Euprepio Padula no se corta en señalar a este alto mando de Mediaset tras lo permitido a Nacho Abad en ‘En boca de todos’.

 

 

El periodista Euprepio Padula se ha hecho eco de la última salida de tono de Nacho Abad y ha criticado a la presidenta de Mediaset que no haga nada.

 

 

 

 

La televisión en directo tiene algo de imprevisible, de vértigo constante. Una frase mal dicha, un gesto fuera de lugar o un comentario lanzado sin pensar pueden desatar una tormenta en cuestión de segundos.

 

Eso fue exactamente lo que ocurrió cuando Nacho Abad volvió a situarse en el centro de la polémica tras una intervención que muchos califican ya como uno de los momentos más desafortunados de la temporada televisiva.

 

El presentador de En boca de todos, espacio emitido en Cuatro y perteneciente al grupo Mediaset España, pronunció en directo una expresión que ha provocado una avalancha de críticas en redes sociales y ha reavivado el debate sobre los límites del lenguaje en televisión cuando se abordan temas sensibles como las denuncias por acoso sexual.

 

Todo sucedió en cuestión de segundos. En medio de un debate sobre la denuncia presentada por una exconcejala del Partido Popular de Móstoles contra el alcalde de la localidad por presunto acoso sexual y laboral, Nacho Abad comentó:

 

“Yo he tenido aquí al abogado de la tipa de Móstoles”. La palabra “tipa” cayó como una losa en el plató. El silencio fue inmediato. La incomodidad, evidente.

 

Sus colaboradores reaccionaron al instante. “No la llames tipa”, le reprocharon. Abad, consciente del error, rectificó rápidamente: “De la concejala de Móstoles, perdón”.

 

Sin embargo, lejos de quedar ahí, el momento escaló cuando el propio presentador respondió con tono airado: “Lo he corregido. Lincharme, condenarme. ¿Me voy a la cárcel? ¿No tenéis un lapsus vosotros nunca?”.

 

Las imágenes no tardaron en viralizarse. En cuestión de minutos, fragmentos del vídeo circulaban por X (antes Twitter), Instagram y TikTok.

 

La palabra “tipa” se convirtió en tendencia asociada a su nombre. Y con ella, un debate mucho más amplio: ¿fue un simple lapsus o una forma de expresarse que revela algo más profundo?

 

La controversia no terminó ahí. Durante el mismo programa, Nacho Abad añadió otro matiz que encendió aún más los ánimos: afirmó que la exconcejala “no es víctima, es denunciante, es afectada, pero no es víctima”.

 

Una frase que, aunque jurídicamente puede tener matices —ya que hasta que haya sentencia no se puede hablar de víctima en términos legales— fue percibida por muchos como una deslegitimación de quien ha denunciado una situación de acoso.

 

El contexto es clave. La exedil popular de Móstoles ha denunciado al alcalde de la localidad por presunto acoso sexual y laboral.

 

Se trata de una acusación grave que está siendo tratada en los cauces judiciales correspondientes. En este escenario, el uso del lenguaje cobra una relevancia especial.

 

No es lo mismo hablar de “denunciante” que de “víctima”, y tampoco es lo mismo referirse a una mujer que ha denunciado acoso como “concejala” que como “tipa”.

 

La reacción en redes sociales fue inmediata y contundente. Numerosos usuarios criticaron lo que consideraron un comentario machista e inapropiado, especialmente teniendo en cuenta la naturaleza del caso.

 

Algunos exigieron disculpas públicas más claras; otros fueron más allá y cuestionaron la línea editorial del programa y del grupo audiovisual.

 

Entre las voces que se hicieron eco de la polémica destacó la de Euprepio Padula, colaborador habitual en tertulias televisivas y conocido por su presencia en el debate político mediático.

 

Padula compartió el vídeo del momento en su cuenta de X y lanzó un mensaje directo a la presidenta de Mediaset.

 

“Alucinante que Cristina Garmendia, presidenta de Mediaset, permita esto en su tele”, escribió, mencionando a Cristina Garmendia, quien asumió la presidencia del grupo en mayo de 2024 y que anteriormente fue ministra de Ciencia e Innovación durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

El comentario de Padula amplificó aún más la polémica. En las respuestas, numerosos usuarios apoyaron su crítica y señalaron que este tipo de expresiones no deberían tener cabida en televisión en pleno 2026.

 

Algunos incluso pidieron la dimisión de la presidenta de Mediaset si no se adoptan medidas para evitar situaciones similares.

 

La presión pública se centró así no solo en el presentador, sino también en la dirección del grupo audiovisual.

 

¿Debe una empresa de comunicación intervenir cuando uno de sus rostros más visibles protagoniza una controversia de este calibre? ¿Es suficiente con una rectificación inmediata en directo o se requieren acciones adicionales?

 

Hasta el momento, Cristina Garmendia no se ha pronunciado públicamente sobre el asunto.

 

Tampoco Mediaset ha emitido un comunicado oficial al respecto. El silencio corporativo ha sido interpretado por algunos como una estrategia de contención, esperando que el ciclo informativo pase; por otros, como una falta de sensibilidad ante un tema especialmente delicado.

 

No es la primera vez que Nacho Abad genera debate por sus intervenciones. Periodista especializado en sucesos y actualidad judicial, ha construido su perfil mediático sobre un estilo directo, a veces provocador, que le ha valido tanto seguidores como detractores.

 

Su programa, “En boca de todos”, suele abordar temas de fuerte carga emocional y polémica, lo que aumenta la tensión en plató y el riesgo de deslices verbales.

 

Sin embargo, esta vez el contexto ha pesado más que nunca. El acoso sexual es una cuestión que en los últimos años ha adquirido una enorme sensibilidad social.

 

Los movimientos de denuncia, la visibilización de casos y el debate sobre el tratamiento mediático de estas situaciones han elevado el listón de exigencia hacia los comunicadores.

 

Las palabras importan. Y mucho más cuando se pronuncian desde un plató de televisión con miles de espectadores.

 

Llamar “tipa” a una mujer que ha denunciado acoso no es un detalle menor para buena parte de la audiencia. Aunque el presentador corrigiera inmediatamente, el daño reputacional ya estaba hecho.

 

El episodio también ha reabierto la discusión sobre el papel de los tertulianos y colaboradores en directo.

 

En este caso, fueron ellos quienes señalaron la impropiedad del término en el mismo momento en que fue pronunciado.

 

Esa reacción inmediata fue vista por algunos como una señal positiva: hay conciencia y límites dentro del propio programa.

 

Pero también dejó en evidencia que el comentario no pasó desapercibido ni siquiera para quienes comparten mesa con el presentador.

 

 

 

Más allá de la polémica puntual, el caso plantea preguntas de fondo sobre la responsabilidad de los medios de comunicación cuando informan sobre denuncias de acoso.

 

El equilibrio entre la presunción de inocencia del denunciado y el respeto hacia la persona denunciante es delicado. Un término mal elegido puede inclinar la percepción pública hacia uno u otro lado.

 

En términos legales, es cierto que hasta que haya una resolución judicial firme no se puede hablar de víctima en sentido estricto.

 

Sin embargo, el lenguaje coloquial y el jurídico no siempre coinciden, y la sensibilidad social actual exige una especial prudencia. Esa diferencia es la que muchos usuarios consideraron que no fue gestionada con suficiente cuidado.

 

La viralización del vídeo demuestra también el poder amplificador de las redes sociales. Hace años, un comentario así habría quedado limitado al público que estuviera viendo el programa en ese momento.

 

Hoy, en cambio, cada segundo puede ser recortado, compartido y reproducido millones de veces en cuestión de horas.

 

La reputación mediática se construye durante años, pero puede tambalearse en segundos. Nacho Abad ha defendido que se trató de un lapsus y que lo corrigió inmediatamente.

 

Sus detractores, en cambio, sostienen que el lapsus revela una forma de pensar o de expresarse que no debería normalizarse.

 

Mientras tanto, el procedimiento judicial en Móstoles sigue su curso por los cauces correspondientes.

 

El foco mediático sobre la denuncia se ha visto desplazado en parte hacia la polémica televisiva, algo que también ha sido criticado por quienes consideran que el centro del debate debería ser el presunto caso de acoso y no la reacción de un presentador.

 

El caso evidencia cómo, en la era digital, la televisión ya no es un espacio cerrado. Cada palabra puede ser analizada, cuestionada y debatida en tiempo real por miles de personas. Y en ese nuevo ecosistema, la exigencia hacia quienes ocupan un micrófono es mayor que nunca.

 

La pregunta que queda en el aire es si este episodio marcará un antes y un después en la forma en que se abordan estos temas en determinados formatos televisivos.

 

¿Habrá cambios internos en el programa? ¿Se adoptarán protocolos más estrictos sobre el lenguaje? ¿Habrá algún pronunciamiento oficial de la dirección de Mediaset?

 

Por ahora, lo único claro es que Nacho Abad vuelve a estar, literalmente, “en boca de todos”. Y que una sola palabra, pronunciada en directo, ha sido suficiente para desatar un debate nacional sobre respeto, responsabilidad y el poder del lenguaje en los medios de comunicación.

 

La audiencia, cada vez más crítica y activa, ya ha dado su veredicto en redes. Falta por ver si las consecuencias irán más allá del ruido digital o si esta polémica quedará como un episodio más en la larga lista de controversias televisivas que marcan la conversación pública durante unos días… hasta que otra frase, otro gesto o otro desliz vuelva a incendiar las pantallas.