YOLANDA DÍAZ HUYE HUMILLADA del SENADO entre GRITOS y RISAS por la CORRUPCIÓN de SÁNCHEZ y SU LAPSUS.

El Senado español fue escenario, una vez más, de un intenso enfrentamiento político que refleja el clima de tensión y desconfianza que atraviesa la política nacional.
La sesión comenzó con la pregunta de la portavoz del Grupo Parlamentario Popular, la senadora García Rodríguez, dirigida a la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Hacienda, Yolanda Díaz.
La intervención de la senadora popular no dejó lugar a dudas sobre su intención: poner contra las cuerdas al Gobierno por los recientes escándalos de corrupción y exigir responsabilidades directas.
La senadora García Rodríguez citó declaraciones previas de Yolanda Díaz, recordando que el pasado 5 de julio la vicepresidenta había asegurado que “o el PSOE toma medidas contra la corrupción o será el presidente quien comparezca sin respaldo político, imagino que el suyo”.
En otra ocasión, Díaz había calificado la corrupción como una “tragedia nacional” y había pedido un “reseteo de la legislatura”.
Sin embargo, según la senadora del PP, tras tres meses de aquellas palabras, no se ha visto ni transparencia, ni medidas, ni reseteo, solo silencio.
“Quien calla, otorga”, sentenció la popular, acusando a Díaz de haberse acomodado en el Gobierno y de haberse convertido en “una sanchista más”.
La acusación fue directa: con su silencio, Díaz sería cómplice de lo que la senadora denominó “la banda del Peuyot”, y avalista solidaria de las corrupciones del “sanchismo”.
No faltaron las preguntas incómodas sobre los negocios de la esposa de Pedro Sánchez, el rescate europeo, y los casos que salpican a figuras como Ávalos, Koldo y Cerdán, así como la supuesta entrada y salida de sobres de dinero en la sede de Ferraz.
“Quien calla, señora Díaz, es que participa”, insistió la senadora, recordando además que la propia Díaz había prometido abandonar el Gobierno si existían indicios de financiación ilegal en el PSOE.
“Indicios hay”, remató, exigiendo una respuesta clara: “¿Va a seguir sosteniendo hoy aquí que el Gobierno es limpio o decente, o va a cumplir su palabra y se va a ir del Gobierno?”
La respuesta de Yolanda Díaz fue breve y contundente: “La respuesta es sí”.
Sin embargo, la senadora del PP no se dio por satisfecha y volvió a la carga, exigiendo una contestación más explícita y acusando a Díaz de mirar hacia otro lado ante los escándalos, de ser cómplice en la liberación de violadores por la ley del “sí es sí”, de desproteger a las mujeres con las pulseras anti-maltrato, y de practicar un feminismo oportunista.
“Usted seguirá hablando de ética y justicia social, pero es la cooperadora necesaria de un Gobierno acorralado por la corrupción”, sentenció García Rodríguez, en un discurso que mezcló acusaciones de corrupción con reproches sobre las políticas sociales y de igualdad.
La vicepresidenta Díaz tomó de nuevo la palabra para defenderse y dar la vuelta a las acusaciones.
Reconoció que la corrupción es un problema grave en España, pero acusó al Partido Popular de no tener ningún interés en combatirla.
“Al Partido Popular la corrupción le importa un absoluto rábano”, afirmó con contundencia.
Recordó que en la comparecencia de julio, cuando Pedro Sánchez se presentó ante el Congreso, Feijóo no hizo ninguna propuesta concreta para prevenir la corrupción.
“Le voy a contestar como Aznar: cero patatero”, ironizó Díaz, asegurando que el PP nunca ha mostrado voluntad real de atajar este problema.
Díaz fue más allá y acusó al PP de votar en contra de la creación de una agencia pública anticorrupción, una iniciativa impulsada por el Gobierno y reclamada por organismos internacionales. “Votaron en contra de la Agencia para prevenir la Corrupción.
Lo han hecho de manera avergonzante, sin aplaudir, porque saben que es una barbaridad obstaculizar la creación de esta agencia”, denunció.
La vicepresidenta también señaló la “corrupción selectiva” del PP, recordando que sus socios de Vox están siendo investigados por el Tribunal Constitucional y que, sin embargo, el PP prefiere mirar hacia otro lado.
La ministra de Hacienda aprovechó la ocasión para anunciar una reforma integral del despido desde el Ministerio de Trabajo, con el objetivo de evitar represalias contra quienes denuncian la corrupción.
“Vamos a hacer una reforma integral del despido para evitar lo que ha practicado el Partido Popular, para evitar las represalias ante denuncias de corrupción”, anunció Díaz, subrayando la importancia de proteger a los denunciantes y de reforzar los mecanismos de control en la administración pública.
La sesión estuvo marcada por la tensión y los constantes llamamientos al orden por parte de la presidencia de la cámara.
Los aplausos, abucheos e interrupciones de la bancada popular pusieron de manifiesto el clima de crispación que domina el debate político en España.
La vicepresidenta Díaz, lejos de rehuir el enfrentamiento, desafió al PP a dejar de votar en contra de las medidas anticorrupción y a demostrar con hechos su supuesto compromiso con la transparencia.
El cruce de reproches no se limitó a la corrupción. Las políticas sociales, la igualdad de género, la protección de las mujeres y los derechos laborales también fueron objeto de disputa.
Díaz acusó al PP de votar en contra de medidas que benefician a millones de trabajadores y autónomos, y de mantener una actitud destructiva y de bloqueo sistemático.
“Todo lo han votado en contra”, resumió, insistiendo en que el PP solo busca obstaculizar la acción del Gobierno y evitar cualquier avance en derechos sociales o laborales.
La senadora García Rodríguez, por su parte, insistió en que el Gobierno de Sánchez está acorralado por la corrupción y que Yolanda Díaz, con su silencio o con su permanencia en el Ejecutivo, se convierte en avalista de esa situación.
“Tan limpio como dejó Ávalos el parador de Teruel, tan transparente como los sobres de Ávalos, tan decente como la banda del Peuyot”, ironizó la portavoz popular, en una intervención que buscó minar la credibilidad y la autoridad moral de la vicepresidenta.
El enfrentamiento entre ambas políticas es reflejo de la polarización que vive la política española, donde la corrupción sigue siendo un arma arrojadiza y donde las acusaciones cruzadas sustituyen al debate propositivo.
El Gobierno defiende su agenda de reformas y acusa a la oposición de bloquear cualquier avance, mientras el PP insiste en que el Ejecutivo está desgastado y cercado por los escándalos.
En medio de este clima, el anuncio de una reforma laboral para proteger a los denunciantes de corrupción puede marcar un punto de inflexión si logra el apoyo parlamentario necesario.
Sin embargo, la desconfianza mutua y la falta de diálogo real hacen difícil cualquier acuerdo de Estado en materia de transparencia y buen gobierno.
El Senado, lejos de ser un espacio de consenso, se ha convertido en el escenario de una batalla dialéctica donde cada partido busca el titular más contundente y la descalificación del adversario.
La ciudadanía asiste, una vez más, a un espectáculo de reproches y acusaciones, mientras los grandes problemas del país siguen esperando soluciones efectivas y consensuadas.
La política española necesita urgentemente recuperar el sentido institucional y el respeto mutuo, dejando a un lado la crispación y el enfrentamiento permanente.
Solo así será posible avanzar en la lucha contra la corrupción y en la consolidación de una democracia sólida y transparente, capaz de responder a los retos del presente y del futuro.
Mientras tanto, la sensación de que “queda gobierno de corrupción para rato” —como ironizó la vicepresidenta—, seguirá alimentando el desencanto y la desconfianza de una parte creciente de la sociedad.
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