Oskar Matute responde a Feijóo tras señalar a EH Bildu como su “cordón sanitario”.
Matute critica la credibilidad de Feijóo y reivindica a EH Bildu como antagonista de la derecha española.

Oskar Matute responde a Feijóo.
El nuevo choque político entre EH Bildu y el Partido Popular ha vuelto a poner en primer plano las tensiones profundas que atraviesdan el escenario político español, especialmente en lo relativo a la normalización de la extrema derecha y al uso simbólico de determinados actores como enemigos preferentes.
Las palabras de Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, asegurando que su hipotético “cordón sanitario” tras unas elecciones generales se aplicaría contra EH Bildu y no contra Vox, han generado una oleada de reacciones que van mucho más allá de una simple discrepancia partidista.
Entre ellas, la respuesta del diputado de EH Bildu en el Congreso, Oskar Matute, ha destacado por su dureza, su carga política y su capacidad para conectar con debates de fondo que atraviesan la política estatal desde hace años.
La intervención de Feijóo se produjo en un acto público en el que quiso perfilar su estrategia de alianzas y vetos en un futuro escenario postelectoral.
En ese contexto, el líder popular defendió que EH Bildu seguiría siendo, “como siempre ha sido en democracia”, el objetivo de su exclusión política, mientras evitaba incluir en ese veto a Vox, un partido situado en la extrema derecha y con el que el PP gobierna ya en numerosas comunidades autónomas y ayuntamientos.
Esta afirmación no pasó desapercibida y fue interpretada por amplios sectores progresistas como una confirmación de la ambigüedad —cuando no complicidad— del PP con la extrema derecha, al tiempo que se sigue señalando a la izquierda soberanista vasca como un actor ilegítimo.
Oskar Matute reaccionó pocas horas después a través de la red social X, utilizando un tono irónico y mordaz que rápidamente se viralizó.
En su mensaje, el diputado abertzale cuestionó directamente la credibilidad política de Feijóo, recordando uno de los episodios más controvertidos que han rodeado al presidente del PP en los últimos meses: los mensajes privados intercambiados con el entonces presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, durante la DANA que provocó graves inundaciones y decenas de víctimas mortales.
“Así con la verdad por delante”, escribió Matute, en clara referencia a la afirmación de Feijóo de que estuvo informado desde el primer momento de la gestión de la catástrofe.
Una afirmación que quedó seriamente cuestionada cuando salieron a la luz los WhatsApp que demostraban que la comunicación entre ambos dirigentes no comenzó hasta bien entrada la tarde, cuando la tragedia ya se había cobrado numerosas vidas.
“Cualquiera se fía”, remataba el mensaje, poniendo en duda no solo ese episodio concreto, sino la fiabilidad general del discurso del líder popular.
La crítica de Matute no se quedó en el plano personal. Al contrario, transformó el señalamiento del PP en una reivindicación política de identidad.
“En todo caso, ser su némesis es un honor para la izquierda soberanista e independentista vasca”, afirmó, asumiendo sin complejos el papel de antagonista ideológico frente a la derecha española.
El mensaje se cerró con una consigna en euskera, “Gu beti faxismoaren kontra!” (“Siempre contra el fascismo”), acompañada del gesto del puño en alto, un símbolo histórico de la lucha antifascista y de la izquierda.
Esta respuesta no solo buscaba responder a Feijóo, sino también reforzar el relato de EH Bildu como una fuerza política legítima, con una identidad claramente antifascista y una trayectoria institucional consolidada.
En los últimos años, la formación soberanista ha incrementado de manera notable su peso político, tanto en el Congreso de los Diputados como en parlamentos autonómicos, diputaciones forales y ayuntamientos.
Su presencia en la política estatal ya no es marginal, sino estructural, y su apoyo ha sido clave para la aprobación de diversas iniciativas legislativas impulsadas por el Gobierno central.
Desde el entorno de EH Bildu se subraya que el uso recurrente de la formación como enemigo político responde menos a una realidad democrática y más a una estrategia de confrontación simbólica.
Señalar a Bildu permite al PP movilizar a su electorado más conservador, activar viejos marcos emocionales y, al mismo tiempo, desplazar el foco del debate sobre sus pactos con Vox.
En este sentido, el “cordón sanitario” anunciado por Feijóo contra Bildu y no contra la extrema derecha es leído como una inversión deliberada de los principios democráticos que, en otros países europeos, se aplican precisamente para aislar a fuerzas ultraderechistas.
La polémica adquiere mayor relevancia si se contextualiza en el momento político actual.
El Partido Popular gobierna o cogobierna con Vox en múltiples territorios, desde comunidades autónomas hasta consistorios municipales, normalizando acuerdos con una formación que cuestiona abiertamente derechos fundamentales, el feminismo, las políticas de memoria democrática y el propio Estado autonómico.
Frente a ello, EH Bildu reivindica su compromiso con los derechos sociales, la democracia y el antifascismo, situándose en el campo de la izquierda europea que considera inaceptable cualquier blanqueamiento de la extrema derecha.
Las palabras de Feijóo han sido interpretadas, además, como una forma de criminalización selectiva de la izquierda.
Mientras se presenta a EH Bildu como un actor a aislar, se evita aplicar el mismo criterio a Vox, a pesar de su discurso abiertamente reaccionario.
Esta doble vara de medir ha sido criticada no solo desde el soberanismo vasco, sino también desde otros espacios progresistas que advierten de los riesgos democráticos de esta estrategia.
El cruce de declaraciones entre Matute y Feijóo es, en realidad, el reflejo de una polarización política cada vez más marcada.
El PP busca reconstruir un relato de oposición dura al Gobierno y a la izquierda en su conjunto, utilizando símbolos y vetos que apelan a su base electoral tradicional.
EH Bildu, por su parte, asume ese enfrentamiento como parte central de su identidad política, reivindicando su papel como fuerza soberanista, de izquierdas y antifascista, y rechazando cualquier intento de deslegitimación.
En este contexto, la referencia de Matute a la DANA y a los mensajes de Feijóo con Mazón no es casual.
Introduce un elemento de credibilidad y coherencia política en el debate, recordando que quienes se erigen en garantes de la democracia y la legalidad deben, antes que nada, responder con verdad y transparencia.
La gestión de una tragedia con víctimas mortales es un asunto extremadamente sensible, y cualquier contradicción o falta de claridad en ese ámbito deja una huella profunda en la percepción pública.
El debate sobre los cordones sanitarios, lejos de ser una cuestión meramente retórica, conecta con un dilema central de la democracia española: cómo se definen los límites de lo aceptable en el juego político.
Mientras en otros países europeos se aplican vetos claros a la extrema derecha, en España se observa una normalización progresiva de Vox, al tiempo que se sigue utilizando a EH Bildu como símbolo del “enemigo interno”.
Esta paradoja es la que Matute quiso poner en evidencia con su respuesta.
La viralidad del mensaje del diputado de EH Bildu demuestra, además, que existe un sector amplio de la ciudadanía que percibe esta contradicción y que cuestiona el relato dominante del PP.
Las redes sociales se han convertido en un espacio clave para este tipo de confrontaciones simbólicas, donde una frase irónica o una referencia bien situada puede tener más impacto que largos discursos institucionales.
A medio plazo, este tipo de enfrentamientos seguirá marcando la agenda política estatal. El PP deberá decidir si mantiene su estrategia de ambigüedad calculada respecto a la extrema derecha o si asume el coste de normalizarla abiertamente.
EH Bildu, mientras tanto, continuará reforzando su perfil como fuerza de izquierda con vocación estatal en determinados debates, sin renunciar a su identidad soberanista y antifascista.
Lo ocurrido entre Feijóo y Matute no es un episodio aislado, sino una muestra más de cómo se construyen hoy los relatos políticos en España: a través de símbolos, vetos, recuerdos selectivos y mensajes que buscan impactar emocionalmente.
En ese terreno, la respuesta del diputado abertzale ha conseguido situar el foco no solo en la exclusión anunciada por el PP, sino en las contradicciones de un discurso que señala a la izquierda mientras mira hacia otro lado ante la extrema derecha.
En definitiva, el cruce de declaraciones evidencia una fractura ideológica profunda.
De un lado, un Partido Popular que intenta marcar distancias con la izquierda mientras deja abierta la puerta a Vox.
Del otro, EH Bildu, que asume el papel de antagonista y reivindica sin ambigüedades su compromiso antifascista.
En ese choque de visiones, se juega no solo una estrategia electoral, sino una parte esencial del debate democrático sobre qué fuerzas deben ser aisladas y cuáles pueden ser normalizadas en la política española contemporánea.
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