Jesús Vázquez la lía en la final de ‘Bailando con las Estrellas’ por su favoritismo, le dan un toque y pide perdón.
Jesús Vázquez no tenía reparos en mostrar quién era su favorito en la final de ‘Bailando con las estrellas’ y el jurado le replicaba.

La gran final de la tercera edición de ‘Bailando con las estrellas’, emitida por Telecinco este sábado, se convirtió en uno de los eventos televisivos más comentados del fin de semana.
La expectación era máxima: Jorge González, Nerea Rodríguez, Nona Sobo y Anabel Pantoja llegaban al último programa tras semanas de esfuerzo, superando eliminatorias y ganándose el apoyo de público y jurado. Sin embargo, lo que nadie esperaba era que el presentador, Jesús Vázquez, se convirtiera en protagonista involuntario de la noche por una muestra de favoritismo que desató la controversia tanto en el plató como en las redes sociales.
Desde el arranque de la gala, la tensión era palpable. Los finalistas sabían que cualquier detalle podía inclinar la balanza, y el jurado, formado por figuras reconocidas como Blanca Li, Julia Gómez Cora y Pelayo Díaz, se mostraba exigente y atento a cada movimiento.
Tras los dos primeros bailes, Jorge González y Nerea Rodríguez encabezaban la clasificación, gracias a dos plenos de puntuación por parte del jurado, lo que parecía dibujar una final reñida pero equilibrada.
Fue entonces cuando Pelayo Díaz, sin ocultar sus preferencias, señaló abiertamente a Jorge González como su favorito para alzarse con la victoria.
Este gesto, lejos de pasar desapercibido, animó a Jesús Vázquez a sumarse y expresar su apoyo personal al cantante.
“Me voy a mojar por lo de que no hay dos sin tres. Llevo 20 años siguiendo la carrera de este chaval y a mí también me encantaría que ganara Jorge aunque todos bailan muy bien”, afirmó el presentador, generando un inmediato revuelo en el plató.
La sinceridad de Vázquez, aunque comprensible desde lo emocional, chocó de frente con el espíritu de imparcialidad que se espera en una final de este calibre.
Lejos de quedarse ahí, Jesús Vázquez insistió en la valía de Jorge González, argumentando que “el corazón es el corazón, y manda”, y que aunque las demás finalistas eran “tres Diosas y se lo merecen también”, su vínculo personal con el cantante le llevaba a posicionarse.
Esta confesión, que en otro contexto podría haber sido percibida como una muestra de humanidad, fue recibida con incomodidad por parte del jurado. Julia Gómez Cora fue la primera en corregirle: “Queda aún un baile de cada uno, por eso yo no voy a decir todavía quién va a ser favorito. También el público en sus casas vota”, recordando la importancia de mantener la neutralidad hasta el último momento.
Blanca Li, presidenta del jurado y referente internacional en el mundo de la danza, reforzó la idea: “Quería decirte que no es el momento todavía de decir quién va a ganar porque quedan cuatro bailes y estamos muy pendientes del público y todo puede cambiar.
El público todavía está descubriendo y disfrutando. Entonces, vamos a dejarles que sigan hasta el final”.
La intervención de Li, firme pero respetuosa, subrayó la responsabilidad de los presentadores de no influir en la percepción de la audiencia ni en el proceso de votación.
Jesús Vázquez, lejos de retractarse de inmediato, se reafirmó en su postura, justificando su gesto como una cuestión personal: “Yo me he arriesgado porque es una cuestión personal con él porque le conozco personalmente y le tengo mucho cariño desde hace 20 años.
Entonces, lo siento pero me tenía que mojar”. Sin embargo, la presión en directo y el ambiente de tensión llevaron al presentador a reflexionar y, finalmente, pedir disculpas públicamente.
“Por una vez en la vida, yo que soy muy comedido, me he dejado llevar por el corazón. Lo siento, pero no lo he podido evitar”, admitió ante la audiencia, reconociendo que quizá no había sido el momento adecuado para expresar sus preferencias.
El episodio alcanzó su punto álgido tras el baile de Nona Sobo. Jesús Vázquez, consciente del impacto de sus palabras y de la polémica generada, se dirigió directamente al público para subrayar la importancia de la votación popular: “Que vote todo el mundo, insisto, que mi opinión personal no afecte a nadie.
Que voten por el que quieran”, concluyó, intentando restaurar la confianza en el proceso y en la imparcialidad del programa.
La reacción en redes sociales no se hizo esperar. X (antes Twitter) se llenó de mensajes analizando el comportamiento de Jesús Vázquez y debatiendo sobre los límites de la subjetividad en televisión.
Mientras algunos espectadores defendieron la sinceridad del presentador, otros criticaron duramente su falta de neutralidad, señalando el riesgo de influir en el voto del público y de eclipsar el mérito de los demás concursantes.
“No es el momento de mojarse, hay que respetar a todos los finalistas”, “El presentador debe ser imparcial, no puede condicionar a la audiencia”, “Jesús Vázquez debería pedir disculpas por su favoritismo”, fueron algunos de los comentarios más repetidos.
En el fondo, la polémica pone sobre la mesa un debate recurrente en los formatos de talent show y concursos televisivos: ¿hasta qué punto los presentadores y jurados pueden expresar sus preferencias sin desvirtuar la competición? ¿Debe primar la objetividad y el rigor, o hay espacio para la emoción y la cercanía personal? La respuesta no es sencilla y depende, en gran medida, de la madurez del formato y de la confianza que el público tenga en la transparencia del proceso.
La final de ‘Bailando con las estrellas’ ha sido, en este sentido, un espejo de las pasiones y contradicciones que atraviesan la televisión actual. La figura de Jesús Vázquez, uno de los presentadores más respetados y queridos de España, ha quedado en el centro de la tormenta, mostrando que incluso los profesionales más experimentados pueden dejarse llevar por la emoción en un momento clave.
Su disculpa pública, lejos de cerrar el debate, ha servido para abrir una reflexión colectiva sobre la responsabilidad de quienes tienen el poder de influir en millones de espectadores.
Jorge González, Nerea Rodríguez, Nona Sobo y Anabel Pantoja han demostrado, una vez más, que el talento y el esfuerzo son la base de cualquier éxito en televisión.
Pero el episodio vivido en la final ha recordado que la imparcialidad y el respeto por todos los participantes son valores irrenunciables para mantener la credibilidad del formato.
El público, cada vez más exigente y crítico, reclama procesos transparentes y decisiones justas, y la televisión debe estar a la altura de esas expectativas.
En definitiva, la final de ‘Bailando con las estrellas’ será recordada no solo por el talento de sus concursantes, sino por un momento de sinceridad y polémica que ha puesto a prueba la ética profesional y la capacidad de autocrítica de sus protagonistas.
Jesús Vázquez ha pedido perdón, el jurado ha defendido la neutralidad y el público ha tenido la última palabra.
El debate sobre el favoritismo en televisión sigue abierto, y la próxima edición del programa tendrá el reto de aprender de lo vivido para ofrecer un espectáculo aún más emocionante y, sobre todo, más justo.
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