Muere José Bisbal Carrillo, padre de David Bisbal a los 84 años.

 

 

El artista había hablado abiertamente de la enfermedad que sufría su padre. El almeriense padecía Alzhéimer, problema de salud que había cambiado la vida de todo su entorno.

 

 

 

 

David Bisbal confiesa que su padre, José Bisbal, enfermo de Alzheimer, ya no reconoce a nadie de la familia.

 

 

Hay noticias que caen como un golpe seco, silencioso, de esos que no hacen ruido pero dejan huella.

 

No hay focos, no hay escenarios ni aplausos, solo un vacío que se instala despacio y obliga a detenerlo todo.

 

Así ha sido la muerte de José Bisbal Carrillo, padre de David Bisbal, un hombre que durante décadas fue fuerza, carácter y orgullo, y que ahora se marcha dejando una historia profunda, humana y llena de matices que va mucho más allá de ser “el padre de”.

 

José Bisbal Carrillo ha fallecido en Almería a los 84 años. Lo ha adelantado La Voz de Almería y la información ha sido confirmada por la familia del artista.

 

David Bisbal, fiel a su manera de vivir lo importante, ha optado por el silencio. No ha publicado mensajes, no ha concedido declaraciones, no ha buscado refugio en las redes.

 

Y precisamente ese silencio dice más que cualquier comunicado: habla de dolor, de respeto y de un duelo que se vive hacia dentro.

 

Quienes conocen al cantante saben bien la relación tan especial que mantenía con su padre. No era una figura secundaria en su vida, ni un nombre que apareciera solo en fechas señaladas. Era un pilar.

 

Uno de esos que sostienen cuando todo empieza y también cuando todo pesa. Por eso, desde que se conoció la noticia, las muestras de cariño hacia David Bisbal no han dejado de multiplicarse.

 

Mensajes de compañeros, de seguidores, de personas que sienten que, de algún modo, este adiós también les toca.

 

José Bisbal Carrillo no fue un hombre cualquiera. Fue el primer campeón de España de boxeo nacido en Almería, un logro que marcó su vida y también la forma en la que afrontó cada batalla posterior.

 

El boxeo no fue solo un deporte para él, fue una escuela de valores: resistencia, disciplina, orgullo, silencio ante el dolor. Valores que, sin duda, dejó como herencia a su hijo.

 

En los últimos años, sin embargo, su vida se había vuelto más frágil. Vivía en una residencia en Almería, donde recibía cuidados constantes y un trato cercano.

 

Padecía Alzheimer, una enfermedad que no solo borra recuerdos, sino que transforma relaciones, gestos y rutinas. Una enfermedad que no se lleva de golpe, sino poco a poco, obligando a despedidas invisibles antes de la definitiva.

 

David Bisbal habló de ello en varias ocasiones, siempre desde la emoción y la verdad, sin dramatismos artificiales.

 

Reconoció que echaba de menos las conversaciones con su padre, esos intercambios sencillos que construyen una relación.

 

Pero también dejó una frase que hoy resuena con más fuerza que nunca: “Hoy reconoce algo muy importante todavía, el poder de un abrazo”. Cuando las palabras se pierden, el contacto permanece. Y ese abrazo fue, durante mucho tiempo, el último hilo que los unía.

 

Ahora, incluso eso forma parte del pasado. Una etapa dura, larga y emocionalmente exigente ha llegado a su fin.

 

Y con ella se va también una historia de lucha silenciosa que muchos viven en sus casas y pocas veces se cuenta con la crudeza necesaria.

 

Quienes tuvieron la oportunidad de conocer a José Bisbal Carrillo en plenitud coinciden en describirlo como un hombre empático, con gran carisma y una personalidad arrolladora.

 

Un hombre orgulloso de su hijo, de su esfuerzo, de su disciplina. Desde los primeros pasos de David Bisbal hasta su consagración como uno de los grandes talentos surgidos de Operación Triunfo en 2001, su padre estuvo ahí, observando, acompañando y celebrando cada avance.

 

 

 

 

Veinticinco años han pasado desde aquel joven de Almería que llegó a un plató sin saber que su vida estaba a punto de cambiar.

 

Hoy, todo es diferente. La fama, los escenarios internacionales, los premios y el reconocimiento mundial forman parte del día a día de David Bisbal.

 

Pero también ha cambiado la vida de quienes lo rodean. Sus padres, María Ferré y José Bisbal Carrillo, vivieron de cerca el éxito, con orgullo, pero también con la sencillez de quienes no pierden de vista lo importante.

 

Nada en las redes sociales del cantante hacía presagiar el momento personal que estaba atravesando.

 

Y quizá no lo haga tampoco en los próximos días. No todos los duelos se comparten, no todas las despedidas se publican.

 

Puede que, más adelante, David Bisbal encuentre el momento de dedicarle unas palabras públicas a su padre. O puede que no. Ambas opciones son igual de legítimas.

 

Hace solo unos meses, durante su participación en Universo Calleja junto a su esposa, Rosanna Zanetti, el artista volvió a hablar de la situación de su padre.

 

Lo hizo con una sinceridad que conmovió a muchos. Contó cómo, al principio, su padre aún le preguntaba dónde iba a cantar y cómo, al responderle que viajaba a México, él recordaba haber peleado allí.

 

Pero también explicó el momento en el que ya no reconocía a sus nietos. Ese punto en el que la enfermedad avanza sin pedir permiso.

 

Relató situaciones duras, como cuando iba a abrazar a su madre y su padre se enfadaba, creyendo que alguien se acercaba demasiado a “su mujer”.

 

Escenas que, lejos de resultar anecdóticas, reflejan la crudeza cotidiana del Alzheimer. “Me he acostumbrado”, decía David Bisbal, reconociendo que llevaban quince años de progresión, con etapas especialmente difíciles. “Es boxeador, tiene su ADN todavía”, añadía, recordando que, incluso cuando la memoria falla, el carácter permanece.

 

 

Hoy, esas palabras cobran un significado distinto. Ya no hablan solo de una enfermedad, sino de una despedida definitiva. De una historia que se cierra dejando amor, orgullo y un legado que no se mide en títulos ni en fama, sino en valores.

 

La muerte de José Bisbal Carrillo no es solo una noticia sobre un personaje conocido.

 

Es el reflejo de muchas familias que viven procesos similares, de hijos que acompañan a padres en la pérdida progresiva de la memoria, de abrazos que sustituyen conversaciones y de despedidas que llegan tras años de resistencia emocional.

 

 

Quizá por eso esta historia conmueve tanto. Porque no habla solo de David Bisbal. Habla de todos.

 

De la fragilidad, del tiempo, de lo que permanece cuando todo lo demás se borra. Y también de la importancia de acompañar, de cuidar, de no mirar hacia otro lado cuando la vida se vuelve incómoda.

 

Hoy Almería despide a uno de sus campeones. Y David Bisbal despide a su padre. No hay escenario para ese adiós, pero sí un respeto profundo que se siente incluso en el silencio. Y tal vez ahí, en ese silencio, esté el mayor homenaje posible.