Esperanza Aguirre propone una moción de censura a Sánchez… y Aroca da en el clavo con quién podría liderarla.
En los últimos meses, el PP se ha planteado en más de una ocasión la posibilidad de una moción de censura contra Sánchez.

Javier Aroca en ‘Malas Lenguas’.
En los pasillos del Congreso se habla en voz baja, pero con insistencia. En las tertulias políticas se deslizan nombres propios con media sonrisa. Y en Génova, sede nacional del Partido Popular, la palabra “moción” vuelve una y otra vez como un eco que no termina de apagarse. ¿Habrá una moción de censura contra Pedro Sánchez? ¿Es una amenaza real o solo una herramienta de presión política? Y, sobre todo, si llegara a presentarse… ¿quién se atrevería a encabezarla?
La pregunta no es menor. Porque lo que está en juego no es únicamente una maniobra parlamentaria, sino el pulso estratégico de la derecha española en uno de los momentos más fragmentados de la democracia reciente.
En los últimos meses, el Partido Popular ha dejado caer en varias ocasiones la posibilidad de impulsar una moción de censura. No ha sido una declaración formal ni una convocatoria solemne. Más bien, insinuaciones calculadas, globos sonda y declaraciones públicas que miden la temperatura del ambiente político. Sin embargo, pese al ruido, desde Génova no se ha dado el paso definitivo. Y no por falta de voluntad de algunos de sus dirigentes.
Entre las voces que han agitado el debate destaca la de Esperanza Aguirre. Fiel a su estilo directo y sin rodeos, la expresidenta madrileña defendió públicamente la necesidad de activar ese mecanismo constitucional. Lo hizo en una intervención en el programa Cafè d’idees, de La 2, donde lanzó una idea que sacudió el tablero político: presentar una moción de censura con un candidato que no fuera Alberto Núñez Feijóo.
Su planteamiento fue claro: la moción está para censurar al Gobierno y podría proponerse un candidato “aceptable” cuyo único programa fuese convocar elecciones. Cuanto antes salga Pedro Sánchez de La Moncloa, sostuvo, mejor para España.
La propuesta no era solo táctica. Era, en realidad, el reconocimiento implícito de una dificultad evidente: el PP no cuenta hoy con los apoyos parlamentarios suficientes para sacar adelante una moción encabezada por su propio líder. La aritmética del Congreso es tozuda. La suma de bloques no favorece a la oposición, y cualquier intento sin garantías podría convertirse en un fracaso político de alto coste.
En ese contexto, la idea de un “candidato independiente” o de consenso comenzó a sobrevolar tertulias y análisis. No sería la primera vez que se recurre a esta fórmula. De hecho, la memoria reciente ofrece un precedente: la moción de censura presentada por Vox en 2023, que tuvo como candidato a Ramón Tamames. Aquella iniciativa estaba condenada desde el principio por la falta de apoyos suficientes y terminó convirtiéndose más en un acto simbólico que en una alternativa real de gobierno.
Precisamente ese recuerdo fue el que evocó el analista político Javier Aroca en el programa Malas Lenguas. Aroca extrajo dos conclusiones de las palabras de Aguirre. La primera, que el PP reconoce de facto que no tiene respaldo parlamentario para una moción tradicional. La segunda, que la solución planteada no es especialmente original: buscar “otro Tamames”.
Pero, ¿existe realmente “otro Tamames”? Aroca ironizó con un nombre que, solo pronunciarlo, genera titulares: Felipe González. La imagen de un expresidente socialista encabezando una moción de censura impulsada por el Partido Popular parece, a simple vista, improbable. Y, sin embargo, el mero hecho de que se mencione revela el nivel de tensión y creatividad política que atraviesa el momento actual.
Más allá de la anécdota, la comparación pone de relieve una cuestión clave: la dificultad de encontrar una figura con suficiente legitimidad transversal para sumar apoyos en un Congreso profundamente polarizado. En 2023, Tamames aportaba un perfil académico e histórico que permitía a Vox presentar su moción como una llamada de atención institucional. Hoy, el PP necesitaría algo más que simbolismo: necesitaría números.
Y ahí aparece la voz de otro peso pesado del partido. En diciembre, cuando en Génova volvió a plantearse internamente la posibilidad de una moción de censura, uno de los más reticentes fue José María Aznar. Su postura fue tan pragmática como contundente: si no va a prosperar, ¿para qué presentarla?
En una entrevista, Aznar utilizó una metáfora que resonó en el debate público: sería como pitar un penalti para tirarlo fuera a propósito. Es decir, asumir de antemano la derrota. Desde su perspectiva, una moción fallida no solo no debilitaría al Gobierno, sino que podría reforzarlo al exhibir la incapacidad de la oposición para articular una mayoría alternativa.
La reflexión no es menor. En el sistema parlamentario español, la moción de censura es constructiva. Eso significa que no basta con censurar al Gobierno; es necesario proponer un candidato alternativo y contar con los votos suficientes para investirlo. No es un gesto simbólico, es una operación de alto riesgo.
Aznar también respondió indirectamente a las palabras de Aguirre, que había animado a Feijóo a presentar la moción después de Navidad y apeló incluso a cuatro diputados socialistas “justos” que pudieran apoyar la iniciativa. El expresidente calificó esa idea como una expresión de buena voluntad, simpática en intención, pero irreal en la práctica. Según él, no se va a producir.
Más allá del intercambio de declaraciones, el debate interno en el Partido Popular revela una tensión estratégica profunda. Por un lado, existe la presión de parte de su electorado y de sectores del partido que exigen una oposición frontal y contundente frente al Gobierno de Pedro Sánchez. Por otro, la dirección nacional debe calcular cada movimiento con precisión milimétrica para no caer en un gesto que pueda interpretarse como precipitado o puramente teatral.
El contexto político tampoco ayuda. España atraviesa una etapa de alta fragmentación parlamentaria. Las mayorías absolutas parecen hoy un recuerdo lejano. Los acuerdos requieren equilibrios complejos y cesiones que no siempre son bien recibidas por las bases de los partidos. En este escenario, construir una mayoría alternativa sólida es un desafío mayúsculo.
Aznar apuntó a una fórmula que en el pasado dio resultado: unir todo lo que está a la derecha de la izquierda. Fue esa estrategia la que permitió al PP alcanzar mayorías en otras etapas. Sin embargo, reconoció que los panoramas actuales son mucho más fragmentados, confrontados y difíciles. La existencia de varias fuerzas en el espacio conservador y la diversidad de intereses territoriales complican cualquier intento de suma automática.
En paralelo, el Gobierno de Pedro Sánchez mantiene su estrategia de consolidar alianzas parlamentarias diversas, apoyándose en socios que van desde formaciones de izquierda hasta partidos nacionalistas e independentistas. Esa arquitectura parlamentaria, aunque compleja, ha demostrado hasta ahora capacidad de resistencia.
La pregunta de fondo es si una moción de censura, aun sin prosperar, podría tener efectos políticos indirectos: marcar agenda, movilizar a la base electoral, tensionar a los socios del Gobierno o forzar un debate público más intenso sobre la gestión actual. Algunos estrategas consideran que incluso una derrota parlamentaria puede convertirse en una victoria narrativa si se plantea en los términos adecuados.
Sin embargo, el riesgo es evidente. Una moción fallida podría reforzar la imagen de estabilidad del Ejecutivo y consolidar la idea de que no existe alternativa viable en el corto plazo. Además, podría desgastar el liderazgo de Feijóo si se percibe como incapaz de articular apoyos suficientes.
El pasado mes de diciembre, en el seno de Génova volvió a plantearse la posibilidad de una moción de censura. Entre los populares que se mostraron más reticentes, el ex presidente José María Aznar, quien mostró su negativa ante la idea de que “no va a prosperar”: “Como no va a prosperar, ¿para qué se va a presentar?”, decía en una entrevista.
Con la certeza de que no saldría adelante, Aznar se preguntaba “qué ventajas iba a sacar de eso” -tanto el propio Feijóo como el PP- si se animase a presentarla: “Es como si me dice, vamos a pitar un penalti, pero lo vamos a tirar fuera a posta. Pero eso es que no tiene ningún sentido”, ha apostillado.
De hecho, Aznar se pronunciaba sobre unas palabras de la misma Aguirre, quien animó a Núñez Feijóo a presentar una moción de censura después de Navidad y pidió a cuatro diputados del PSOE “justos” que le apoyasen: “Es una expresión de buena voluntad”, “tiene todas mis simpatías”, aun así “no se va a producir”, afirmaba Aznar tajantemente.
El popular recordó que, en el pasado, el PP “supo unir en un momento determinado todo lo que estaba a la derecha de la izquierda” y señalaba que esa era la fórmula para volver a gobernar: “Si el PP vuelve a unir a lo que está esencialmente a la derecha de la izquierda, pues volverá a tener mayorías”, ha aseverado pese a que ahora “los panoramas son mucho más fragmentados, mucho más confrontados y difíciles”, aunque no hay nada como “analizar bien la situación de los países”, apelando a “una mayoría sólida nacional”.
“No podemos pasar de una situación de una ineptocracia corrupta, como yo defino esta situación, a un país ingobernable. España ahora no se está gobernando, pero no podemos pasar a una situación de ingobernabilidad. España necesita una mayoría sólida“.
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