Muy GRAVE! El MOMENTAZO de ABASCAL que HAN CENSURADO todas las TV y que TODA ESPAÑA debe ESCUCHAR.

 

 

 

 

 

La reciente cita electoral en Extremadura ha dejado una huella profunda en la política española y en el ánimo de miles de ciudadanos.

 

El 21 de diciembre, los extremeños acudieron a las urnas para decidir el futuro de su comunidad, pero lo que realmente ha marcado el debate público ha sido la abstención masiva: cerca del 40% de los votantes decidieron no participar, lanzando un mensaje claro de desconfianza hacia el sistema y hacia los partidos tradicionales.

 

Este dato, más allá de los resultados concretos, ha abierto una reflexión colectiva sobre el desencanto, la polarización y el futuro de la democracia en España.

 

 

En las horas posteriores a la votación, las redes sociales y los medios se llenaron de análisis, preguntas y reproches.

 

La abstención, fenómeno recurrente en las elecciones autonómicas, se ha interpretado como síntoma de un descrédito del sistema autonómico y de la política en general.

 

Muchos ciudadanos, que durante años apoyaron al Partido Socialista, se han sentido huérfanos de opciones: no comparten las ideas de los partidos alternativos y rechazan frontalmente la deriva de un PSOE que, según voces críticas, ha antepuesto los intereses personales de Pedro Sánchez al bienestar de Extremadura.

 

 

La decisión del presidente de presentar como candidato a un individuo procesado ha sido vista por muchos como un desprecio brutal hacia los votantes, una muestra de que el resultado electoral era secundario frente al relato político que Sánchez quería construir para sus propios fines.

 

Esta percepción ha alimentado la desconfianza y la abstención, dejando claro que la gente ya no confía en el sistema ni en quienes lo gestionan.

 

En este contexto de incertidumbre y desafección, la figura de Vox ha ganado protagonismo.

 

Santiago Abascal, líder nacional del partido, ha sido interpelado repetidamente sobre su posición respecto a los pactos y las exigencias para apoyar un gobierno de María Guardiola, candidata del Partido Popular.

 

Abascal, fiel a su estilo directo, ha dejado claro que Vox no descarta ninguna hipótesis y que todas las opciones están abiertas, salvo pactar con socialistas o comunistas y, sobre todo, invisibilizar a sus votantes.

 

La pelota, según Abascal, está en el tejado de María Guardiola. Vox espera que sea el Partido Popular quien dé el primer paso y decida si quiere pactar con la formación de ultraderecha o buscar acuerdos con otras fuerzas.

 

En sus declaraciones, Abascal no ha ocultado su crítica hacia la actitud de Guardiola, a quien acusa de soberbia, incapacidad para dialogar y falta de arrepentimiento por haber convocado elecciones anticipadas y gastar el dinero de los extremeños.

 

 

Para Vox, la clave está en que sus votos no sean traicionados ni invisibilizados.

 

Cualquier fórmula de acuerdo debe suponer un cambio real en las políticas que afectan a Extremadura: desde el campo y la inmigración, hasta los impuestos y las políticas de género.

 

Abascal insiste en que no van a adelantar acontecimientos y que esperan a que Guardiola mueva ficha, pero deja claro que, si no hay un gran cambio, el Partido Popular tendrá que buscar otras fórmulas para gobernar.

 

La relación entre PP y Vox se ha vuelto cada vez más tensa y compleja. Aunque el Partido Popular ha ganado las elecciones, la victoria es agridulce: no ha conseguido la mayoría absoluta y depende de Vox para formar gobierno.

 

Los de Abascal han duplicado su representación, pasando de 5 a 11 escaños, y se han convertido en la llave de la gobernabilidad.

 

Esta situación ha obligado a Guardiola a abrir negociaciones, pero Vox no se conforma con ser un mero apoyo externo; exige visibilidad, poder y cambios profundos en las políticas autonómicas.

 

En las ruedas de prensa y entrevistas, Abascal ha reiterado que Vox está abierto a todas las posibilidades, menos a pactar con socialistas y comunistas.

 

Las fórmulas de acuerdo pueden ser muy diversas: desde la entrada en el gobierno, hasta acuerdos programáticos o presupuestarios.

 

Lo importante, según el líder de Vox, es que sus votantes vean reflejadas sus demandas y que el cambio en Extremadura sea real y tangible.

 

La abstención y el desencanto no solo afectan a los partidos tradicionales, sino que también ponen en cuestión el propio sistema democrático. Muchos ciudadanos han optado por no votar porque no se sienten representados por ninguna de las opciones disponibles.

 

El descrédito de la política, la falta de alternativas y la sensación de que las decisiones se toman lejos de los intereses reales de la gente han alimentado un clima de desconfianza que amenaza con consolidarse en futuras citas electorales.

 

En este escenario, la polarización se ha convertido en el principal obstáculo para el diálogo y el consenso.

 

El Partido Popular y el PSOE han protagonizado una guerra sucia contra Vox, propagando bulos y desinformación desde sus respectivas terminales mediáticas.

 

Esta dinámica ha contribuido a la crispación y ha alejado aún más a los ciudadanos de la política, reforzando la percepción de que los partidos solo buscan el poder y no el bienestar de la sociedad.

 

Abascal, consciente de esta realidad, ha insistido en que es el Partido Popular quien debe elegir entre las tres opciones de pacto que tiene sobre la mesa: el apoyo de Vox, la abstención del PSOE o un acuerdo con Podemos.

 

Para Vox, la cuestión fundamental es que sus votantes no sean invisibilizados y que cualquier acuerdo suponga un cambio profundo en las políticas de Extremadura.

 

 

Las exigencias de Vox para apoyar un gobierno de María Guardiola no pasan solo por asumir sus postulados públicamente, como ocurrió en la Comunidad Valenciana, sino por garantizar que sus propuestas se traduzcan en acciones concretas y visibles.

 

La formación de Abascal no descarta entrar en el gobierno ni exigir cargos relevantes, pero tampoco cierra la puerta a otras fórmulas de acuerdo. Lo importante, insisten, es que el cambio sea real y que los extremeños vean que sus votos cuentan.

 

 

La situación en Extremadura es un reflejo de la crisis política que atraviesa España.

 

La desafección ciudadana, la abstención masiva y la polarización entre partidos han creado un clima de incertidumbre y desconfianza que amenaza la estabilidad democrática.

 

Los partidos, lejos de ofrecer soluciones, se enzarzan en luchas internas y en campañas de desprestigio que solo refuerzan el desencanto y la abstención.

 

El futuro de Extremadura y de España pasa por recuperar la confianza de los ciudadanos, por ofrecer alternativas reales y por garantizar que la política responde a las necesidades de la gente.

 

La abstención masiva debe ser una llamada de atención para todos los actores políticos: es hora de escuchar, de dialogar y de construir consensos que permitan avanzar hacia una sociedad más justa, más plural y más democrática.

 

Las próximas semanas serán decisivas para el futuro de Extremadura. El Partido Popular y Vox deberán decidir si son capaces de llegar a un acuerdo que garantice la gobernabilidad y el cambio que demandan los ciudadanos.

 

El PSOE, por su parte, tendrá que reflexionar sobre los errores cometidos y buscar fórmulas para recuperar la confianza perdida.

 

La abstención y el desencanto seguirán siendo el principal desafío, pero también una oportunidad para renovar la política y devolverle su sentido original: servir al interés general y mejorar la vida de las personas.

 

 

En definitiva, las elecciones en Extremadura han puesto de manifiesto la necesidad de un cambio profundo en la política española.

 

La abstención masiva, la polarización y la crisis de confianza exigen respuestas valientes y comprometidas.

 

Los partidos tienen la responsabilidad de escuchar a la ciudadanía, de abandonar la guerra sucia y de trabajar juntos por el bien común. Solo así será posible recuperar la confianza y construir un futuro mejor para todos.