Mediaset despide fulminantemente a Alessandro Lequio tras casi 30 años como colaborador.
Mediaset ha decidido despedir a Alessandro Lequio como colaborador de ‘Vamos a ver’ tras sus últimas polémicas y las declaraciones de Antonia Dell’Atte.

La televisión española ha presenciado uno de los movimientos más impactantes de la temporada: Mediaset ha decidido prescindir de Alessandro Lequio, colaborador histórico y figura emblemática de sus tertulias, tras casi tres décadas de presencia ininterrumpida en la pequeña pantalla.
La decisión, tomada de manera fulminante, responde a una serie de polémicas acumuladas y, especialmente, a las graves acusaciones de violencia machista vertidas por su exmujer, Antonia Dell’Atte.
La noticia, adelantada por El País y confirmada por El Televisero, marca el final de una etapa en la que Lequio se había convertido en uno de los tertulianos más reconocibles y polémicos del grupo.
Su salida no solo supone un cambio en la dinámica de programas como ‘Vamos a ver’, sino que también abre un intenso debate sobre la responsabilidad de los medios y la gestión de casos sensibles como el maltrato, incluso en ausencia de condenas judiciales.
El detonante de este despido se remonta a la entrevista concedida por Antonia Dell’Atte a El País hace apenas un mes.
En ella, la modelo italiana relató con detalle los episodios de violencia sufridos durante su matrimonio con Lequio a finales de los años 80.
“La primera patada que me dio Lequio, estando embarazada, fue a la vuelta de la luna de miel”, confesó Dell’Atte, desatando una ola de reacciones y controversia en redes y medios.
Dell’Atte, que también fue jueza en la primera edición de ‘Bailando con las estrellas’, recordó que la justicia falló a su favor cuando Lequio la denunció por injurias y calumnias tras llamarlo “maltratador” públicamente durante años.
El tribunal, en un auto judicial de 2005, desestimó la demanda de Lequio al considerar que existían indicios de maltrato, respaldando así el testimonio de Dell’Atte y eximiéndola de responsabilidad penal.
Tras la publicación de la entrevista y la entrega de toda la documentación judicial por parte del abogado de Dell’Atte, la cúpula directiva de Mediaset se reunió con Unicorn Content, la productora responsable de ‘Vamos a ver’, para analizar la situación.
El ambiente era tenso y la presión mediática creciente. Finalmente, ambas partes acordaron el despido de Lequio como medida definitiva, poniendo fin a una colaboración que había comenzado en 1996 de la mano de María Teresa Campos en el mítico ‘Día a día’.
Fuentes cercanas a la negociación aseguran que la decisión fue consensuada y no impuesta por el departamento jurídico, como se ha especulado en algunos medios.
Unicorn Content, presidida por Ana Rosa Quintana, tampoco tenía constancia previa del auto judicial, pero valoró la gravedad de las acusaciones y optó por no oponerse a la resolución de la cadena.
A lo largo de sus casi 30 años en Telecinco, Lequio ha protagonizado numerosos enfrentamientos y controversias, tanto con compañeros como con presentadores.
En ‘Vamos a ver’, sus discusiones con Alejandra Rubio y Patricia Pardo han sido especialmente sonadas, contribuyendo a forjar una imagen de tertuliano polémico y directo, pero también generando tensiones internas en los equipos de los programas.
Su trayectoria incluye momentos destacados en ‘Crónicas marcianas’ junto a Xavier Sardá y una larga etapa en ‘El programa de Ana Rosa’, donde su presencia era sinónimo de debate y titulares.
Sin embargo, las recientes acusaciones de Dell’Atte y la revelación del respaldo judicial a su testimonio han precipitado un desenlace que, para muchos, era inevitable.
El caso de Alessandro Lequio plantea preguntas de fondo sobre el papel de los medios en la gestión de acusaciones graves y la línea que separa la protección de la imagen pública de la presunción de inocencia.
¿Debe una empresa prescindir de un trabajador por acusaciones no condenadas judicialmente? ¿Qué responsabilidad tienen las cadenas ante testimonios de violencia machista respaldados por la justicia, aunque no hayan derivado en sentencia firme?
Para algunos, el despido de Lequio representa un avance en la lucha contra la violencia de género y la protección de las víctimas, señalando que la televisión debe ser ejemplo y reflejo de valores éticos.
Para otros, supone un peligroso precedente que puede abrir la puerta a decisiones empresariales basadas en presiones mediáticas o sociales más que en la justicia formal.
Con la salida de Lequio, Telecinco y Mediaset cierran un capítulo importante de su historia reciente.
El colaborador italiano fue uno de los pocos rostros que sobrevivieron a los grandes cambios en la parrilla y en los equipos de tertulianos, adaptándose a diferentes formatos y estilos de debate.
Su marcha deja un vacío difícil de llenar y obliga a los programas a replantear sus dinámicas y la selección de sus colaboradores.
Al mismo tiempo, el caso abre un debate sobre la gestión de crisis reputacionales en los medios y la necesidad de protocolos claros ante situaciones de especial gravedad.
La televisión, como espejo de la sociedad, debe encontrar el equilibrio entre la defensa de los derechos de las víctimas y el respeto a los principios jurídicos, evitando tanto el linchamiento mediático como la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
El despido de Alessandro Lequio tras casi 30 años en Telecinco es mucho más que un cambio de tertuliano: es el reflejo de una sociedad que exige respuestas ante la violencia machista y que reclama a los medios un compromiso real con la protección de las víctimas.
El debate está servido y, lejos de cerrarse con la salida de Lequio, seguirá alimentando la discusión sobre los límites de la justicia mediática y la responsabilidad de las empresas audiovisuales.
En una época marcada por la transparencia y la sensibilidad social, cada decisión cuenta.
La televisión no solo entretiene: también educa, denuncia y transforma.
Y el caso Lequio, con todas sus aristas y polémicas, es un ejemplo de cómo los medios pueden y deben ser agentes de cambio, sin perder de vista la complejidad y el respeto por las personas implicadas.
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