JOAN TARDA SUELTA BOMBA “ANUNCIA UNIÓN DE IZQUIERDAS LIDERADA POR GABRIEL RUFIÁN” HACE JAQUE AL PP.

La advertencia de Joan Tardà no es nueva, pero sí llega en un momento especialmente delicado del ciclo político español.
En una entrevista extensa y sin ambages, el exlíder de Esquerra Republicana en el Congreso de los Diputados ha puesto palabras a una inquietud que recorre desde hace tiempo a amplios sectores de la izquierda: el ascenso de la extrema derecha no es solo consecuencia de sus propias estrategias, sino también del fracaso de las izquierdas para leer correctamente el momento histórico y actuar en consecuencia.
Tardà parte de una premisa clara: cuando el miedo, la desafección y la incertidumbre dominan a las clases populares, la derecha —y especialmente la extrema derecha— encuentra el terreno abonado para crecer.
No se trata de una explicación única ni simplista, pero sí de un patrón que la historia política europea ha repetido en numerosas ocasiones.
En escenarios de crisis, cuando la izquierda no ofrece respuestas claras, coherentes y unificadoras, el vacío lo ocupa quien promete orden, identidad y certezas, aunque sea a costa de derechos y libertades.
En su análisis, Tardà señala que la izquierda actual padece una especie de enfermedad crónica: la incapacidad para interpretar la magnitud de la tempestad que ya está cayendo y la que aún está por venir.
Esa falta de lectura estratégica se traduce en improvisación, dejadez o directamente inhibición política.
El resultado es una ciudadanía popular desmovilizada, resignada y cada vez más vulnerable a discursos reaccionarios que canalizan el malestar social hacia el autoritarismo y el nacionalismo excluyente.
Desde esta perspectiva, la fragmentación de la izquierda no es solo un problema electoral, sino un error histórico.
Tardà lo dice sin rodeos: perseverar en la división, a pesar de la experiencia acumulada, es incomprensible.
Y más aún cuando el riesgo inmediato es la llegada al poder de una coalición entre el Partido Popular y Vox, un escenario que, a su juicio, tendría consecuencias devastadoras para las clases populares y para la convivencia democrática.
El exdirigente republicano insiste en desmontar una idea que considera profundamente dañina: equiparar al Partido Socialista con el Partido Popular.
Para Tardà, ese planteamiento es fruto de un reduccionismo intelectual y de un infantilismo político que impide construir mayorías reales.
No son lo mismo, y actuar como si lo fueran solo facilita el camino a la derecha.
Desde su óptica, a las izquierdas transformadoras y a la socialdemocracia radical les interesa, como mínimo, que no gobierne una alianza PP-Vox.
Y, en un escenario realista, les interesa que el PSOE pueda ganar las elecciones o al menos revalidar una mayoría parlamentaria progresista similar a la que permitió la investidura de Pedro Sánchez.
Aquí aparece uno de los ejes centrales de su discurso: el tiempo. Tardà recuerda que, históricamente, cuando uno de los grandes partidos españoles alcanza la Moncloa, suele permanecer en el poder al menos ocho años.
Permitir que una coalición de derechas llegue al gobierno en 2027 podría significar, en la práctica, una década de retrocesos sociales, de recentralización autoritaria y de reactivación de lo que él denomina “la bestia facistoide del nacionalismo español”.
Para evitar abrir esas “puertas del mal”, sostiene, es imprescindible agotar la legislatura y trabajar activamente para sostener un gobierno progresista.
En este contexto, la idea de un frente amplio de izquierdas vuelve a cobrar fuerza.
No como una consigna vacía, sino como una necesidad estratégica. Tardà reconoce que, a día de hoy, ve muy difícil que ese frente se materialice a nivel estatal debido al enfrentamiento abierto entre Sumar, Podemos e Izquierda Unida.
Un conflicto que, lejos de avergonzarle como observador externo, le preocupa como ciudadano comprometido con el futuro político del país.
Desde su punto de vista, muchas de las diferencias que separan a estas formaciones son nimias si se comparan con el reto histórico que tienen delante.
Sin embargo, donde sí ve una ventana de oportunidad es en Cataluña. Dentro de Esquerra Republicana existe un sector —Ágora Republicana— que agrupa a la corriente más claramente izquierdista del partido y del cual Tardà forma parte.
Desde este espacio, se impulsa la idea de construir un frente popular soberanista e independentista de izquierdas de cara a las elecciones de 2027.
Un frente que incluiría a Esquerra, los Comuns, la CUP, sectores comunistas y otras fuerzas situadas a la izquierda del PSC.
La propuesta no es meramente electoral. Tardà la concibe como el preámbulo de una estrategia más amplia que debería repetirse en las elecciones catalanas de 2028, cuando finalice la actual legislatura autonómica.
Para él, ha llegado el momento de los frentes amplios porque la polarización política refleja una realidad social profundamente desigual: nunca tantos pocos han tenido tanto, y nunca tantos han tenido tan poco.
La aparición del precariado —personas que trabajan pero apenas logran llenar la nevera— es, en su opinión, la prueba más clara de que el modelo actual ha fracasado.
Ante este panorama, la unidad de las izquierdas no es una cuestión ideológica, sino de supervivencia política y social.
Tardà lo expresa con crudeza: no tiene ningún sentido que ciudadanos que comparten valores, preocupaciones y objetivos tengan que optar por listas distintas por cuestiones de marca o de comodidad de las direcciones de los partidos.
La resistencia a salir de las zonas de confort, explica, es uno de los principales obstáculos para avanzar hacia esa unidad.
El debate, asegura, ya ha comenzado dentro de Esquerra Republicana y se irá trasladando a las bases del partido.
Ágora Republicana es un sector reconocido oficialmente, y su intención es forzar una reflexión profunda que, llegado el caso, podría desembocar en una consulta a la militancia.
Idealmente, dice Tardà, no haría falta llegar a ese extremo si la dirección del partido asume la necesidad del frente amplio. Pero si no lo hace, la presión desde abajo será inevitable.
Este mismo debate, sostiene, debería darse también en la CUP y en los Comuns.
A medida que la discusión crezca, advierte, a las direcciones les resultará cada vez más difícil explicar a la ciudadanía por qué no fue posible la unidad.
El “por qué no” puede convertirse en una pregunta incómoda que erosione la credibilidad de quienes anteponen intereses partidistas a una estrategia común.
La figura de Gabriel Rufián aparece de manera recurrente en este planteamiento.
Para Tardà, el portavoz de Esquerra en el Congreso ha tenido el acierto de poner “el elefante en la habitación” sin concretar en exceso, consciente de que el primer movimiento debe venir de las fuerzas estatales de izquierda.
Rufián representa, además, un liderazgo con una popularidad notable, incluso superior a la de Oriol Junqueras en algunos sondeos, y ha sabido combinar confrontación y colaboración con el PSOE en el Congreso, manteniendo una dialéctica compleja pero eficaz.
No obstante, el propio Tardà reconoce que la corriente que él y Rufián representan dentro de Esquerra no es mayoritaria.
Nunca lo ha sido del todo. Es una sensibilidad que pone el acento en la izquierda social más que en el eje exclusivamente nacional, y que ha tenido mayor o menor influencia según el momento político.
Hoy, con el independentismo en una fase de repliegue y redefinición, esa corriente encuentra un nuevo espacio para ganar peso, pero el camino está lejos de ser sencillo.
Desde fuera, el escepticismo también existe. Analistas y conocedores de la política catalana señalan que forjar una alianza estable entre Esquerra, la CUP y los Comuns es extremadamente complejo.
Las diferencias estratégicas, organizativas y culturales son profundas, aunque compartan un sustrato ideológico común.
Aun así, incluso los más críticos reconocen que la desunión actual hace prácticamente imposible reeditar un gobierno progresista sólido, tanto en Cataluña como en el conjunto del Estado.
La frase que Rufián pronunció al inicio de la legislatura, inspirada en Borges —“no nos une el amor, sino el espanto”— resume con crudeza el momento actual.
No es una alianza basada en afinidades perfectas, sino en la conciencia compartida de lo que está en juego.
El espanto ante una derecha radicalizada, ante el desmantelamiento de derechos y ante un retroceso democrático que ya se vislumbra en otros países europeos.
El tiempo apremia. Nadie puede asegurar con rotundidad cuándo se celebrarán las próximas elecciones generales.
Podrían ser en 2026, en 2027 o incluso antes si la legislatura se rompe.
Ese factor de incertidumbre añade presión a cualquier proceso de confluencia, que por definición es lento, complejo y lleno de resistencias internas.
Convencer a las direcciones no es lo mismo que convencer a las militancias, y ambas tareas requieren pedagogía, generosidad y renuncias.
En el fondo, el mensaje de Tardà va más allá de una coyuntura concreta. Es una llamada a recuperar una cultura política de frente popular adaptada al siglo XXI.
Una cultura que entienda que, frente a la concentración obscena de la riqueza, la precarización del trabajo y el avance de discursos autoritarios, la respuesta no puede ser la fragmentación ni el repliegue identitario.
Debe ser la construcción paciente de mayorías sociales y políticas capaces de disputar el sentido común.
Si esa llamada será escuchada o no, está por ver. Por ahora, lo que sí parece claro es que la pregunta sobre la unidad de la izquierda ya no puede seguir esquivándose.
Cada elección perdida, cada gobierno progresista frustrado y cada avance de la extrema derecha la convierte en una cuestión más urgente.
Y como advierte Tardà, llegará un punto en el que la ciudadanía exigirá explicaciones claras a quienes, pudiendo sumar, decidieron permanecer divididos.
News
Nuria Roca estalla en El Hormiguero, denuncia el ataque contra Sarah Santaolalla y defiende a Juan del Val en un choque que dividió por completo al plató.
Nuria Roca, sin medias tintas, se moja sobre lo de Sarah Santaolalla y Rosa Belmonte y lo tilda de “aberración”….
El argumento más desconcertante de David Cantero irrumpe en la batalla contra Rosa Belmonte y El Hormiguero por Sarah Santaolalla… y nadie logra descifrarlo del todo.
El alegato de David Cantero es el más indigesto que se ha visto contra Rosa Belmonte y ‘El Hormiguero’ por…
“No permitiré que eso pase”. Jesús Cintora se vio obligado a intervenir tras las declaraciones de Pablo Iglesias contra Pablo Motos en TVE:
Jesús Cintora frena la intervención de Pablo Iglesias por cómo llama a Pablo Motos en TVE: “No lo permito”. …
Una medalla. Una decisión simbólica. Y una tormenta política inmediata. Tras las acusaciones de PSOE y Más Madrid por conceder la Medalla de Oro a Estados Unidos, Isabel Díaz Ayuso contraataca con un mensaje directo que sacude la Asamblea. ¿Provocación calculada o defensa firme de su postura internacional? Entre orgullo institucional, estrategia partidista y titulares incendiarios, el enfrentamiento se intensifica. Esta vez no es solo un gesto protocolario: es una batalla abierta por relato, poder y liderazgo.
🔥El HOSTIÓN de AYUSO a PSOE y MÁS MADRID🏅🇺🇸¡¡TRAS INSULTARLA POR CONCEDER LA MEDALLA DE ORO A EEUU!!. …
El ataque de Vicente Vallés contra Ayuso fue tan contundente y sorpresivo que desató una pregunta incómoda: ¿era él… o algo más detrás del mensaje?
El palo de Vicente Vallés a Ayuso es tan fuerte y sorprendente que muchos se preguntan si es inteligencia artificial….
Samanta Villar estalla tras el ataque a Sarah Santaolalla y señala a Rosa Belmonte en una reacción demoledora que sacude el tablero mediático.
Samanta Villar deja una de las reacciones más altisonantes sobre Rosa Belmonte tras su ataque a Sarah Santaolalla. …
End of content
No more pages to load






