Maestre desnuda la posición del PP en el debate migratorio: “Tienen complejo de Vox”.
El periodista confronta el modelo progresista con el de la extrema derecha, al que sitúa próximo a las políticas de Donald Trump y el ICE.

Antonio Maestre durante su intervención en laSexta Xplica.
Hay momentos en los que un debate deja de ser técnico, deja de ser jurídico, deja incluso de ser ideológico, y se convierte en algo mucho más incómodo: un espejo.
Un espejo que obliga a una sociedad entera a mirarse y preguntarse qué tipo de país quiere ser.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido tras el anuncio del Gobierno español, con el respaldo de Podemos, de impulsar una regularización extraordinaria de personas migrantes en situación administrativa irregular.
Y eso es lo que Antonio Maestre puso sobre la mesa en laSexta Xplica con una claridad que incomodó a muchos y dio palabras a otros tantos.
No habló de cifras frías ni de slogans. Habló de modelos. De dos formas radicalmente opuestas de entender el mundo, los derechos y la convivencia. Y dejó claro que, a su juicio, ya no hay espacio para la ambigüedad.
Según Maestre, el momento político actual obliga a elegir. No hay término medio. “Existen ahora mismo dos modelos sobre cómo tratar con derechos a las personas inmigrantes”, afirmó.
Uno que criminaliza, persigue, encierra y expulsa. Otro que reconoce una realidad evidente: que millones de personas migrantes ya viven, trabajan, pagan impuestos indirectos, cuidan, construyen y sostienen sociedades enteras, y que por tanto deben tener derechos y también obligaciones en igualdad de condiciones.
Ese planteamiento no surge en el vacío. Llega en un contexto internacional cada vez más polarizado, donde el discurso migratorio se ha convertido en una de las principales armas políticas.
Especialmente en Estados Unidos, donde el legado de Donald Trump sigue marcando la agenda con políticas de endurecimiento extremo, refuerzo de agencias como el ICE y una narrativa que asocia inmigración con amenaza.
Para Maestre, no es casualidad que ese modelo haya encontrado eco en España. Señaló directamente a Vox y al Partido Popular, a los que vinculó con esa misma lógica de criminalización.
“Vox propone lo mismo”, afirmó sin rodeos, y añadió algo aún más incisivo: que el Partido Popular no solo no ha rechazado ese planteamiento, sino que convive con él sin marcar una línea roja clara.
En su análisis, la derecha española arrastra lo que definió como un “complejo de Vox”. Un intento constante de competir en dureza con quien siempre irá un paso más allá.
Y ahí lanzó una advertencia que resonó más allá del plató: “No funciona nunca intentar copiar al alumno más duro.
Te come siempre”. Una frase que sintetiza años de desplazamiento del debate público hacia posiciones cada vez más extremas.
Uno de los puntos más relevantes de su intervención fue desmontar uno de los argumentos más repetidos contra la regularización: la idea de que se “premia” a quien no cumple las normas.
Maestre fue tajante. La regularización no elimina deberes, porque muchos de esos deberes ya existen de facto.
Lo que corrige es la ausencia de derechos. “Los deberes ya los tenían muchas veces. Lo que no tienen son los derechos”, subrayó.
Habló del miedo cotidiano. Del miedo a salir a la calle. Del miedo a una identificación policial. Del miedo a denunciar un abuso laboral.
Del miedo a enfermar. Del miedo constante a desaparecer del sistema. Para Maestre, regularizar significa, como mínimo, devolver algo tan básico como la tranquilidad de vivir “como vivimos nosotros, en paz”.
En ese punto, su discurso conectó con una tradición histórica de la izquierda que, según recordó, tiene este debate resuelto desde hace décadas.
“Históricamente, nativa o extranjera, la misma clase obrera”. Una frase que no busca idealizar, sino recordar que el conflicto real no es entre trabajadores, sino entre quienes tienen derechos y quienes no.
Desde esa perspectiva, acusó a la derecha de sostener un modelo que se beneficia directamente de la precariedad y del miedo.
“Los quieren subyugados, sin derechos y con miedo, porque una persona sin derechos es más fácil de explotar”.
Una afirmación dura, pero coherente con una realidad que muchos sectores económicos conocen bien y prefieren no verbalizar.
El debate no se limita a España. De hecho, lo que está ocurriendo aquí forma parte de una tendencia global. Mientras el Gobierno español anuncia una regularización que podría beneficiar a más de medio millón de personas extranjeras —siempre que acrediten estancia previa, ausencia de antecedentes penales y un tiempo mínimo de permanencia—, buena parte de Europa endurece sus políticas migratorias y normaliza discursos que hace una década habrían sido inaceptables.
La reacción de la derecha española ha sido inmediata. Partido Popular y Vox han anunciado su intención de llevar la medida ante la Comisión Europea.
Alberto Núñez Feijóo ha calificado la regularización de “indecente”. Santiago Abascal ha ido más allá, tachándola de “un nuevo crimen” del Gobierno, utilizando una retórica que apela directamente al miedo y a la inseguridad.
En paralelo, al otro lado del Atlántico, Estados Unidos refuerza detenciones y deportaciones, con decenas de miles de personas retenidas por el ICE. Familias separadas.
Centros saturados. Un modelo que prioriza la fuerza sobre la integración y que, sin embargo, sigue siendo presentado por algunos como ejemplo de eficacia.
Para Maestre, ese contraste no es coyuntural, es estructural. “Esos son los dos modelos que se están dando en el mundo”, insistió.
El de la persecución y el del reconocimiento de derechos. Y España, al menos por ahora, ha decidido situarse en el segundo.
Su intervención no fue un mitin ni una consigna. Fue una llamada a asumir que el debate migratorio no va de papeles, sino de personas.
No va de fronteras abstractas, sino de cómo se organiza una sociedad y a quién decide proteger.
Porque, al final, regularizar no crea inmigración. Reconoce una realidad que ya existe. Y obliga a hacerse una pregunta incómoda pero inevitable: si esas personas ya viven aquí, ya trabajan aquí y ya forman parte del día a día, ¿qué se gana manteniéndolas en la sombra?
Ese es el choque de modelos del que habló Antonio Maestre. Y ese es el cruce de caminos en el que se encuentra no solo España, sino buena parte del mundo. Elegir uno u otro no es una cuestión técnica. Es una decisión profundamente política y moral.
Y esta vez, mirar hacia otro lado ya no parece una opción.
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