Javier Aroca pone al descubierto la doble cara de Feijóo en la DANA.

 

 

 

El tertuliano de ‘Malas Lenguas’ denuncia las contradicciones de Feijóo y las mentiras sobre la colaboración del Gobierno durante la catástrofe que dejó 228 muertos.

 

 

 

 

 

El cierre del año ha colocado a Alberto Núñez Feijóo en una de las situaciones políticas más delicadas desde que asumió el liderazgo del Partido Popular.

 

 

Lejos del clima habitual de balances y mensajes de optimismo propios del cambio de calendario, el dirigente gallego se ha visto arrastrado al centro de una investigación judicial de enorme carga política y humana: la gestión de la DANA que asoló la Comunidad Valenciana y que dejó un balance devastador de 228 fallecidos.

 

 

Una tragedia que no solo ha marcado a miles de familias, sino que ha terminado provocando un auténtico terremoto institucional con la dimisión de Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana, y una cascada de consecuencias que siguen ampliándose.

 

 

La investigación penal abierta en el Juzgado de Instrucción número 3 de Catarroja ha ido ganando peso con el paso de las semanas.

 

La jueza encargada del caso ha puesto el foco en las decisiones políticas tomadas durante las horas más críticas de la catástrofe, especialmente el 29 de octubre de 2024, cuando la intensidad de la DANA alcanzó su punto máximo y la gestión de la emergencia se convirtió en una cuestión de vida o muerte.

 

 

En ese contexto, la magistrada solicitó a Alberto Núñez Feijóo que aportara los mensajes de WhatsApp intercambiados con Carlos Mazón durante aquella jornada.

 

 

La petición judicial no es un detalle menor. Supone situar directamente al líder del PP en el radar de la investigación, no como acusado, pero sí como una figura clave para entender la cadena de decisiones políticas y el relato posterior que el partido ha construido sobre la actuación del Gobierno central y de los servicios de emergencia.

 

 

Entre los mensajes que han trascendido figura un escueto pero revelador “Gracias presi”, enviado por Mazón en respuesta a un mensaje previo de Feijóo a las 19:59 horas.

 

 

Poco después, el tono cambia de forma abrupta y Mazón escribe: “Un puto desastre va a ser esto presi”. Una frase que refleja la conciencia temprana de la magnitud de la tragedia.

 

 

A partir de ahí, el foco mediático se desplazó rápidamente desde la tragedia en sí hacia la gestión política y comunicativa posterior.

 

 

Feijóo trató de zanjar la polémica asegurando públicamente que no había borrado ningún mensaje y que había entregado a la jueza todo el material solicitado. “No he borrado los mensajes.

 

 

No he cambiado de móvil. Le he dado todos los mensajes”, afirmó con rotundidad en una de sus primeras declaraciones.

 

 

Sin embargo, esa versión inicial se vio matizada —o directamente contradicha— poco después.

 

En una intervención posterior, Feijóo explicó que hacía unas semanas había cambiado de teléfono porque el anterior se había averiado.

 

 

Añadió que desconocía que esos mensajes fueran a ser requeridos judicialmente y que, en cualquier caso, no aprovecha los cambios de terminal para borrar conversaciones.

 

 

La coexistencia de ambas explicaciones encendió las alarmas entre analistas políticos y comentaristas, que vieron en esa secuencia una falta de claridad difícil de justificar en un asunto tan sensible.

 

 

La controversia no tardó en llegar a los platós de televisión. Uno de los espacios donde el tema se abordó con mayor contundencia fue “Malas Lenguas”, el programa que presenta Jesús Cintora en TVE, conocido por su tono crítico y por dar amplio espacio al análisis político.

 

 

Allí, el tertuliano Javier Aroca fue especialmente duro con el líder del PP, señalando lo que consideró una contradicción estructural en su discurso.

 

 

Según Aroca, Feijóo incurre en una incoherencia difícil de pasar por alto: primero afirma que no ha cambiado de móvil y después reconoce que sí lo ha hecho.

 

A eso se suma la idea de que los mensajes han sido entregados “contextualizados”, un término que despertó aún más sospechas.

 

Para el analista, contextualizar unos mensajes privados en el marco de una investigación judicial no corresponde al investigado, sino a la jueza, que es quien debe determinar su relevancia, su coherencia y su peso probatorio.

 

 

El debate sobre la “contextualización” abrió una grieta más profunda. Aroca puso el acento en que esos mensajes no son anecdóticos, sino que pueden servir para explicar un año entero de discurso político del PP sobre la gestión de la DANA.

 

 

Un discurso basado, según el tertuliano, en acusaciones reiteradas contra el Gobierno central por una supuesta falta de colaboración, por la ausencia de la UME y por una presunta pasividad del Ministerio de Defensa durante la emergencia.

 

 

Sin embargo, los propios mensajes de Mazón, conocidos a través de la investigación, parecen dibujar un escenario distinto.

 

En ellos, el entonces presidente valenciano reconoce de forma clara la implicación del Gobierno y la presencia efectiva de la UME sobre el terreno.

 

 

Para Aroca, este punto es clave porque desmonta el relato que el PP ha sostenido públicamente durante meses. Si en privado se reconoce la colaboración, ¿por qué en público se construye un discurso opuesto?

 

 

Esa pregunta se convirtió en el eje del análisis. Aroca fue más allá y planteó la posibilidad de que exista una estrategia deliberada de ocultación o, al menos, de manipulación del relato.

 

 

Según su interpretación, a partir de ese momento Feijóo y los portavoces del PP habrían optado por negar la evidencia, insistiendo en que el Gobierno central no actuó con la rapidez necesaria, pese a que los mensajes internos apuntan en otra dirección.

 

 

La crítica alcanzó su punto más duro cuando Aroca acusó directamente a Feijóo de mentir.

 

Lo hizo no solo en relación con los mensajes, sino con una trayectoria política que, a su juicio, desmiente la imagen de dirigente “limpio” que el líder popular intenta proyectar.

 

 

En ese contexto, recordó el antecedente del Caso Bárcenas y la destrucción de discos duros en la sede del PP, un episodio que sigue pesando como una sombra alargada sobre la credibilidad del partido en materia de transparencia.

 

 

La mención a aquel caso no fue casual. Sirvió para subrayar una idea central: la confianza en la palabra de un dirigente político no se construye solo con declaraciones puntuales, sino con un historial coherente.

 

Cuando ese historial está marcado por episodios de opacidad, cualquier contradicción, por pequeña que sea, adquiere una dimensión mucho mayor.

 

 

Mientras tanto, la investigación judicial continúa su curso. La jueza de Catarroja analiza no solo los mensajes, sino el conjunto de decisiones adoptadas durante las horas críticas de la DANA.

 

En ese proceso, cada comunicación, cada orden y cada omisión cuenta. La tragedia dejó 228 muertos, una cifra que sobrevuela todo el debate político y que recuerda constantemente que, más allá de las estrategias partidistas, hubo una gestión de emergencia que falló y unas consecuencias irreparables.

 

 

La dimisión de Carlos Mazón fue el primer gran golpe político derivado de esta crisis.

 

Su salida no ha cerrado el debate, sino que lo ha intensificado.

 

Muchos analistas consideran que la responsabilidad no puede limitarse a un solo dirigente autonómico, especialmente cuando existen evidencias de una comunicación constante con la dirección nacional del partido en un momento crítico.

 

 

En ese contexto, el papel de Feijóo adquiere una relevancia especial. Como líder nacional del PP, su actuación, sus mensajes y su relato posterior están siendo examinados con lupa.

 

La percepción de contradicción en sus explicaciones no ayuda a disipar las dudas, sino que las alimenta.

 

En política, la coherencia es un valor esencial, y cualquier fisura puede convertirse en una grieta difícil de cerrar.

 

 

El final de año, tradicionalmente asociado a mensajes de unidad y esperanza, ha servido en este caso para intensificar un debate incómodo.

 

La gestión de la DANA se ha convertido en un símbolo de algo más amplio: la forma en que la política española afronta las crisis, asume responsabilidades y construye relatos para protegerse del desgaste.

 

 

A medida que avance la investigación, es probable que sigan apareciendo nuevos datos y nuevas interpretaciones.

 

Lo que ya resulta evidente es que el caso ha colocado a Feijóo en una posición defensiva, obligándolo a explicar no solo qué hizo, sino cómo y por qué lo comunicó después.

 

En un escenario político cada vez más polarizado, la credibilidad se convierte en un bien escaso y frágil.

 

 

La tragedia de la DANA seguirá marcando la agenda política durante meses.

 

No solo por las consecuencias judiciales, sino porque ha puesto de manifiesto las debilidades estructurales en la gestión de emergencias y en la rendición de cuentas.

 

Para Feijóo, este episodio supone una prueba de liderazgo y de coherencia que va mucho más allá de una polémica puntual.

 

Su desenlace, tanto en los tribunales como en la opinión pública, podría tener un impacto duradero en su trayectoria política.

 

 

En definitiva, el cruce de mensajes con Mazón, las explicaciones contradictorias sobre el teléfono móvil y la presión mediática han convertido el final de año del líder del PP en un auténtico campo minado.

 

Un escenario en el que cada palabra cuenta y en el que el peso de la tragedia humana impide que el debate se diluya con el cambio de calendario.

 

Porque, para las víctimas y sus familias, el tiempo no se reinicia con las campanadas. Y la política, tarde o temprano, acaba teniendo que responder.