FEIJÓO PILLADO EN SU MAYOR FANTASMADA “PIDEN SU DIMISIÓN” INTENTA ENGAÑAR A LA JUEZA DE DANA.

 

 

 

 

 

 

En plenas Navidades, cuando el país intenta refugiarse en la calma de las celebraciones familiares y el ruido informativo suele bajar de intensidad, ha estallado un escándalo político y judicial que vuelve a poner en el centro del debate la gestión de la DANA que asoló la Comunitat Valenciana el 29 de octubre del año pasado.

 

 

Un episodio que dejó decenas de víctimas mortales, miles de damnificados y una herida abierta que, más de un año después, sigue sin cerrarse.

 

 

Lejos de cicatrizar, las revelaciones conocidas estos días han reabierto el dolor de las familias y han desmontado, con documentos oficiales, buena parte del relato político que el Partido Popular ha sostenido durante meses.

 

 

El foco está ahora en los mensajes de WhatsApp intercambiados entre el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el entonces president de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, durante la noche de la tragedia.

 

 

Mensajes que Feijóo ha remitido a la jueza de Catarroja que instruye la causa sobre la gestión de la emergencia, pero lo ha hecho de una forma y en un momento que ha generado una fuerte polémica política, mediática y social.

 

 

No es solo el contenido de esos mensajes lo que ha provocado indignación, sino también el contexto.

 

La documentación fue preparada en un acta notarial el 22 de diciembre, pero no se envió al juzgado hasta el día 24, Nochebuena, cuando el pulso informativo es mínimo y la atención pública está en otro lugar.

 

Al día siguiente, Navidad, no hay prensa en papel. Una decisión que muchas víctimas y analistas interpretan como un cálculo político evidente para minimizar el impacto mediático de unas conversaciones que resultan profundamente comprometedoras.

 

 

Lo que se ha entregado a la jueza no es la conversación completa. No están todos los mensajes cruzados entre Feijóo y Mazón, sino únicamente los WhatsApp enviados por Mazón al líder nacional del PP.

 

 

Es decir, se conoce lo que dijo el president valenciano, pero no las respuestas de Feijóo.

 

Un hecho que ha levantado aún más sospechas, porque deja fuera de la investigación una parte esencial del intercambio y plantea la pregunta de qué contienen esos mensajes que no se han hecho públicos.

 

 

El contenido conocido hasta ahora resulta demoledor para la línea política que el PP ha defendido durante más de un año.

 

 

Durante meses, los dirigentes populares han insistido en que la Generalitat Valenciana fue abandonada por el Gobierno central, que no se atendieron sus llamadas y que no se dispuso de los recursos necesarios para hacer frente a la catástrofe.

 

Sin embargo, los mensajes de Mazón desmienten ese relato punto por punto.

 

 

En uno de los WhatsApp enviados a Feijóo a las 23:24 de la noche del 29 de octubre, Mazón afirma textualmente que, a través de la Delegación del Gobierno, tenían “lo que necesitaban en la comunidad ahora mismo, que es la UME”.

 

 

Además, señala que ha hablado con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la ministra María Jesús Montero y con los ministerios de Defensa e Interior, para mantener en prealerta a posibles efectivos adicionales.

 

Es decir, reconoce que existía comunicación directa con el Ejecutivo central y que los recursos estaban disponibles.

 

 

Este dato choca frontalmente con las declaraciones públicas realizadas posteriormente por el propio Mazón y por la dirección nacional del PP, en las que se aseguraba que nadie cogía el teléfono y que el Gobierno de España no respondía.

 

 

Los mensajes prueban lo contrario y convierten en insostenible un relato que ha sido repetido durante un año entero en tribunas políticas, ruedas de prensa y debates parlamentarios.

 

Pero hay más. Los WhatsApp también revelan que Mazón era plenamente consciente de la gravedad de la situación desde primera hora de la noche.

 

A las 20:09 ya advierte a Feijóo de que “la situación se está jodiendo cada minuto”, casi veinte minutos antes de llegar al CECOPI.

 

 

Y a las 23:25, le comunica que ya están apareciendo muertos en Utiel y que “van a aparecer bastantes más”. “Un desastre va a ser esto, presi, van a ser decenas seguro”, escribe.

 

 

Estas afirmaciones contradicen de nuevo la versión ofrecida por Mazón en el Congreso, donde aseguró que no tuvieron conocimiento de fallecidos hasta la madrugada del día 30.

 

 

Los mensajes demuestran que, al menos a las once y media de la noche, el president valenciano ya sabía que había víctimas mortales y que el balance iba a ser muy grave.

 

Otro aspecto relevante es lo que no aparece en las conversaciones. En ningún momento se discute la posibilidad de elevar el nivel de alerta a emergencia nacional para que el Gobierno central asumiera el control de la crisis.

 

 

Días después de la tragedia, desde el entorno de Feijóo se deslizó que el líder del PP había aconsejado a Mazón dar ese paso.

 

Sin embargo, en los mensajes conocidos no hay rastro de ese planteamiento durante la noche de la DANA.

 

 

Todo esto ha provocado una ola de reacciones. Desde el Gobierno central y los partidos de la oposición al PP se habla abiertamente de mentiras, de manipulación del dolor de las víctimas y de una estrategia política basada en construir un relato falso para desgastar al Ejecutivo de Pedro Sánchez.

 

 

Portavoces socialistas han llegado a afirmar que Feijóo lleva un año faltando a la verdad y que, solo por eso, debería dimitir.

 

 

Pero quizá las palabras más duras han llegado desde las asociaciones de víctimas. Rosa Álvarez, presidenta de una de ellas, ha denunciado el “maltrato” a las familias, especialmente por la decisión de entregar los mensajes el día de Nochebuena y de forma parcial.

 

 

Para las víctimas, no se trata solo de una cuestión política o judicial, sino de un golpe emocional añadido en unas fechas especialmente dolorosas.

 

Consideran que se buscó deliberadamente reducir la repercusión mediática y que, una vez más, el cálculo político se impuso a la empatía y al respeto.

 

 

Analistas y tertulianos han coincidido en señalar que este episodio refuerza una sensación muy extendida en la ciudadanía: la de una profunda desconfianza hacia la clase política y las instituciones.

 

 

Más allá de siglas, lo que queda es la impresión de que nadie ha asumido responsabilidades de forma clara, que no se ha pedido perdón y que se ha intentado reescribir la historia en función de intereses partidistas.

 

 

También se ha subrayado el impacto que todo esto tiene sobre la calidad democrática.

 

 

Cuando se demuestra que un relato oficial era falso y que se sostuvo durante meses pese a la existencia de pruebas en contra, se alimenta el desencanto, el cinismo y el auge de discursos populistas y extremistas.

 

La gestión de la DANA no solo fue una tragedia humanitaria, sino también un test de la capacidad del sistema para responder con transparencia, verdad y responsabilidad.

 

 

A día de hoy, Carlos Mazón ya no es president de la Generalitat, pero sigue siendo diputado autonómico y ha llegado incluso a presidir comisiones parlamentarias, algo que muchos consideran incomprensible a la luz de las revelaciones conocidas.

 

 

Para una parte importante de la opinión pública, resulta inaceptable que, más de un año después, no se haya producido una asunción clara de errores ni una rendición de cuentas real.

 

 

La instrucción judicial sigue su curso y será el auto final de la jueza de Catarroja el que determine las responsabilidades penales y políticas.

 

 

Pero, pase lo que pase en los tribunales, el daño ya está hecho. Los mensajes han desmontado un relato, han evidenciado contradicciones graves y han reabierto una herida que sigue supurando.

 

 

En medio de todo ello, queda la sensación amarga de que la verdad ha llegado tarde y a cuentagotas, y de que las víctimas han vuelto a ser las grandes olvidadas.

 

 

En un país cansado de la polarización y del uso partidista de las tragedias, este episodio se suma a una larga lista de razones para exigir más honestidad, más humanidad y menos estrategia en la política.

 

 

Porque cuando lo que está en juego son vidas humanas, no debería haber espacio para medias verdades, silencios calculados ni cuentos de Navidad.