De las lágrimas inconsolables en el funeral de Rocío Dúrcal a su final en paz: el día que su muerte destrozó a su familia.

 

Hace 20 años que la artista falleció en su casa de Torrelodones a causa de un cáncer. Su viudo y sus tres hijos perdieron al alma que los unía a todos.

 

 

La inolvidable Rocío Dúrcal falleció el 25 de marzo de 2006 dejando un enorme vacío en su familia.

 
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El 25 de marzo de 2006 se apagó Rocío Dúrcal y con ella, una de las voces más importantes de nuestro país. También una de las artistas más queridas. Tenía 61 años y llevaba cinco luchando contra un cáncer de útero que, finalmente, no pudo superar.

 

Dio su último aliento en su casa de la localidad madrileña de Torrelodones, en su hogar, tal y como había sido su deseo, de la mano de su marido y de sus tres hijos. Su despedida fue como ella quería, en paz, rodeada de amor. 

 

 

Antonio Morales, junto a sus hijas Shaila y Carmen, completamente roto tras la muerte de Rocío Dúrcal.

 

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El reloj marcaba las 19:15 horas. Al igual que su corazón, todo en esa casa se quedó en suspenso por un momento. Sus paredes colmadas de cuadros, el piano cubierto de fotos, los premios en los estantes, el jardín con vistas a la sierra que adoraba… Rocío Dúrcal era el alma de la familia y pronto se verían los dramáticos efectos de su pérdida.

 

La enfermedad

 

Su esposo, Antonio Morales Júnior, con 62 años, lloraba desconsolado, sin saber qué hacer, agarrado a su querida Marieta, como la llamaban en familia, sin dar crédito a que aquella vitalidad prodigiosa pudiese parar.

 

 

Rocío Dúrcal en el exterior de su casa de Torrelodones que heredaron sus hijos.

 

A su lado, Carmen, Antonio y Shaila, que entonces tenían 35, 32 y 26 años respectivamente, igualmente abatidos e incrédulos. Aunque se conocía la enfermedad de la cantante, la noticia de su muerte sí sorprendió al público, que había confiado en que las cosas salieran bien para aquella eterna “novia de España”.

 

El shock fue total. En octubre de 2001 a Rocío Dúrcal la habían diagnosticado cáncer de matriz. Fue operada y todo pareció ir bien. Sin embargo, tres años después se le detectaron unas manchas en el pulmón, lo que requirió de quimioterapia. Rocío.

 

 

La muerte de Rocío Dúrcal supuso un verdadero mazazo para Junior quien estuvo ocho años sin levantar cabeza.

 

Dúrcal se vio obligada a cancelar su gira de conciertos por América, y eso hizo que trascendiera su enfermedad. Solo entonces se supo. La cantante, siempre con su sonrisa por delante, con su fuerza y sus ganas de darse al público, lo había guardado en silencio.

 

Un final en paz.

 

En esa época empezaron a manifestarse los efectos del tratamiento médico. Rocío
estaba más hinchada, lucía el pelo corto… Pese a todo, en sus apariciones siempre se mostraba esperanzada y positiva.

 

 

Contagiaba optimismo y afirmaba que “ella era una más” de las personas que les había tocado. La última fase de la enfermedad la habían llevado con la máxima discreción, de puertas para adentro de ese chalet de Torrelodones, inmersa en la naturaleza, pero mirando a Madrid.

 

El estado de salud de Rocío Dúrcal se fue agravando. En 2005 tuvo que ingresar, al
menos en dos ocasiones, en el hospital. Pero de allí salió sonriendo, quitándole importancia. Consciente de que el final se acercaba, Rocío no quiso morir en el hospital y decidió permanecer en su habitación.

Nada pudo impedir el fatal desenlace, esa tarde del 25 de marzo. La capilla ardiente de la cantante se instaló al día siguiente de su muerte, en el Tanatorio Cementerio de La Paz de Madrid.

 

 

La familia de Rocío Dúrcal durante el multitudinaria funeral celebrado en México.

 

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Multitud de rostros famosos acudieron a darle el último adiós. Especialmente llamativa fue la presencia de Rocío Carrasco, quien poco más de dos meses más tarde, el 1 de junio de 2006, habría de perder a su propia madre, Rocío Jurado.

 

En un conmovedor detalle con la prensa, que le tenía un enorme cariño a la artista, y viceversa, la familia permitió a los medios entrar a presentar sus respetos. 

 

Lágrimas inconsolables

 

Tras el velatorio, allí mismo tuvo lugar su incineración. Todos se derrumbaron. Su
viudo estaba inconsolable y las lágrimas surcaban su rostro, mientras se apoyaba en sus hijos. Carmen y Shaila estaban destrozadas, con los ojos hinchados. Se iba el gran pilar de su familia.

 

 

Unos días después, el 31 de marzo, se celebró una misa funeral en Madrid en la parroquia de los Sagrados Corazones, en la que se dieron cita más de mil personas. Y quedaba todavía un último rito de despedida público para la gran Rocío Dúrcal: el viaje de parte de sus cenizas a México, su segunda patria, donde triunfó como “dama de las rancheras”. Rocío era “la española más mexicana”.

 

El 2 de mayo se celebró un servicio religioso en la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México, que le demostró su devoción. Miles de personas se congregaron en la plaza portando fotos y pancartas, mientras de fondo sonaban sus canciones. Inolvidable la imagen de Júnior portando la caja de madera con las cenizas, sostenido por sus hijos, rotos de emoción.

 

 

Las cenizas fueron depositadas en una urna de cristal en la cripta, a los pies de la virgen. “Esa era su voluntad”, dijo Júnior. El viudo, que no quiso separarse de las cenizas hasta el último instante, reconoció que estaba recibiendo apoyo psicológico.

 

“Con Marieta se ha ido más de la mitad de mi vida, porque yo se la había dedicado entera”, afirmó.

 

 

Tiempo después, Júnior confesaría que cayó en el alcoholismo a raíz del diagnóstico de Marieta, llegando a necesitar ayuda profesional. Un problema que preocupó mucho a sus hijos, quienes también tenían que lidiar con su propio duelo.

 

Hubo unos años convulsos, incluso cierta distancia entre los hermanos. Afortunadamente, eso ya está en el pasado. El vacío que dejó la matriarca era imposible de llenar.

 

Aquella dulce María de los Ángeles de las Heras Ortiz, Rocío o Marieta, fue muy amada. Y veinte años después, sigue estando viva.