años más complejos del reinado de Juan Carlos: cómo navegar en las aguas de la dictadura para llegar al puerto de la democracia.

 

 

Los pasos que siguieron a aquel momento histórico fueron lentos pero decididos; la disolución de las cortes, el nombramiento de Suarez, promulgar una ley de partidos, la legalización del partido comunista, todo sumó para llegar al puerto de las primeras elecciones democráticas de nuestra historia reciente.

 

 

Ahora, todo aquello parece oculto bajo la nebulosa de un reinado poco edificante, cubierto por el espeso manto de todas las veces que la ejemplaridad dejó paso al individualismo de la mano del Emérito.

 

 

Sorprendentemente parece que las rentas de transición no son suficiente para satisfacer la deuda de los agravios democráticos de un Rey que ahora ve desde la barrera cómo se conmemora el inicio de su reinado.

 

 

Para poder rememorar este relato de nuestro último medio siglo de historia con los ojos de quien lo vivió en primera persona, hablo con el periodista jubilado Jesús Riesco, que vivió aquellos días en la Complutense de Madrid como un estudiante deseoso de democracia y escéptico del futuro.

 

 

 

 

Juan Carlos I acompañado de la Reina Sofía en día de su proclamación, el 22 de noviembre de 1975.

 

 

 

La facultad tomada por los grises.

 

 

El 22 de noviembre de 1975 los estudiantes de periodismo de la Complutense veían con un cierto desinterés aquel nombramiento del heredero del dictador “la facultad en aquel momento era conocida como el bunker, había movimientos de izquierda que ocupaban todo el espectro desde los más extremistas a los más moderados y se decía que en cada clase había un policía de la brigada político-social infiltrado”.

 

 

 

Riesco recuerda ver la proclamación de Juan Carlos, pero “nosotros creíamos que nombraría a un franquista como Fraga o Areilza como presidente del Gobierno y tampoco teníamos demasiadas esperanzas de nada, tampoco sabíamos muy bien quién era aquel señor que se convertía en Rey”.

 

 

 

En aquel 75 nuestro protagonista no recuerda un día en el que no hubiera una manifestación en el Campus, lo más normal era que se interrumpieran las clases por este hecho.

 

 

“Los grises a caballo estaban siempre en la facultad, había asambleas y manifestaciones mañana y tarde”.

 

 

 

La sorpresa para los estudiantes llegó “cuando el Rey nombró a Suárez, eso sí que nos dejó descolocados, ahí pensé por primera vez que quizás podría ocurrir algo diferente a partir de ahí”.

 

 

En las asambleas que se convocaban mañana y tarde en las facultades las consignas eran claras “amnistía y democracia era lo que se repetía todo el rato, el verdadero debate era cómo llegar a esas dos aspiraciones finales”.

 

 

 

Jesús Riesco recuerda divertido que “les tirábamos canicas de las gordas a los pies de los caballos de los grises”.

 

 

Charlando con él tengo la sensación de que el inicio de nuestra democracia tuvo mucho de lo que aquí me cuenta Jesús, la locura de una juventud que se reivindicaba sin pensar en consecuencia alguna.

 

 

 

Juan Carlos el breve, heredero de un destino “atado y bien atado”.

 

 

En aquel noviembre del 75 muchos de los que veían cómo Juan Carlos I asumía la jefatura del Estado nunca pudieron llegar a pensar que lo hacía para ocuparla durante cuarenta años.

 

 

“Comenzamos a llamarlo Juan Carlos el breve, estábamos convencidos de que no duraría nada”.

 

 

Y es que este apodo, más que un deseo o una profecía por cumplirse era el pensamiento lógico de quien no había conocido otra cosa.

 

 

 “Date cuenta de que, aunque tuviéramos algún tipo de anhelo de que las cosas cambiaran, de que llegara la democracia, no habíamos conocido otra cosa que una dictadura militar”.

 

 

En las cabezas de todos resonaba aquel “atado y bien atado” sobre cómo el dictador había dejado programado el futuro de España.

 

 

Lo que ocurrió después ya todos lo sabemos, pero “entonces no se hablaba de transición, se hablaba de si iba a haber ruptura con el franquismo o no” porque, aunque ahora sabemos que era posible “nos resultaba casi increíble pensar que aquel señor que juraba los principios del movimiento los haría añicos poco después”.

 

 

 

Y es que, “cuando se nombra heredero a Juan Carlos, la gente pensaba que iba a durar un año o dos, o que iba a haber una revolución o en la calle manifestaciones y que iba a abdicar y se iba a ir a su casa”.

 

 

 

Ahora, con el juicio del tiempo y con el conocimiento de la fotografía de su reinado casi al completo, aquel estudiante de periodismo que hoy es ya un jubilado me confiesa “su reinado ha sido un desastre” y me sorprende en su rotundidad que no hay atisbo de benevolencia por su papel en aquellos días.

 

 

“Lo mejor de Juan Carlos es su hijo, Felipe VI, de quien puedo decir que es mucho mejor que su padre”.