Cristina Pedroche se defiende de las críticas por el vestido de las Campanadas: ”No entienden absolutamente nada”.
La colaboradora de Zapeando se ha defendido este viernes de las críticas por su ‘dirty look’ y ha reivindicado el mensaje detrás del mismo.

Cristina Pedroche, con sus estilismos elegidos para las Campanadas 2025.
Durante más de una década, la noche del 31 de diciembre en España tiene un ritual que se repite con precisión casi matemática: las uvas, el reloj de la Puerta del Sol y, unos segundos antes de que suenen las campanadas, la revelación del vestido de Cristina Pedroche.
Puede que el efecto sorpresa ya no sea el mismo que en 2014, cuando apareció prácticamente desnuda y rompió todos los códigos de la retransmisión televisiva tradicional, pero lo que sigue intacto es la expectación.
Pocos secretos se guardan con tanto celo como el estilismo que la presentadora luce cada Nochevieja en Antena 3. Y eso, en un ecosistema mediático saturado de filtraciones y spoilers, ya es un logro en sí mismo.
Para despedir 2025, Pedroche decidió romper incluso con su propia narrativa.
En lugar de apostar por un único diseño rompedor, eligió mirar atrás.
Literalmente. Su vestido fue un ensamblaje de todos los trajes que la han convertido en una figura central de las Campanadas desde hace once años. Doce campanadas, doce vestidos.
Un concepto que mezcla memoria, reciclaje y reivindicación personal, desarrollado en colaboración con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). No era solo un look, sino un mensaje: el pasado no se tira, se transforma.
La idea, explicada por la propia presentadora, buscaba resignificar una tradición que ella misma ha ayudado a construir.
Si durante años se le ha reprochado el exceso, el exhibicionismo o la provocación gratuita, este 2025 la respuesta fue conceptual.
No había un único impacto visual, sino capas. Brillos, texturas, fragmentos reconocibles de vestidos anteriores cosidos entre sí, como si cada etapa de su carrera formara parte de una armadura emocional.
Un “dirty look”, como ella misma lo definió después, que se alinea con la tendencia del upcycling y con una industria de la moda cada vez más cuestionada por su impacto ambiental.
Dos días después de las Campanadas, Cristina Pedroche apareció en Zapeando, el programa de laSexta en el que colabora habitualmente, para comentar cómo había vivido la experiencia desde la Puerta del Sol junto a Alberto Chicote.
El tono fue el esperado: entre la ironía, la defensa firme y una cierta resignación ante un fenómeno que ya conoce demasiado bien.
Porque si algo acompaña cada año a su vestido son las críticas. Y los memes. Y los debates interminables en redes sociales.
Ella misma reconoció que el mensaje no había calado de inmediato. “Todo el mundo me está criticando porque no entienden el vestido ni el concepto ni absolutamente nada”, dijo en directo, sin rodeos.
Pero lejos de mostrarse a la defensiva, lanzó una predicción que ya ha formulado en otras ocasiones: el tiempo acabará colocando las cosas en su sitio. “Ya veremos cómo la gente lo va a ir haciendo”, advirtió, convencida de que la lectura del look cambiará con los días.
No es la primera vez que ocurre. La historia de los vestidos de Pedroche es también la historia de cómo la percepción pública se transforma.
Muchos de los estilismos que fueron ridiculizados en un primer momento hoy se consideran icónicos, estudiados en escuelas de moda y citados en reportajes internacionales. El rechazo inicial forma parte del ciclo. Y ella lo sabe.
En plató insistió en que el diseño es, ante todo, moda y arte. Reivindicó el papel de Josie, estilista y creador del concepto, al que definió como “un visionario”.
Y subrayó que no se trata solo de estética, sino de un posicionamiento claro: apostar por el reciclaje en una noche marcada históricamente por el derroche tiene un valor simbólico potente.
“Todas tus piezas forman parte de tu historia y te hacen seguir adelante”, resumió, dando sentido a un vestido que funcionaba casi como un autorretrato.
La Pedroche de 2025 no reniega de la provocación, pero la canaliza de otra forma. Ya no se trata solo de enseñar piel o de desafiar el pudor televisivo, sino de apropiarse del relato.
De decir: esto soy, esto he sido y con todo ello construyo lo que viene. Por eso afirmó sentirse “guerrera y con fuerza” con un vestido cargado de brillo, pero también de significado.
Las críticas, sin embargo, no se limitaron a la incomprensión artística. Como cada año, hubo comentarios sobre su cuerpo, su papel como presentadora, su presencia constante en la noche de Fin de Año.
A eso respondió con una mezcla de distancia y mensaje directo. En su perfil oficial de Instagram publicó una imagen de espaldas al reloj de la Puerta del Sol, acompañada de una frase tan sencilla como contundente: “A las críticas hay que darles la espalda, ¿no? Feliz año para todos”. No era una huida, sino una declaración de intenciones.
Mientras el debate sobre el vestido seguía vivo en redes y programas de tertulia, los datos de audiencia aportaron una lectura más fría, pero igualmente relevante.
Las Campanadas de Atresmedia, retransmitidas tanto en Antena 3 como en laSexta con Cristina Pedroche y Alberto Chicote al frente, perdieron audiencia respecto al año anterior y quedaron claramente por detrás de la propuesta de RTVE.
La cadena pública, con Chenoa y Estopa como protagonistas, se impuso con 4.993.000 espectadores y un 34% de cuota de pantalla.
En contraste, Antena 3 se quedó en 3.273.000 espectadores y un 22,8% de share.
Un dato especialmente significativo porque supone el mínimo histórico de Pedroche desde que asumió la presentación de las Campanadas en la cadena. Por primera vez en años, el reinado indiscutido se tambalea de forma evidente.
Este descenso ha reabierto un debate que llevaba tiempo latente: ¿sigue funcionando la fórmula Pedroche? Algunos analistas apuntan al desgaste natural de un formato que ha basado gran parte de su impacto en el shock visual.
Otros señalan que la competencia de RTVE ha sabido conectar mejor con un público amplio, apostando por figuras transversales, alejadas de la polarización y con un tono más emocional.
Sin embargo, reducir el resultado de audiencia únicamente al vestido sería simplista.
Las Campanadas son un fenómeno complejo, en el que influyen la percepción de la cadena, el contexto social, el clima político y, por supuesto, el estado de ánimo colectivo con el que se despide el año.
En 2025, marcado por tensiones, cansancio y una cierta necesidad de refugio emocional, la propuesta de RTVE pudo resultar más reconfortante para una parte mayoritaria de la audiencia.
Eso no invalida el gesto de Pedroche. Al contrario. En un momento de retroceso en términos de share, ella decidió arriesgar desde otro lugar.
Apostar por un mensaje social, por la colaboración con una asociación como la AECC y por una reflexión sobre el valor de la memoria y el reciclaje no es una elección cómoda.
Es una decisión que asume la posibilidad del rechazo como parte del proceso creativo.
Además, su presencia sigue siendo central en la conversación pública. Pocos rostros generan tal volumen de comentarios, análisis y reacciones cada 1 de enero.
Aunque los números de audiencia bajen, el impacto mediático sigue siendo enorme. Y en la lógica del ecosistema digital actual, eso también cuenta.
Cristina Pedroche ha construido, año tras año, un personaje que va mucho más allá del vestido.
Es una figura que divide, incomoda y obliga a posicionarse. Para algunos, es el símbolo de un exceso agotado.
Para otros, una mujer que ha sabido apropiarse de su cuerpo y de su imagen en un medio históricamente hostil.
En 2025, su elección de unir todos sus trajes en uno solo parece casi una metáfora involuntaria de esa dualidad: luces y sombras cosidas en una misma estructura.
Quizá el mayor valor de este último estilismo no esté en su estética, sino en la conversación que provoca.
Obliga a hablar de sostenibilidad en prime time, de memoria personal en un formato masivo, de crítica social en una noche tradicionalmente superficial. Y eso, en un medio cada vez más previsible, no es poca cosa.
El tiempo dirá si esta apuesta marca un punto de inflexión o si forma parte de una transición hacia otra etapa en las Campanadas de Antena 3.
Lo que está claro es que, incluso cuando pierde audiencia, Cristina Pedroche sigue marcando agenda. Y en televisión, eso sigue siendo poder.
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