Jesús Cintora habla en estos términos de El Gran Wyoming en TVE tras lo que oye decir a Miguel Tellado.

 

 

Jesús Cintora salió en defensa de El Gran Wyoming en ‘Malas lenguas’ después de que el secretario general del PP lo comparara con Vito Quiles.

 

 

 

 

Hay frases que, pronunciadas en un plató o en una entrevista, parecen destinadas a pasar sin demasiado ruido… hasta que alguien las escucha con atención y decide no dejarlas caer en el olvido.

 

Porque en la televisión actual, donde la velocidad lo devora todo, hay comparaciones que no solo sorprenden, sino que encienden una mecha.

 

Y eso es exactamente lo que ocurrió cuando Miguel Tellado, secretario general del Partido Popular, decidió equiparar a Vito Quiles con El Gran Wyoming. Una comparación que, lejos de quedar en una anécdota de campaña, provocó una reacción inmediata, contundente y cargada de memoria por parte de Jesús Cintora.

 

La escena se produjo este lunes 9 de febrero en “Malas lenguas”, el programa que Cintora conduce con un tono directo y sin concesiones en TVE. El contexto no era menor.

 

Veníamos de un fin de semana marcado por el cierre de campaña en Aragón, por la presencia de Vito Quiles en un acto del Partido Popular y por una creciente polémica en torno a los límites del llamado “periodismo de calle”. Un terreno resbaladizo donde ya no siempre queda claro cuándo se informa y cuándo se intimida.

 

 

Miguel Tellado había defendido públicamente la participación de Quiles en el acto final de campaña de su partido. No solo eso: lo hizo elevándolo a la categoría de voz valiente, de periodista incómodo que, según sus palabras, da voz a miles de españoles que otros no se atreven a representar. En su discurso, las acusaciones de acoso se diluían bajo una narrativa épica del micrófono como arma de libertad.

 

 

Pero Tellado fue más allá. En un intento de normalizar ese tipo de prácticas, recurrió a un nombre que forma parte de la memoria colectiva de varias generaciones de espectadores: El Gran Wyoming.

 

“Eso no es nada nuevo”, vino a decir. “Se lo hemos visto a Wyoming hace años en ‘Caiga quien Caiga’”. Y ahí, precisamente ahí, tocó un nervio sensible.

 

Porque comparar no es un acto inocente. Comparar es construir un marco. Y en ese marco, Jesús Cintora no tardó ni un segundo en intervenir.

 

Su reacción en “Malas lenguas” no fue solo la defensa de un compañero de profesión, sino algo mucho más profundo: una defensa del oficio, de la memoria y de una línea que, para muchos periodistas, no se puede ni se debe cruzar.

 

“Tremendo comparar a El Gran Wyoming con Vito Quiles”, soltó Cintora, sin rodeos. No levantó la voz, no dramatizó.

 

Precisamente por eso, sus palabras resonaron con más fuerza. “Él no va por ahí acosando a periodistas”. Y con esa frase, el debate dejó de ser político para convertirse en algo mucho más incómodo: una discusión sobre qué es periodismo y qué no lo es.

 

Cintora no se quedó en lo superficial. Fue enumerando, uno a uno, los comportamientos que separan a un profesional del micrófono de lo que él considera un agitador. Wyoming, recordó, no hace apología del inicio de la Guerra Civil.

 

No organiza actos provocadores en universidades saltándose la autoridad académica. No persigue a compañeros de profesión hasta la puerta de su casa.

 

No espera a periodistas en su lugar de trabajo para intimidarlos. No convierte la pregunta en una herramienta de presión física o verbal.

 

Cada frase era un recordatorio incómodo. No solo para Miguel Tellado, sino para una parte del debate público que intenta diluir responsabilidades bajo el paraguas de la libertad de expresión.

 

Porque aquí no se hablaba de opiniones, sino de hechos. Y los hechos, cuando se ponen en fila, pesan.

 

El plató de “Malas lenguas” se convirtió entonces en un espacio de memoria compartida. Marta Nebot, colaboradora del programa, tomó la palabra para añadir una capa más al análisis.

 

No desde la teoría, sino desde la experiencia. Recordó sus años como reportera en “Noche Hache”, un formato que también bebía del reporterismo de calle, pero desde un lugar radicalmente distinto.

 

En aquel tiempo, explicó Nebot, la clave era la libertad de expresión entendida como diálogo, no como emboscada.

 

Podías preguntarle a un ministro de tú a tú, mirarle a los ojos, incomodarlo incluso. Pero nunca agredirlo, nunca empujarlo, nunca acosarlo.

 

Porque sabías que, si cruzabas esa línea, no solo te cerraban las puertas institucionales, sino que el propio formato perdía sentido. Sin educación, sin respeto mínimo, el periodismo se vacía por dentro.

 

Sus palabras no fueron nostálgicas, sino pedagógicas. Porque lo que estaba en juego no era un recuerdo del pasado, sino el presente y el futuro de la profesión.

 

“Lo que estamos viendo no es reporterismo de calle”, sentenció. “Se llama delincuencia”. Una palabra dura, incómoda, que muchos evitan. Pero Nebot la pronunció sin titubeos.

 

Habló de acoso verbal y físico. De políticos rodeados, empujados, provocados. De imágenes recientes, como las vividas con Pilar Alegría en el último acto de campaña, que, en su opinión, deberían proyectarse en las facultades de periodismo como ejemplo de lo que no se debe hacer jamás. No como espectáculo, sino como advertencia.

 

 

Y entonces llegó una frase que condensó toda la discusión: “Antes de Wyoming fuimos muchos los que hicimos esto y lo hicimos bien”. Una reivindicación colectiva.

 

Un recordatorio de que el periodismo incómodo no nació con las redes sociales ni con los vídeos virales. Existía antes. Y existía con códigos, con límites y con una ética que hoy parece en peligro.

 

Jesús Cintora retomó la palabra para cerrar el círculo. Y lo hizo con una imagen tan clara como demoledora.

 

Recordó que Vito Quiles, mientras pregunta, mete el codo, insulta, invade. Y remató con una comparación que ya forma parte del imaginario de este episodio: “Compararlo con Wyoming es como comparar a Tellado con Churchill”.

 

No fue una frase pensada para la risa fácil. Fue una forma de mostrar lo absurdo de la equiparación inicial. Porque no todas las cámaras son iguales. No todas las preguntas lo son. Y no todo el que lleva un micrófono ejerce periodismo.

 

 

Este episodio ha trascendido el propio programa “Malas lenguas”. Ha abierto un debate que llevaba tiempo latiendo bajo la superficie.

 

El de la confusión interesada entre informar y provocar. Entre preguntar y acosar. Entre libertad de expresión y uso irresponsable del espacio público.

 

La defensa de El Gran Wyoming por parte de Cintora no fue corporativista. No fue un “y tú más”. Fue una defensa del contexto, de la trayectoria y del sentido común.

 

Wyoming representa una forma de hacer televisión satírica que incomoda al poder desde la ironía, no desde la intimidación. Desde la inteligencia, no desde el empujón.

 

La reacción de parte de la audiencia ha sido clara. Muchos espectadores agradecieron que alguien pusiera palabras a una incomodidad que llevan tiempo sintiendo.

 

Esa sensación de que se están normalizando comportamientos que nada tienen que ver con el periodismo, pero que se justifican en su nombre.

 

Otros, por supuesto, defendieron a Vito Quiles y acusaron a Cintora y a Nebot de querer silenciar voces incómodas. El debate está servido. Pero hay algo que no se puede ignorar: nunca se habló de silenciar ideas, sino de cuestionar métodos.

 

En un momento en el que la polarización convierte cualquier crítica en un ataque ideológico, resulta casi revolucionario volver a hablar de ética profesional. De límites. De responsabilidad. De lo que implica tener una cámara delante y un micrófono en la mano.

 

Este choque de discursos ha dejado algo claro: no todo vale por un vídeo viral. No todo vale por un aplauso en redes.

 

Y no todo vale en nombre de una supuesta valentía que, en demasiadas ocasiones, se ejerce contra los más vulnerables o desde la impunidad.

 

La comparación de Miguel Tellado ha acabado teniendo el efecto contrario al que quizá pretendía.

 

Ha reabierto viejas preguntas y ha obligado a muchos a posicionarse. ¿Qué tipo de periodismo queremos consumir? ¿El que incomoda al poder con argumentos o el que genera tensión a base de hostigamiento? ¿El que pregunta para entender o el que pregunta para provocar una reacción?

 

La intervención de Jesús Cintora en “Malas lenguas” no cerró el debate. Lo amplió. Y quizá ahí esté su mayor valor.

 

Porque más allá de nombres propios, de partidos y de campañas electorales, lo que está en juego es algo mucho más profundo: la credibilidad de la palabra periodística.

 

Y esa credibilidad, una vez perdida, no se recupera con likes ni con gritos. Se recupera con memoria, con rigor y con la valentía —la de verdad— de decir que no todo micrófono es periodismo, ni toda provocación es libertad.