Javier Ruiz adquiere un nuevo proyecto fuera de RTVE y explica el motivo por el que toma la decisión de emprenderlo.
Javier Ruiz ha decidido crear su propio canal de YouTube con un claro objetivo: luchar contra los bulos y la desinformación, como ya hace en ‘Mañaneros 360’ en La 1 de RTVE.

Hay momentos en los que el periodismo deja de ser solo un oficio y se convierte en una trinchera. Un lugar incómodo, expuesto, a veces solitario, pero necesario. Javier Ruiz parece haber llegado a ese punto exacto.
Cuando muchos optarían por bajar el tono, por acomodarse en el éxito o por esquivar el ruido, él ha decidido dar un paso más. No hacia atrás.
No hacia el silencio. Sino hacia delante. Y lo ha hecho abriendo un nuevo frente que dice mucho más de lo que parece a simple vista.
En un contexto marcado por la polarización, los bulos virales y la desinformación convertida en espectáculo, Javier Ruiz ha lanzado su propio canal de YouTube. No como una aventura personal más.
No como un proyecto paralelo para ganar visibilidad. Sino como una declaración de guerra. Literalmente.
Así lo dijo en su primer vídeo, sin rodeos, sin maquillaje y sin medias tintas: “Estamos en guerra. En guerra contra la verdad y contra la información”.
La frase no es casual. Tampoco exagerada. Es una advertencia. Un aviso a navegantes. Porque lo que está en juego ya no es solo la credibilidad de los medios o el prestigio de los periodistas.
Lo que está en juego es la capacidad de una sociedad para distinguir entre hechos y mentiras, entre datos y propaganda, entre información y ruido. Y Javier Ruiz ha decidido que no piensa quedarse mirando.
Desde el primer minuto, el tono es claro. No hay música épica ni grandes artificios visuales. Hay palabras, convicción y una idea muy concreta: combatir el ruido. “No hemos pedido esta guerra, pero hay que combatirla”, afirma. Y ahí está la clave.
No se trata de buscar protagonismo, sino de asumir una responsabilidad. La de plantar cara a una avalancha de falsedades que circulan cada día a una velocidad imposible de frenar si nadie se atreve a ponerles nombre y contexto.
El canal nace con un objetivo muy definido: desmontar bulos, combatir la desinformación y ofrecer datos. Datos frente a opiniones. Hechos frente a prejuicios.
Periodismo frente a propaganda. Una misión que no es nueva en la trayectoria de Javier Ruiz, pero que ahora encuentra un nuevo formato, más directo, más libre y más expuesto.
Porque abrir un canal propio no es un gesto inocente. Significa ponerse en el foco. Significa asumir críticas, ataques y etiquetas.
Significa, en muchos casos, convertirse en objetivo. Y eso Javier Ruiz lo sabe bien. Lleva tiempo siendo uno de los rostros más señalados de la televisión pública por sectores que no soportan que alguien contradiga sus relatos con cifras, contexto y memoria.
Su trabajo diario en “Mañaneros 360”, el programa que presenta junto a Adela González en La 1, es el mejor ejemplo de esa forma de entender el periodismo.
Un espacio donde los datos no son un complemento, sino el eje central. Donde las afirmaciones se contrastan. Donde los discursos grandilocuentes se enfrentan a la realidad numérica. Y donde los bulos, cuando aparecen, no pasan de largo.
No es casualidad que “Mañaneros 360” se haya convertido en el programa líder de las mañanas. En enero, La 1 ha liderado su franja con un 16,6% de share, firmando su mejor dato en 17 años.
Una cifra que no se explica solo por una cuestión de programación, sino por una conexión clara con una audiencia que busca algo más que tertulia vacía. Que quiere entender qué está pasando. Y por qué.
El programa presentado por Javier Ruiz y Adela González ha alcanzado su récord histórico con un 16,4% de cuota de pantalla y 562.000 espectadores.
Un crecimiento de 7,5 puntos respecto al mismo periodo del año anterior. Datos contundentes. Datos que hablan. Y que, curiosamente, también desmienten muchos de los relatos que intentan desacreditar a la televisión pública y a sus profesionales.
En ese contexto de éxito, muchos podrían pensar que no hace falta complicarse más la vida. Que con liderar audiencias ya es suficiente.
Pero Javier Ruiz ha optado por todo lo contrario. Ha decidido ampliar el campo de batalla. Porque la desinformación no vive solo en la televisión.
Vive, sobre todo, en las redes sociales. En los vídeos virales. En los titulares sacados de contexto. En los mensajes reenviados miles de veces sin comprobar.
YouTube, en ese sentido, no es una elección casual. Es uno de los principales canales de consumo informativo, especialmente entre los más jóvenes.
Un espacio donde conviven divulgadores rigurosos con creadores de contenido que difunden mentiras sin ningún tipo de filtro. Entrar ahí con una propuesta periodística es, en sí mismo, un acto de resistencia.
“Bienvenidos a una trinchera por la verdad”, dice Javier Ruiz en su primer vídeo. La palabra trinchera vuelve a aparecer. No como metáfora exagerada, sino como descripción de un lugar desde el que se resiste, se observa y se responde.
Una trinchera no es cómoda. No es neutral. Es un sitio donde se toma partido. Y Javier Ruiz no esconde el suyo: el de la verdad, los datos y el rigor.
La respuesta del público no se ha hecho esperar. En pocas horas, el canal empezó a sumar suscriptores. Y el propio periodista volvió a las redes para agradecerlo.
“Gracias por compartir esta trinchera desde la que haremos periodismo con rigor, datos y desmontando noticias falsas”, escribió. Un mensaje sencillo, pero cargado de intención.
Ese agradecimiento no es solo cortesía. Es una llamada a la acción. Porque este tipo de proyectos no se sostienen solo con vídeos.
Se sostienen con una comunidad dispuesta a compartir, a contrastar y a no dar por buena la primera versión que aparece en pantalla. Una comunidad crítica, activa y consciente de que informarse también es una forma de participar.
La figura de Javier Ruiz genera adhesiones y rechazos. No deja indiferente. Y eso, en el periodismo actual, es casi inevitable cuando se apuesta por señalar mentiras.
Porque desmontar un bulo no es un ejercicio técnico. Es un acto político en el sentido más amplio del término. Es cuestionar intereses, narrativas y estrategias de manipulación.
Por eso, este nuevo canal no es solo un proyecto personal. Es un síntoma. El síntoma de que algo no está funcionando en el ecosistema informativo.
De que los periodistas sienten la necesidad de crear espacios propios para explicar con calma lo que en otros formatos se diluye. De que la batalla por la verdad ya no se libra solo en redacciones y platós, sino también en timelines, algoritmos y recomendaciones automáticas.
Javier Ruiz no parte de cero. Llega con una trayectoria consolidada, con una audiencia fiel y con un estilo reconocible. No grita. No insulta. No caricaturiza.
Explica. Contextualiza. Aporta cifras. Y eso, en un entorno saturado de ruido, se convierte casi en un acto revolucionario.
El éxito de “Mañaneros 360” demuestra que hay un público dispuesto a escuchar. Que no todo está perdido. Que la audiencia no es tan pasiva ni tan manipulable como a veces se dice.
Y ese mismo público es el que ahora puede acompañar este nuevo proyecto en YouTube, ampliando su alcance y su impacto.
Porque la desinformación no se combate solo desmintiéndola una vez. Se combate repitiendo, explicando, contextualizando y volviendo a explicar. Se combate creando hábitos. Y eso requiere tiempo, constancia y valentía.
En un momento en el que muchos prefieren no mojarse, Javier Ruiz se moja. En un momento en el que el descrédito al periodismo es una estrategia calculada, él responde con más periodismo. En un momento en el que la mentira corre más rápido que la verdad, él decide correr el riesgo de quedarse expuesto.
Este canal de YouTube no va solo de vídeos. Va de una idea. De una forma de entender la profesión. De una convicción profunda: que la verdad importa. Que los datos importan. Que desmontar bulos no es perder el tiempo, sino defender la democracia informativa.
Y ahora la pelota está en el tejado del espectador. Suscribirse, compartir, contrastar, exigir rigor. No como un gesto automático, sino como una decisión consciente. Porque en esta guerra, como bien dice Javier Ruiz, nadie pidió estar. Pero todos, de una forma u otra, estamos dentro.
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