Ester Muñoz dice que ser católico “es el nuevo punk” al ver a Ayuso con Hakuna: la réplica de Roberto Sotomayor es de medalla de oro.
Es la frase del día.

La polémica que ha sacudido Madrid en los últimos días demuestra, una vez más, cómo la política, la religión y las redes sociales forman hoy un cóctel explosivo.
En el centro del debate se encuentran Isabel Díaz Ayuso, el grupo musical Hakuna, la portavoz del PP en el Congreso Ester Muñoz y, como inesperado protagonista viral, Roberto Sotomayor, excandidato de Podemos a la Alcaldía de Madrid y exatleta profesional de élite.
Lo que comenzó como un comentario aparentemente ligero sobre un concierto navideño ha terminado convirtiéndose en un enfrentamiento ideológico de gran calado, con miles de reacciones y un trasfondo político mucho más profundo de lo que parecía a simple vista.
Todo se desencadena con la programación de los tradicionales Villancicos en Sol, uno de los eventos más simbólicos de la Navidad madrileña.
Este año, el Ejecutivo regional decidió contar con Hakuna, un movimiento juvenil católico que combina música, espiritualidad y un fuerte componente comunitario.
Su popularidad ha crecido de forma notable en los últimos años, impulsada sobre todo por redes sociales como TikTok e Instagram, donde acumulan cientos de miles de seguidores y generan una estética que conecta con parte de la juventud creyente.
La actuación tuvo lugar en el balcón de la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid, un espacio cargado de simbolismo institucional.
En primera fila se encontraban la propia Isabel Díaz Ayuso y el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, disfrutando del concierto, cantando villancicos y compartiendo una imagen distendida que pretendía transmitir cercanía, tradición y normalidad navideña.
Sin embargo, esa imagen fue interpretada de forma muy distinta según el prisma ideológico de quien la observaba.
Las redes sociales no tardaron en estallar. Una avalancha de comentarios, memes y críticas se centraron especialmente en la elección de Hakuna como grupo invitado.
Entre las voces más irónicas destacó la del tuitero @MadridDecadente, que comparó la actuación con episodios pasados que ya habían generado polémica, como la presencia de David Bisbal cantando el “Burrito sabanero”.
Su mensaje, cargado de sarcasmo, apuntaba que cuando parecía imposible “tocar fondo”, Ayuso volvía a sorprender trayendo a Hakuna a la Puerta del Sol.
El tuit iba más allá y describía con tono burlón el ambiente del concierto, hablando de “familias del Opus”, “jóvenes cristoflautas” y “emocionadas monjas”.
Esa descripción, claramente provocadora, se convirtió en el detonante perfecto para que Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, entrara en escena.
Al citar el mensaje, Muñoz lanzó una frase que rápidamente se viralizó: “Isabel les tiene bailando”. Pero no se quedó ahí.
Añadió una reflexión que encendió aún más el debate: “Ser católico, religioso y presumir de ello es el nuevo punk”.
La frase fue celebrada por simpatizantes del Partido Popular y por sectores conservadores que interpretaron el mensaje como una reivindicación de la libertad religiosa y una crítica a lo que consideran un clima de señalamiento hacia los creyentes.
Para ellos, Muñoz estaba poniendo palabras a una sensación compartida: la de que manifestar públicamente la fe católica se ha convertido en un acto contracultural frente a una supuesta hegemonía progresista en lo cultural.
Sin embargo, para otros muchos usuarios, la intervención de la portavoz popular resultó provocadora y fuera de lugar.
Entre ellos, Roberto Sotomayor decidió responder. Sotomayor no es un desconocido en la esfera pública.
Además de su trayectoria política vinculada a Podemos, cuenta con un notable currículum deportivo como exatleta profesional, campeón de Europa en categoría máster en pista cubierta en hasta tres ocasiones.
Su perfil combina activismo social, compromiso político y una presencia habitual en redes, donde no rehúye la confrontación ideológica.
Con una sola frase, Sotomayor dio la vuelta al relato. Comentando directamente el tuit de Ester Muñoz, escribió: “‘Les tiene bailando’.
Como si no ser religioso o católico fuera motivo para estar escondido y no poder quejarse del abuso este. Es demencial lo de esta señora”.
El mensaje conectó de inmediato con miles de usuarios que compartían su indignación y cuestionaban la narrativa de victimismo religioso planteada desde el PP.
Para Sotomayor, el problema no era la fe en sí, sino lo que consideraba un uso político de la religión desde las instituciones.
Su crítica apuntaba a la idea de que ser católico en España no solo no implica persecución alguna, sino que sigue contando con un enorme respaldo social, cultural y simbólico, especialmente cuando se combina con el poder político.
La respuesta fue interpretada como una defensa de la laicidad y una denuncia de lo que él considera privilegios normalizados.
Lejos de quedarse ahí, Sotomayor volvió a citar el debate horas después y lanzó la frase que muchos calificaron como “la réplica del día”.
En referencia a Isabel Díaz Ayuso, escribió: “Votaba por Israel en Eurovisión en pleno genocidio. Aquí, la católica”.
Con esa afirmación, introducía un nuevo elemento en la polémica, conectando la imagen pública de la presidenta madrileña como defensora de valores cristianos con decisiones políticas y posicionamientos internacionales muy controvertidos.
La alusión a Eurovisión y al conflicto en Gaza abrió otro frente de discusión.
Para muchos usuarios, Sotomayor estaba señalando una supuesta incoherencia entre el discurso moral y determinadas posturas políticas.
Para otros, se trataba de una comparación injusta que mezclaba planos distintos. En cualquier caso, la frase volvió a viralizarse y multiplicó el alcance del debate mucho más allá del concierto navideño.
Este episodio refleja con claridad cómo los símbolos culturales y religiosos se han convertido en armas arrojadizas en la batalla política española.
La Navidad, tradicionalmente asociada a consenso y celebración, se transforma así en un escenario más de confrontación ideológica.
La elección de Hakuna no es solo una decisión artística, sino un gesto cargado de significado político que cada sector interpreta según sus propias coordenadas.
Hakuna, por su parte, se ha mantenido al margen de la polémica directa, aunque no es ajena a este tipo de debates.
El movimiento, fundado por el sacerdote José Pedro Manglano, conocido como el padre Josepe, ha crecido precisamente en un contexto donde muchos jóvenes creyentes sienten la necesidad de reivindicar su identidad en espacios públicos.
Su éxito en redes sociales demuestra que existe un público amplio para este tipo de propuestas, aunque también evidencia la polarización que generan.
La figura de Isabel Díaz Ayuso vuelve a situarse en el centro de la tormenta mediática.
Para sus seguidores, su presencia en el concierto y su respaldo a Hakuna son una muestra de autenticidad y cercanía con una parte importante de la sociedad madrileña.
Para sus detractores, es una estrategia calculada que mezcla religión, política y espectáculo para consolidar un relato ideológico muy concreto.
El cruce de mensajes entre Ester Muñoz y Roberto Sotomayor resume a la perfección el clima actual: frases cortas, contundentes, pensadas para viralizarse y marcar posición.
Más allá del ruido, el debate plantea cuestiones de fondo sobre el papel de la religión en el espacio público, los límites entre tradición y propaganda y el uso de eventos culturales con fines políticos.
En un país donde la polarización no deja de crecer, incluso los villancicos se convierten en campo de batalla.
Y mientras unos cantan en la Puerta del Sol y otros discuten en X, la política española sigue demostrando que ya no hay escenario pequeño cuando se trata de confrontar relatos.
La réplica de Sotomayor, celebrada por unos y criticada por otros, es solo el último ejemplo de cómo una frase bien lanzada puede incendiar el debate nacional en cuestión de minutos.
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