La ‘venganza’ de Rosalía: la posible historia tras el vestido de novia ‘plantada’ que usó para interpretar su canción más polémica.

 

 

 

Del Chanel cósmico a la novia dramática de Westwood: el doble mensaje oculto en los looks de Rosalía en ‘The Tonight Show’.

 

 

 

 

 

 

Rosalía regresó anoche a ‘The Tonight Show Starring Jimmy Fallon’ con esa capacidad que tiene para convertir un plató de televisión en un pequeño teatro del que no puedes despegar las pupilas.

 

 

Las redes aún siguen intentando recuperarse de una actuación de ‘La Perla’ sin precedentes.

 

 

Pero más allá del temblor emocional que nos dejó la performance, hubo un detalle que las redes no han dejado pasar: ¿qué historia oculta escribió Rosalía con sus vestidos? Son muchas las teorías.

 

 

Porque antes de dejar a medio planeta analizando cada gesto, cada sílaba y cada filigrana vocal de su directo, Rosalía se sentó a conversar con Fallon enfundada en un vestido de Chanel que merece capítulo aparte.

 

 

Y no un Chanel cualquiera, sino uno procedente del debut de Matthieu Blazy al frente de la maison, esa colección Spring-Summer 2026 presentada en un Grand Palais transformado en un cosmos textil: tweeds deshilachados que parecían restos de estrellas fugaces, camisas masculinas reinterpretadas con ese aire de “estoy aquí para reescribir las reglas”, y vestidos que oscilaban entre la memoria y el trampantojo (mil y una formas de reinterpretar el tejido más reconocible de la maison).

 

 

 

 

 

Rosalía arrasa en el show de Jimmy Fallon con dos vestidos blancos para promocionar ‘Lux’.

 

 

Blazy dividió aquel desfile en tres actos (Un Paradox, Le Jour y L’Universel) como si quisiera proponer un pequeño tratado filosófico sobre lo que significa heredar un legado tan gigantesco como el de Chanel y, aun así, imprimirle una órbita nueva.

 

 

Rosalía llevó un vestido del segundo acto, justo mientras en la pasarela sonaba ‘I Was Such A Fool (To Fall In Love With You)’ , de Connie Francis.

 

 

Y aquí es cuando el vestido empieza a guiñar el ojo: una canción lacrimógena, una buena balada cinematográfica sesentera, que habla del amor no correspondido. Dramática es poco.

 

 

Rosalía, por supuesto, sabe perfectamente lo que hace: su estilismo en la entrevista ya colocaba el tono emocional de lo que vendría después.

 

 

 

Ese Chanel no era únicamente un homenaje a la nueva era de Chanel con Blazy ni un gesto de apoyo al nuevo rumbo de la maison, que posiblemente también, sino un preludio simbólico.

 

 

Un destello premeditado que anticipaba la narrativa mayor de la noche: la actuación dejó sin respiración incluso a quienes llevan en bucle con ‘La Perla’ desde que saliera el disco a la Lux.

 

 

 

 

El vestido de Chanel que Rosalía eligió para su entrevista.

 

 

Porque cuando Rosalía reapareció sobre el escenario para cantar la canción más comercial de su disco, lo hizo convertida en una suerte de heroína trágica; enfundada en un vestido que evocaba directamente a las novias plantadas, esas figuras que la cultura pop ha inmortalizado entre lágrimas, tules y giros dramáticos del caprichoso destino.

 

 

 

El vestido, firmado por Vivienne Westwood, no podía ser de otra persona.

 

 

La diseñadora británica, una de las madres fundadoras del punk más estético, siempre entendió que una prenda no es solo una prenda: es ideología, es sátira, es comentario social.

 

 

Westwood jugaba con el volumen como nadie, y su manera de desestructurar vestidos nupciales convirtió a sus novias en criaturas rebeldes, a medio camino entre una doncella shakesperiana y una antiheroína empoderada.

 

 

 

 

 

 

Dos platones en el altar firmados por Vivienne Westwood.

 

 

El diseño que Rosalía eligió para cantar ‘La Perla’ encaja perfectamente en ese concepto: un vestido blanco, aunque no del blanco virginal que dicta el canon, sino un blanco marfil, con un buen corsé y una falda globo fragmentada que parecía flotar entre la inocencia rota y la fuerza de la mujer que decide rescribir su propio relato.

 

 

Westwood siempre supo cómo convertir el exceso en manifestación de libertad, y Rosalía lo explotó sin temor alguno.

 

 

 

Y, claro, hablar de novias plantadas nos lleva de manera instantánea a una de las más icónicas: Carrie Bradshaw en “Sexo en Nueva York”.

 

 

Plantada en la puerta de la Biblioteca de Nueva York por su perla, Mr. Big, cubierta de un despliegue de plumas, seda y tragedia, y rematada con un bofetón (ramo en ristre) y el enfado de Charlotte York un ‘no’ que aún resuena en la cabeza de muchos fans de la serie.

 

 

Ese look quedó para siempre grabado a fuego en el imaginario audiovisual como el epítome del abandono más glamuroso que una puede tener. Abandonada, pero impecable y con una pluma de pavo en la cabeza.

 

 

 

 

Rosalía se venga de su ‘perla’ con un increíble vestido bridal.

 

 

 

El vestido de Rosalía no replicaba esa silueta, era otra historia, otro corte, otra intención, pero la mano de Westwood se notaba incluso en la forma en la que la falda caía.

 

 

Lo que sí heredó fue el concepto: la novia que no espera, la novia que no llora, la novia que se apropia del escenario y lo convierte en triunfo.

 

 

El mensaje está en su ropa, en su puesta en escena, en ese cuerpo que se arquea sobre un… ¿colchón? ¿una tarta? ¿una pila de ataúdes? para dedicar una letra bien cargadita de mensajes.

 

 

Todo estaba calculado para construir una atmósfera: desde el peinado de ondas suaves con un tinte rubio en forma de ‘me quitaron la corona de espinas’ hasta la iluminación azulada que convertía el escenario en un santuario melancólico.

El vestido de Westwood no funcionaba solo como vestuario, sino como objeto narrativo, como símbolo.

¿A quién fue dedicada realmente La Perla? Eso forma parte del misterio.

 

Puede que la envíe a una persona, a una etapa vital, a una pérdida, a una plétora de hombres que la trataron mal…

 

 

Pero lo que sí parece claro es que Rosalía quería sellar esta performance como un momento inolvidable, una venganza musical al más puro estilo Paquita La Del Barrio, de las que hubiera dedicado Rocío Jurado y las que volvió a poner de moda Shakira. Con otro talante y otro talento. Y lo consiguió.