Javier Aroca liquida el discurso de Feijóo sobre corrupción con tan sólo tres palabras.
El tertuliano invita a los ‘populares’ a mirarse su propio ombligo y les recuerda el escándalo en la Diputación de Almería.

En el corazón de Madrid, el Templo de Debod se convirtió este domingo en el epicentro de una de las jornadas políticas más intensas de la legislatura.
El Partido Popular, con Alberto Núñez Feijóo al frente, eligió este emblemático enclave para lanzar una ofensiva mediática y política contra el Gobierno de Pedro Sánchez, en un momento especialmente delicado: Junts se desmarcaba del pacto de investidura, la ultraderecha de Vox apretaba en la calle y la sombra de la corrupción se cernía sobre ambos lados del espectro político.
En ese contexto, el escritor y tertuliano Javier Aroca Alonso irrumpía en el debate con una intervención tan breve como demoledora: “Y Almería también”.
La frase, publicada en la red social X —antes Twitter—, resonó como un aldabonazo en el discurso de Feijóo, que había arremetido contra el PSOE y el caso Koldo, el fraude de las mascarillas y el ingreso en prisión de José Luis Ábalos.
“España está harta de que nos roben nuestro dinero”, clamaba el líder popular ante miles de simpatizantes, apelando a la indignación ciudadana y a la necesidad de regeneración democrática.
Pero Aroca, con apenas tres palabras, invitaba a los populares a mirarse su propio ombligo y recordaba el escándalo que sacude a la Diputación de Almería, donde la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil detuvo hace apenas unas semanas al presidente provincial, Javier Aureliano García; al vicepresidente, Fernando Giménez; y al alcalde de Fines, Rodrigo Sánchez (PP), por presuntas contrataciones irregulares de material sanitario durante la pandemia.
La investigación, que apunta a la adjudicación de mordidas de hasta un millón de euros, ha provocado la dimisión de los cargos implicados y mantiene bajo la lupa judicial a empresarios y alcaldes vinculados al Partido Popular.
El caso, lejos de ser anecdótico, pone en cuestión la legitimidad del relato anticorrupción que Feijóo pretende erigir como bandera de oposición.
En la política española, la corrupción no entiende de colores y los escándalos se suceden en todas las formaciones, lo que obliga a mirar más allá de la retórica y a exigir una autocrítica honesta y profunda.
Aroca, antropólogo y licenciado en Derecho, ha seguido de cerca la evolución de las protestas convocadas por Génova y Vox, en lo que él mismo describe como una “estrategia de músculo” para presionar al Ejecutivo y preparar el terreno para una posible moción de censura.
El traslado de las manifestaciones desde la Plaza de Colón al Templo de Debod, y la evocación de la Plaza de Oriente —escenario de las marchas franquistas—, revela, según el colaborador de Malas Lenguas (TVE), una deriva preocupante hacia la confluencia con la extrema derecha.
En su análisis, Aroca reconoce el derecho del PP a manifestarse y a criticar al Gobierno, pero advierte que el camino elegido no es el idóneo.
“No puede acercarse a la extrema derecha, sino dar una alternativa real, convincente, honesta y democrática”, sostiene, en una crítica que apunta tanto a la estrategia de movilización como al tono del discurso.
El relato de los populares, marcado por el insulto y la algarada callejera, corre el riesgo de convertirse en una caricatura de sí mismo, más centrado en la confrontación que en la construcción de soluciones.
La referencia a la Plaza de Oriente, y la frase de Isabel Díaz Ayuso —“nadie se encuentra con su antigua pareja en Madrid, pero el PP se encuentra siempre con la extrema derecha”—, subrayan la paradoja de una derecha que, en su afán por sumar fuerzas, puede terminar diluyendo su identidad y legitimando posiciones radicales.
El colaborador recuerda que Vox y otras facciones de la ultraderecha tienen “un gran recuerdo” de ese lugar, lo que añade una dimensión simbólica y política a la estrategia de las convocatorias.
El caso de Almería, en este contexto, actúa como espejo y advertencia. La corrupción, como fenómeno estructural, exige una respuesta que trascienda la instrumentalización partidista y la lógica del “y tú más”.
La ciudadanía, harta de escándalos y de discursos vacíos, demanda transparencia, rendición de cuentas y una regeneración que no se limite a la denuncia del adversario, sino que incluya la autocrítica y el compromiso real con la ética pública.
La política española, marcada por la polarización y la fragmentación, se enfrenta a un reto de enorme envergadura.
La tentación de convertir la corrupción en arma arrojadiza, de utilizarla para erosionar al rival y movilizar a las bases, puede acabar minando la confianza en las instituciones y agravando el desencanto social.
El discurso de Feijóo, aunque eficaz en la movilización, corre el riesgo de quedar deslegitimado si no va acompañado de una revisión interna y de una apuesta clara por la transparencia y la ejemplaridad.
Aroca, en su intervención televisiva, ha insistido en la necesidad de evitar el acercamiento a la extrema derecha y de construir una alternativa democrática y honesta.
El PP, sostiene, tiene “todo el derecho del mundo a manifestarse” y puede tener “mucha razón en algunas críticas” al Gobierno, pero debe evitar el camino del insulto y la algarada, y rechazar la tentación de ponerse “de rodillas delante de un partido franquista y fascista”.
La regeneración democrática, en su visión, pasa por la construcción de un relato inclusivo, plural y respetuoso, capaz de convencer y de sumar sin caer en la lógica del enfrentamiento permanente.
La jornada del domingo en Madrid, con el Templo de Debod como escenario y la ultraderecha como telón de fondo, es el síntoma de una política que vive en estado de tensión y de alerta.
La moción de censura, los pactos rotos y los escándalos judiciales son señales de un sistema que necesita repensarse y reinventarse.
La frase de Aroca, “Y Almería también”, es mucho más que una ocurrencia viral: es una llamada a la coherencia, a la honestidad y a la responsabilidad colectiva.
El futuro de la política española dependerá de la capacidad de sus líderes para escuchar, reconocer errores y construir alternativas reales.
La corrupción, como problema estructural, exige reformas profundas en la financiación de los partidos, en la transparencia institucional y en la cultura política.
La autocrítica, la rendición de cuentas y la apuesta por una democracia de calidad son condiciones indispensables para recuperar la confianza ciudadana y evitar que la indignación se convierta en resignación o en radicalización.
En definitiva, la intervención de Javier Aroca ha servido para recordar que la política no puede limitarse al juego de espejos y al intercambio de acusaciones.
La corrupción, como desafío histórico, requiere respuestas valientes y honestas, capaces de trascender la lógica partidista y de poner en el centro el interés general.
La frase “Y Almería también” es el recordatorio de que nadie está libre de culpa, y de que la verdadera regeneración empieza por el reconocimiento de los propios errores y por el compromiso con una democracia mejor.
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