Bolaños tira de ironía ante el “catastrofismo apocalíptico” de Feijóo: “Pasará a la historia”.

 

 

“La realidad es que España es la mejor economía desarrollada del mundo y seguimos reforzando nuestro Estado del bienestar. ¡Feliz 2026!”, ha concluido el ministro.

 

 

 

 

El ruido político volvió a ocupar el centro del debate público en el cierre de 2025, pero esta vez no fue solo por el contenido del discurso del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, sino por la reacción inmediata, afilada y cargada de ironía que llegó desde el propio Gobierno.

 

En un momento en el que el país encara un nuevo año con datos económicos que invitan al optimismo, pero también con una polarización cada vez más visible, el intercambio de mensajes entre los principales actores políticos se convirtió en un retrato fiel del clima que atraviesa la política española.

 

Feijóo eligió el balance anual para desplegar un discurso severo, centrado en lo que calificó como un “decálogo de fracasos” del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

 

En su intervención, el presidente del Partido Popular dibujó un escenario sombrío, casi apocalíptico, en el que España avanzaría, según su relato, hacia un deterioro institucional, económico y social.

 

La vivienda, la inmigración, la situación de los jóvenes, la protección de las mujeres, la imagen internacional del país, la gestión de los fondos europeos, la pobreza, los problemas energéticos, la corrupción, la pérdida de poder adquisitivo y la falta de Presupuestos Generales del Estado fueron los ejes de una crítica que no dejó prácticamente ningún ámbito sin cuestionar.

 

 

Sin embargo, la reacción del Gobierno no tardó en llegar. Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, respondió desde la red social X con un mensaje que combinó ironía y confrontación directa.

 

Para Bolaños, el discurso de Feijóo “pasará a la historia del catastrofismo apocalíptico”, una expresión que rápidamente empezó a circular en redes y medios.

 

En tono mordaz, añadió que al líder del PP “solo le ha faltado recomendar” a la ciudadanía que se construya “refugios nucleares”, subrayando así lo exagerado que, a su juicio, resultó el retrato que el líder de la oposición hizo del país.

 

Más allá del sarcasmo, el mensaje de Bolaños incluyó una defensa clara de la gestión del Ejecutivo. Frente a la lista de fracasos que enumeró Feijóo, el ministro reivindicó que “la realidad es que España es la mejor economía desarrollada del mundo” y que el Gobierno continúa reforzando el Estado del bienestar.

 

Su cierre, con un “¡Feliz 2026!”, no fue casual: buscaba proyectar una imagen de confianza y optimismo frente al discurso alarmista que, según el Ejecutivo, intenta instalar la oposición.

 

 

Este choque de relatos no es nuevo, pero sí especialmente significativo en un momento en el que los datos macroeconómicos sitúan a España entre las economías avanzadas con mejor crecimiento, al tiempo que persisten problemas estructurales como el acceso a la vivienda o la precariedad laboral juvenil.

 

La batalla política se libra, en gran medida, en el terreno de la interpretación de esos datos. Para el Gobierno, los indicadores avalan su gestión; para el PP, no reflejan la realidad cotidiana de muchas familias.

 

 

La intervención de Feijóo buscaba consolidar su papel como alternativa de gobierno, reforzando la idea de que el país necesita un cambio de rumbo.

 

Sin embargo, el tono elegido generó críticas incluso más allá del Ejecutivo.

 

Algunos analistas señalaron que el exceso de dramatismo puede acabar diluyendo el mensaje, especialmente cuando se contrapone con datos oficiales que muestran una evolución positiva en ámbitos como el empleo o el crecimiento económico.

 

 

En paralelo a la respuesta de Bolaños, otro miembro del Gobierno optó por una estrategia distinta, pero igualmente efectiva en términos de impacto mediático.

 

Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, recurrió al humor para contestar al discurso del líder del PP.

 

También desde la red social X, Puente compartió una viñeta de los conocidos humoristas gráficos Gallego y Rey, sin añadir una sola palabra. La imagen hablaba por sí sola.

 

 

 

En la viñeta, Feijóo aparece caracterizado como Papá Noel, con un saco de regalos al hombro.

 

En una primera escena, su gesto es serio y confiado. En la siguiente, su expresión cambia radicalmente al comprobar que del saco emerge un sonriente Santiago Abascal, líder de Vox, entonando el clásico “jóuu, jóuu, jóuu”.

 

El mensaje era claro y directo: por mucho que Feijóo insista en su intención de gobernar en solitario, la sombra de Vox sigue presente en el debate político.

 

Con este gesto, Puente quiso recordar una cuestión incómoda para el líder del PP: su relación con Vox, especialmente en comunidades como Extremadura, donde los pactos con la formación de Abascal han sido determinantes.

 

La viñeta conectaba directamente con una reciente rueda de prensa en la que Feijóo tuvo que responder a múltiples preguntas sobre su estrategia de alianzas.

 

El líder popular reiteró entonces que su objetivo es gobernar en solitario, pero dejó claro que no aplicará un “cordón sanitario” a Vox, reservando esa fórmula exclusivamente para Bildu.

 

 

Este matiz no pasó desapercibido. Para el Gobierno, la negativa del PP a establecer un cordón sanitario a Vox refuerza la idea de que un eventual cambio de gobierno implicaría la entrada, directa o indirecta, de la extrema derecha en las instituciones.

 

La viñeta de Gallego y Rey, amplificada por Puente, funcionó como un recordatorio visual de esa realidad, con un formato sencillo y fácilmente compartible en redes sociales.

 

El contraste entre las respuestas de Bolaños y Puente refleja también dos estilos de comunicación política cada vez más presentes.

 

Por un lado, el mensaje argumentado, aunque cargado de ironía, que intenta desmontar el relato del adversario con datos y contrapuntos.

 

Por otro, el uso del humor gráfico como herramienta de crítica política, capaz de condensar en una imagen lo que a veces requiere largos discursos.

 

Este intercambio se produce, además, en un contexto de creciente importancia de las redes sociales como espacio central del debate público.

 

X, antiguo Twitter, se ha convertido en el escenario preferido para este tipo de reacciones inmediatas, donde un mensaje o una imagen pueden marcar la agenda durante horas o incluso días.

 

En ese sentido, tanto Bolaños como Puente demostraron conocer bien las reglas del juego digital, adaptando su mensaje al formato y al tono que mejor funciona en ese entorno.

 

 

Mientras tanto, el fondo del debate sigue siendo el mismo: dos visiones opuestas sobre el estado del país y sobre el camino a seguir en los próximos años.

 

El Gobierno insiste en que España avanza en la buena dirección, apoyándose en datos económicos, en la creación de empleo y en el refuerzo de las políticas sociales.

 

El PP, por su parte, subraya las dificultades que aún persisten y acusa al Ejecutivo de triunfalismo y de falta de autocrítica.

 

La mención de Feijóo a la ausencia de Presupuestos Generales del Estado fue uno de los puntos más destacados de su discurso.

 

Para el líder del PP, esta situación es una muestra de la debilidad parlamentaria del Gobierno y de su incapacidad para llegar a acuerdos estables.

 

Desde el Ejecutivo, en cambio, se insiste en que la gestión diaria y las políticas públicas no se han detenido y en que se sigue trabajando para sacar adelante nuevas cuentas cuando el contexto parlamentario lo permita.

 

En cuanto a la economía, el choque de narrativas es especialmente evidente. Feijóo habló de pérdida de poder adquisitivo y aumento de la pobreza, mientras que Bolaños respondió destacando el buen comportamiento de la economía española en comparación con otras grandes economías desarrolladas.

 

Esta divergencia no es solo política, sino también comunicativa: depende en gran medida de qué indicadores se elijan y de cómo se expliquen a la ciudadanía.

 

La cuestión de la juventud y la vivienda, señalada por Feijóo como uno de los grandes fracasos del Gobierno, sigue siendo uno de los retos más complejos y sensibles.

 

Aunque el Ejecutivo ha puesto en marcha medidas para limitar el precio del alquiler y facilitar el acceso a la vivienda, el impacto real de estas políticas sigue siendo objeto de debate.

 

La oposición aprovecha este terreno para conectar con el malestar de una parte de la población joven que no percibe mejoras inmediatas en su día a día.

 

En este escenario, la batalla política de final de año no fue solo un intercambio de reproches, sino también un anticipo de lo que marcará el debate en 2026.

 

El Gobierno busca consolidar un relato de estabilidad y progreso, mientras que el PP intenta convencer de que esa imagen es una ilusión que no se corresponde con la realidad.

 

El uso del humor, la ironía y el sarcasmo en las respuestas gubernamentales no es casual.

 

Forma parte de una estrategia para desactivar el dramatismo del discurso opositor y presentarlo como exagerado o poco creíble.

 

Al mismo tiempo, refuerza la cohesión interna del Ejecutivo y moviliza a su electorado más afín, que encuentra en estos mensajes una forma de reafirmación.

 

Al final, más allá de los tuits y las viñetas, lo que queda es la sensación de que la política española sigue instalada en una confrontación permanente de relatos.

 

Cada discurso, cada reacción, cada imagen compartida en redes contribuye a construir una narrativa que va mucho más allá de los hechos concretos.

 

Y en ese terreno, la capacidad de comunicar, emocionar y conectar con la ciudadanía es casi tan importante como la gestión misma.

 

El cierre de 2025 dejó, por tanto, una fotografía clara: un líder de la oposición decidido a pintar un panorama oscuro para justificar la necesidad de un cambio, y un Gobierno que responde con ironía, datos y humor para defender su gestión y desacreditar el alarmismo.

 

Un pulso que, lejos de apagarse con el cambio de año, promete intensificarse en los próximos meses, con la mirada puesta en un 2026 que se presenta políticamente intenso y cargado de desafíos.