La irónica reflexión de Emilio Delgado sobre la “dictadura” de la que habla Ayuso: “A lo mejor tiene razón”.

 

 

 

El TSJM permite la marcha falangista por el 50º aniversario de la muerte de Franco.

 

 

 

 

 

 

El 50º aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco – fecha que marcó el fin de la dictadura y el comienzo de la transición hacia la democracia en España – ha reabierto la polémica sobre los actos de exaltación del franquismo en la capital.

 

 

La Falange convocó para este viernes 21 de noviembre una concentración en el centro de Madrid bajo el lema “No parar hasta reconquistar”, una consigna que despertó críticas inmediatas por su carácter abiertamente ultraderechista.

 

 

Uno de los pronunciamientos más comentados ha sido el de Emilio Delgado, portavoz de Más Madrid en la Asamblea, quien ha criticado abiertamente el contexto que rodea a la autorización.

 

 

 

La Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid prohibía inicialmente la convocatoria, pero el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) autorizó finalmente la manifestación, permitiendo que se celebre en la fecha prevista.

 

 

La decisión judicial ha generado una nueva oleada de reacciones políticas, especialmente en un momento en el que la presencia y la visibilidad de grupos de extrema derecha vuelven a estar en el centro del debate.

 

 

El político, en respuesta a un mensaje en redes sociales que afirmaba que “el fascismo campa a sus anchas por Madrid”, Delgado ha asegurado: “A lo mejor tiene razón Ayuso cuando dice que vamos camino de una dictadura”, en referencia irónica a las repetidas declaraciones de la presidenta madrileña alertando sobre una supuesta deriva autoritaria en España.

 

 

El comentario del portavoz de Más Madrid ha encendido aún más la discusión sobre los límites de la libertad de expresión, la permisividad hacia actos de corte franquista y la interpretación política que se hace del auge de grupos ultraderechistas en la región.

 

 

 

El TSJM autoriza las manifestaciones de Falange.

 

 

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) considera que no existen razones fundadas para avalar la prohibición comunicada esta semana por parte de la Delegación de Gobierno en la Comunidad de Madrid.

 

 

Así, la Sección número 10 de lo Contencioso-Administrativo a través de la resolución emitida este viernes estima el recurso que presentó la Falange contra la prohibición comunicada por la Delegación del Gobierno y considera que esta decisión “no es conforme a derecho”, en la manera en la que impediría el desarrollo de la marcha en la fecha y recorrido comunicados.

 

 

Además, sobre las posibles vulneraciones a la Ley de Memoria Democrática que expuso la Delegación de Gobierno, los magistrados del TSJM que han emitido la resolución consideran que “esas conjeturas no constituyen razones fundadas para restringir el derecho de reunión según la ley y la jurisprudencia”.

 

 

En este sentido, agregan que en caso de incumplirse la ley, existen medidas legales para actuasr ‘expost’, pero no se puede prohibir una marcha por la posibilidad de que se produzcan hipotéticos incidentes.

 

 

Con esta decisión sobre la mesa, la marcha de Falange recorrerá desde la calle Génova, donde se ubica la sede del Partido Popular (PP), hasta Ferraz, sede del PSOE.

 

 

Sin embargo, este martes la Delegación de Gobierno prohibía la manifestación prevista para este viernes por parte de La Falange.

 

 

En el escrito, al que tuvo acceso ElPlural.com, la Delegación de Gobierno se basa en informes policiales que alertan de riesgos.

 

 

Concretamente, detalla que “existen razones objetivas y fundadas para prever que durante la manifestación puedan producirse discursos de odio y humillación expresa de las víctimas del franquismo, incitación a la violencia o exaltación de la dictadura franquista”.

 

 

El auge de la extrema derecha y el desafío a la convivencia democrática.

 

 

El contexto en el que se produce la marcha falangista no es casual. España, como otros países europeos, vive un momento de auge de la extrema derecha, que aprovecha la polarización y el desencanto para ganar visibilidad y apoyo.

 

 

La presencia de grupos ultraderechistas en las calles de Madrid, en fechas tan simbólicas como el aniversario de la muerte de Franco, es un síntoma de la fragilidad de los consensos democráticos y de la necesidad de reforzar los mecanismos de protección de la memoria y la convivencia.

 

 

La reacción de Emilio Delgado, con su ironía afilada, pone de manifiesto la urgencia de un debate honesto y profundo sobre los límites de la tolerancia y la defensa activa de la democracia.

 

 

No se trata solo de permitir o prohibir manifestaciones, sino de construir un marco institucional y cultural que impida la banalización del pasado y la legitimación de discursos de odio.

 

 

La polémica sobre la marcha falangista y la reflexión de Emilio Delgado interpelan directamente a los actores políticos y a la sociedad civil.

 

 

La gestión de la memoria y la defensa de la democracia no pueden quedar en manos exclusivas de los tribunales o de las administraciones.

 

 

Es necesario un compromiso colectivo que vaya más allá de la legalidad formal y que se traduzca en acciones concretas para educar, sensibilizar y proteger a las víctimas del franquismo y de cualquier forma de violencia política.

 

 

La ironía de Delgado, en este sentido, es una invitación a la acción. Si la democracia permite la manifestación del fascismo, es deber de los demócratas responder con argumentos, movilización y pedagogía.

 

 

La memoria no es un asunto del pasado, sino una herramienta para construir el futuro.

 

 

El 50º aniversario de la muerte de Franco ha servido para recordar que la democracia española sigue siendo un proyecto inacabado, sometido a tensiones y desafíos constantes.

 

 

La marcha falangista, autorizada por el TSJM, es mucho más que un evento puntual: es un símbolo de los dilemas que enfrenta la sociedad en la gestión de la memoria y la defensa de los valores democráticos.

 

 

La reflexión irónica de Emilio Delgado, lejos de ser una simple provocación, es un recordatorio de que la democracia no puede ser complaciente con quienes buscan socavar sus fundamentos.

 

 

La libertad de expresión y de reunión son derechos esenciales, pero no pueden convertirse en excusas para legitimar el odio y la violencia.

 

 

La responsabilidad de los actores políticos, de las instituciones y de la ciudadanía es construir un marco de convivencia que impida la repetición de los errores del pasado.

 

 

El futuro de la democracia española depende de la capacidad de sus defensores para responder a los desafíos del extremismo y para proteger la memoria de quienes sufrieron bajo la dictadura.

 

 

La ironía, como la de Delgado, puede ser una herramienta poderosa para despertar conciencias y abrir debates, pero el compromiso democrático exige algo más: acción, reflexión y voluntad de cambio.