Un magistrado emérito del Tribunal Supremo es cristalino al reaccionar a la futura fiscal general del Estado.

 

 

 

 

Teresa Peramato es la elegida por el Gobierno.

 

 

 

 

 

 

La renuncia de Álvaro García Ortiz como fiscal general del Estado, tras su condena por revelación de secretos, no solo ha abierto un nuevo capítulo en la justicia española, sino que ha desencadenado una cascada de reacciones en todos los ámbitos.

 

 

 

La propuesta del Gobierno para que Teresa Peramato asuma el cargo no es solo una noticia institucional; es un síntoma del momento de tensión, polarización y necesidad de diálogo que atraviesa España.

 

 

En este contexto, la voz de José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, resuena con especial claridad y profundidad.

 

 

Martín Pallín, premiado como Jurista del Año por la Universidad Complutense de Madrid y galardonado con el Premio Nacional de Derechos Humanos, ha compartido su visión sobre Teresa Peramato en una entrevista para el programa ‘24 horas’ de RNE.

 

 

Su testimonio no es casual: conoce a Peramato de cerca, ha compartido con ella congresos y debates en la Unión Progresista de Fiscales, y destaca de ella un rasgo poco habitual en tiempos convulsos: la serenidad.

 

 

“Es una persona que yo destacaría de ella su serenidad, muchas veces en los congresos nos enzarzamos en discusiones, pero Teresa siempre con un tono pausado impone paz.

 

 

Además, tiene una gran experiencia en materia de violencia de género, fue la mano derecha de Soledad Cazorla”, relata el magistrado.

 

 

No es solo una cuestión de currículo, sino de carácter y de capacidad para gestionar la tensión y el conflicto con templanza.

 

 

 

La trayectoria de Peramato, especialmente en la lucha contra la violencia de género, es reconocida y valorada por quienes han trabajado con ella.

 

 

Su paso reciente como fiscal de sala en una de las secciones penales del Tribunal Supremo, tras una vacante por jubilación, fue considerado por Pallín como “un gran acierto”.

 

 

Ahora, su nombramiento como fiscal general del Estado se interpreta como una apuesta por la profesionalidad, el compromiso y la calma en medio de la tormenta.

 

 

Pero la reflexión de Martín Pallín va mucho más allá del ámbito judicial. El magistrado emérito no oculta su preocupación por el clima político y social que vive España.

 

 

“Este es un país muy tensionado, incapaz de enfrentarse a los hechos con una cierta serenidad y ponderación”, advierte.

 

 

Sus palabras son un diagnóstico lúcido de la crispación que domina el debate público, donde la polarización y el ruido parecen haber desplazado la capacidad de escuchar y dialogar.

 

 

Pallín no esquiva la polémica y apunta directamente al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. “

 

 

Ya han dicho que el presidente del Gobierno le va a ordenar cometer delitos.

 

 

Yo creo que lo que dijo ayer el señor Feijóo y lo que estoy oyendo…

 

 

Yo le recomendaría que al levantarse y desayunar, que no tomasen demasiados excitantes”, ironiza el magistrado, subrayando la necesidad de rebajar el tono y recuperar la mesura en la política española.

 

 

El magistrado concluye con una reflexión que interpela a toda la sociedad: “Ya la cosa empieza a ser tediosa y propia de una sociedad con una escasez de calidad de diálogo verdaderamente preocupante”.

 

 

La preocupación por la falta de conversación real, por la incapacidad de enfrentar los hechos con serenidad, es el telón de fondo del nombramiento de Peramato y del momento institucional que atraviesa el país.

 

 

El nombramiento de Teresa Peramato no es solo la respuesta a una urgencia institucional tras la condena de García Ortiz.

 

 

Es, en muchos sentidos, una apuesta por la regeneración, la especialización y la capacidad de construir puentes en un país fracturado.

 

 

Peramato, experta en violencia de género y con una larga trayectoria en la Fiscalía, representa la posibilidad de devolver a la institución el prestigio y la confianza perdidos en medio de la polémica.

 

 

Su perfil, marcado por la discreción y el rigor, se aleja de la estridencia y el protagonismo mediático que han caracterizado otros mandatos.

 

 

La serenidad que destaca Pallín no es solo una virtud personal, sino una necesidad institucional en tiempos de incertidumbre y enfrentamiento.

 

 

La Fiscalía necesita recuperar su papel como garante de los derechos ciudadanos, como espacio de diálogo y de defensa de la legalidad, lejos de la instrumentalización política y la presión mediática.

 

 

Uno de los aspectos más valorados de Peramato es su experiencia en materia de violencia de género.

 

 

Fue la mano derecha de Soledad Cazorla, pionera en la lucha contra esta lacra social desde la Fiscalía.

 

 

Su conocimiento del terreno, su sensibilidad y su capacidad de trabajar en equipo son atributos que la sitúan como referente en la defensa de los derechos de las mujeres y en la promoción de políticas públicas efectivas.

 

 

El reto de la violencia de género sigue siendo uno de los grandes desafíos de la justicia española.

 

 

La polarización política y el negacionismo de algunos sectores han dificultado el avance en la protección de las víctimas y en la sensibilización social.

 

 

El nombramiento de Peramato, en pleno Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, es una declaración de intenciones y una oportunidad para reforzar el compromiso institucional con la igualdad y la justicia.

 

 

Las palabras de Martín Pallín son un recordatorio de lo que está en juego.

 

 

España necesita serenidad, diálogo y ejemplaridad en sus instituciones.

 

 

El ruido, la crispación y la falta de calidad en el debate público amenazan la cohesión social y la legitimidad de la justicia.

 

 

El futuro de la Fiscalía General del Estado depende de la capacidad de sus líderes para escuchar, dialogar y actuar con independencia y rigor.

 

 

 

Teresa Peramato llega al cargo en un momento de máxima exigencia.

 

 

Su serenidad, su experiencia y su compromiso son cualidades imprescindibles para afrontar los desafíos institucionales y sociales que se avecinan.

 

 

El respaldo de figuras como Martín Pallín, con su autoridad y su trayectoria, es un aval que invita a la esperanza y al compromiso.

 

 

 

 

El nombramiento de Teresa Peramato como fiscal general del Estado, la reacción cristalina de Martín Pallín y el contexto de tensión que vive España son piezas de un mismo puzzle.

 

 

La serenidad, el diálogo y la experiencia son valores que deben guiar a las instituciones en tiempos de crisis.

 

 

La Fiscalía, como garante de los derechos y la legalidad, necesita líderes capaces de imponer paz, de escuchar y de actuar con independencia.

 

 

 

La historia de Peramato es, en definitiva, la historia de una institución que busca recuperar la confianza y el prestigio perdidos.

 

 

Es también la historia de un país que necesita reencontrarse con la serenidad y la calidad en el diálogo, para poder avanzar hacia una democracia más madura y más justa.