Jesús Cintora oye a Aznar negarse a condenar el franquismo y salta con esta atronadora palabra.
Jesús Cintora no se cortaba al reaccionar en ‘Malas Lenguas’ a las palabras de José María Aznar sobre el franquismo en su entrevista con Jiménez Losantos.

En el escenario político español, hay palabras que resuenan con fuerza y gestos que desatan auténticas tormentas.
La reciente entrevista de José María Aznar con Federico Jiménez Losantos en EsRadio ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los debates más incómodos y persistentes de la democracia española: la condena –o ausencia de ella– al franquismo y a la guerra civil.
El ex presidente del Gobierno, lejos de esquivar la polémica, se negó abiertamente a condenar el franquismo, justificando su postura por la implicación personal de su padre en la contienda y arremetiendo contra la izquierda actual, a la que acusó de repetir los errores del pasado.
La reacción de Jesús Cintora, periodista y presentador de ‘Malas Lenguas’ en La 2, no se hizo esperar y se condensó en una palabra que lo dice todo: “Tremendo”.
La escena, capturada en directo por las cámaras, es elocuente. Cintora, visiblemente sorprendido, no da crédito a las declaraciones de Aznar.
“Ojo a Aznar, porque opuesto a condenar de forma tajante la guerra civil, el golpe de Estado, pero es que además incluso llega a decir que hay una izquierda que está cometiendo esos errores.
Ojo, Aznar con Jiménez Losantos”, subrayaba el presentador, marcando el tono de incredulidad y preocupación que impregnó el resto del programa.
El fragmento reproducido en ‘Malas Lenguas’ muestra a Aznar justificando su negativa con argumentos personales y familiares: “Mi padre participó. Mi padre hizo tres años de guerra.
Y lo curioso históricamente es que esta parte de la izquierda radical, que es ignorante y que no tiene en cuenta la historia más que para intentar reescribirla, está cometiendo los mismos errores que se cometieron en esa época”.
La declaración, lejos de buscar reconciliación o autocrítica, profundiza en la división y alimenta el debate sobre la memoria histórica y el papel de los líderes políticos en la construcción de una democracia madura.
La reacción de Cintora, ese “Tremendo, tremendo ehhh”, es más que una exclamación: es la síntesis de una indignación compartida por muchos.
El periodista no solo expresa su desacuerdo, sino que lo hace desde la responsabilidad de quien sabe que la televisión pública tiene el deber de poner “blanco sobre negro” en los asuntos que afectan a la convivencia democrática.
“Hay un ambiente de este tipo o intenta trasladarlo que en fin…”, añadía, señalando el peligro de normalizar discursos que relativizan el golpe de Estado y la dictadura.
El ambiente en el plató se tensó aún más cuando Javier Aroca, colaborador habitual y analista político, tomó la palabra para contextualizar la trayectoria de Aznar.
“El señor Aznar tiene una trayectoria política en España que es indudable, su oposición, digamos juvenil, a la propia constitución y hacia su vínculo umbilical indestructible con su pasado franquista y familiar”, apuntaba Aroca, recordando que la historia personal y política del ex presidente está marcada por una relación compleja con el franquismo y la transición democrática.
Cintora, lejos de quedarse en la superficie, profundizó en el análisis. “Bueno, ya habéis oído lo que dice Aznar sobre el origen de la guerra civil y sobre lo que dice que la izquierda está repitiendo ahora.
Y eso que dice que él solo habla con gente con determinado nivel intelectual cuando es entrevistado por Federico Jiménez Losantos.
Eso dice a Losantos. Aznar y Losantos y miren a qué nivel está Aznar”, sentenció, invitando a la audiencia a reflexionar sobre el impacto de las palabras del ex presidente y el papel de los medios en la construcción de relatos históricos.
La negativa de Aznar a condenar el franquismo no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia que recorre ciertos sectores de la política española, donde la memoria histórica se convierte en campo de batalla y la reconciliación parece siempre pendiente.
El argumento de la implicación familiar, lejos de ser una justificación válida, revela la dificultad de muchos líderes para asumir el peso de la historia y para contribuir a la construcción de una memoria colectiva basada en la verdad y el reconocimiento de las víctimas.
La reacción de Cintora, amplificada en redes sociales y tertulias, ha generado un intenso debate sobre los límites de la opinión y la responsabilidad de los líderes públicos.
¿Puede un ex presidente negarse a condenar el franquismo sin que ello tenga consecuencias políticas y sociales? ¿Hasta qué punto la televisión y los medios deben intervenir para señalar y contextualizar estos discursos? ¿Es posible avanzar en la reconciliación sin una condena clara y rotunda de los episodios más oscuros de la historia reciente?
La respuesta, como siempre, no es sencilla. La democracia española, nacida de una transición pactada y marcada por el silencio sobre el pasado, sigue enfrentando el reto de integrar la memoria histórica en el debate público sin caer en la polarización ni el revisionismo.
La postura de Aznar, lejos de ayudar a cerrar heridas, reabre el debate sobre la legitimidad de los discursos que relativizan el golpe de Estado y la dictadura.
El papel de periodistas como Jesús Cintora es clave en este contexto. Su reacción, lejos de ser una mera opinión, es una invitación a la reflexión y al debate, a la exigencia de responsabilidad y a la defensa de los valores democráticos.
En tiempos de crispación y polarización, el periodismo tiene la tarea de señalar las líneas rojas y de recordar que la democracia se construye sobre la condena clara de la violencia y la dictadura.
La entrevista de Aznar y la reacción de Cintora ponen de manifiesto la vigencia del debate sobre la memoria histórica y la necesidad de seguir trabajando por una sociedad más justa y consciente de su pasado.
La palabra “Tremendo”, pronunciada por Cintora, resuena como un eco de indignación y como un recordatorio de que la historia no puede ser ignorada ni relativizada.
En definitiva, el episodio Aznar-Cintora es mucho más que una polémica pasajera: es el reflejo de los desafíos que enfrenta la democracia española y de la importancia de la memoria histórica en la construcción de un futuro común.
La televisión pública, los periodistas y la sociedad tienen el deber de no mirar hacia otro lado y de exigir a sus líderes claridad, responsabilidad y compromiso con la verdad.
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